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VIERNES 5 DE JULIO DEL 2002 / EDICION No. 22780 / ACTUALIZADA 02:30 am
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Los días y las feiras

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Luis Sánchez Sancho
luis.sánchez@laprensa.com.ni

Lo brasileño es muy popular en Nicaragua. Y no sólo por la hazaña de la selección brasileña de fútbol, que el domingo pasado conquistó en Japón su quinta copa mundial, sino porque desde hace tiempo la cultura de Brasil se ha venido irradiando entre los nicaragüenses por medio de sus populares telenovelas.

Además, en los hogares en los que los televisores están conectados a la televisión por cable o reciben la señal de Direct TV, se pueden ver las programaciones en castellano y en portugués, que es el idioma que hablan los brasileños.

Al respecto, una lectora me pidió escribir sobre por qué los brasileños no llaman a los días de la semana como nosotros (lunes, martes, miércoles, etc.; con sus equivalentes en otros idiomas, como en inglés: monday, tuesday, wednesday...; o en francés: lundi, mardi, mercredi, etc.), sino que les dicen feira (que significa feria, fiesta, quermese).

En realidad, los portugueses y brasileños llaman al sábado y domingo igual que nosotros, pero con respecto a los demás días dicen segunda feira en vez de lunes, tercera feira en lugar de martes, cuarta feira en vez de miércoles, quinta feira en sustitución de jueves, y al viernes le dicen sexta feira.

La razón y el origen de esto radica en que Portugal fue el único país que aceptó la recomendación que hizo en el siglo VI San Cesareo, célebre obispo de Arlés, Francia, de que los cristianos no debían designar con nombres paganos los días de la semana, es decir, lunes, por la Luna; martes, por el dios Marte; miércoles, por Mercurio; jueves, por Júpiter; y viernes, por Venus. Con el sábado y el domingo Cesareo no tenía problema, pues el sábado es un día sagrado y el domingo es el “día del Señor”, establecido en el siglo I después de Cristo por los cristianos gentiles (no judíos), como su día santo, para diferenciarse del sabbat hebreo. De modo que la propuesta de Cesareo fue que después del domingo los días fueran considerados como fiestas —feiras— del Señor. Pero sólo en Portugal se aceptó su propuesta, que fue transmitida después a Brasil por los conquistadores y colonizadores portugueses.

Cesareo de Arlés fue canonizado por su persecución implacable contra los arrianos, o sea los seguidores de Arriano, un disidente que refutó y combatió el misterio de la Santísima Trinidad (unidad y consubstancialidad de Padre, Hijo y Espíritu Santo). Según Arriano el Verbo fue sacado de la nada y por lo tanto era muy inferior al Padre.

El arrianismo fue condenado por el Concilio de Nicea, en el año 325, pero tuvo muchos seguidores en Europa, particularmente en Francia y España, y fue religión oficial de los visigodos hasta que el rey Recaredo I se convirtió al catolicismo romano en el III Concilio de Toledo, que él mismo mandó a convocar en el año 589.

La festividad de San Cesareo es el 27 de agosto, pero esto no lo registra el libro “Un santo para cada día”, que se usa en Nicaragua como una especie de guía del santoral católico. En dicho libro, el 27 de agosto se celebra a Santa Mónica, la madre de San Agustín de Hipona, que fue canonizada porque sacó del camino del mal y convirtió a su célebre hijo, quien llegó a ser el principal de los doctores de la Iglesia.  
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