El imaginismo político
León Núñez leonn@ibw.com.ni
Después de muchos esfuerzos logré reunir a los ex analistas políticos de Acoyapa. La reunión se llevó a cabo en la casa solariega de uno de ellos: un aristócrata acoyapino cuyo linaje está vinculado a una familia de la más alta nobleza española de comienzos del siglo XVI.
En esa reunión traté de convencer a los ex analistas políticos de Acoyapa —todos de gran abolengo—para que prosiguieran con sus análisis políticos de fin de semana. Les informé que eran miles los nicaragüenses que deseaban seguir conociendo los análisis acoyapinos, y que en estas circunstancias, una retirada de sus actividades analíticas, según lo dijo gráficamente Guillermo Rothschuh Tablada, era como “bajarse del caballo a mitad del río”.
No pude convencerlos. Me dijeron que definitivamente habían decidido no volver a realizar análisis políticos y mucho menos aquellos análisis que suelen servir de base para predecir el futuro; que el futuro mejor se lo van a imaginar, así, a secas, sin andar exponiendo ninguna clase de razones, y que si yo quería me podían decir todos los sábados lo que ellos se habían imaginado durante la semana, pero sin dar argumentos ni hacer análisis de ninguna clase.
Me continuaron expresando que ya están cansados de la pavorosa inflación de análisis que padece este país; que pareciera que aquí todavía no hemos pensado en dar el paso del “homo sapiens” al “homo faber”, y que lo que viven recibiendo las masas hambrientas de Nicaragua son abundantísimas raciones de análisis con los que se pretende explicar su desgracia.
Les manifesté a mis paisanos que me explicaran concretamente lo que ellos llaman “imaginación a secas”. Seguramente que en aras de mi mejor comprensión me pusieron un ejemplo: el tema de la sucesión de Su Eminencia el Cardenal Obando y Bravo en el Arzobispado de Managua.
Me dijeron que unos analistas de Managua, expertos en vaticanología, les expusieron durante dos horas de “habladera” las razones con las cuales pretendieron demostrar que a Su Eminencia, estando vivo el Papa, no se le iba a aceptar la renuncia, mientras que otros analistas capitalinos, también vaticanólogos, durante tres horas de “habladera”, expresaron una gran cantidad de razones que les permitieron pronosticar que el Papa, antes de que finalizara este año, le iba a aceptar la renuncia a Su Eminencia el Cardenal Obando y Bravo.
En cambio, los ex analistas de Acoyapa, sin hacer análisis, sin habladera, me comunicaron que sobre este tema lo que ellos se imaginaban “secamente” es que a principios del próximo año Su Eminencia “va de viaje”; que los Obispos Mata y Vivas están descartados porque el próximo Arzobispo de Managua será Monseñor Bernard Hombach, Obispo de Chontales; que también se imaginan que el candidato de don Arnoldo es Monseñor Bosco Vivas, y que en su defecto, al ex ahijado de don Jaime Morales le gustaría que el nuevo Arzobispo de Managua fuera o Monseñor Eddy Montenegro o el Padre Amado Peña, y terminaron imaginándose que con Hombach en Managua don Roberto Rivas dejaría de recibir a través de Coprosa las exoneraciones aduaneras que le han ayudado con olor a santidad a dedicar parte de su tiempo al cultivo del espíritu y a la práctica de la virtud.
Dicen mis coterráneos que la ventaja que tiene la “imaginación” sobre el “análisis” es que en éste las equivocaciones son graves —abundan los analistas que no dan pie con bola— mientras que la imaginación cuando es acertada responde a la realidad y cuando no lo es responde a la ficción, con la ventaja que nos ofrece la literatura de poder hacer que la ficción forme parte de la realidad y de que la realidad se nos aparezca a veces como si fuera una ficción.
Yo exterioricé mi opinión de que no había duda que en Acoyapa se acababa de producir una dramática transformación mental, al convertirse los analistas políticos en “imaginistas” políticos. Todos estuvieron de acuerdo en que los imaginistas no debían ser confundidos ni con los “imagineros”, ni con los “imaginadores”, ni con los “imaginativos” ni con los “imaginantes”. El imaginista es otra cosa. Es una especie de mago que, por ejemplo, puede sacar de su sombrero un conejo, pero también puede sacar una ficción o una certera imaginación.
Antes de que terminara la reunión los imaginistas políticos de Acoyapa sorpresivamente se sacaron de la “manga de la camisa” algo que el día anterior, según ellos, se habían imaginado: que Wilfredo Navarro ya no estaba dispuesto a dar la vida por Alemán, y que pronto estaría dispuesto a darla por don Enrique. Me manifestaron que sería un buen tema para un artículo periodístico. Les dije que sí, siempre y cuando me explicaran las razones con que fundamentaban su imaginación. Pero no quisieron.
Entonces no acepté el ofrecimiento que me habían hecho de que yo fuera su portavoz; de que ellos me iban a decir todos los sábados lo que se habían imaginado políticamente durante la semana, para que yo lo informara a mis lectores, en el entendido de que las razones en que basaban su imaginación me las tendría que imaginar yo. En el fondo lo que ellos querían era que el analista político de Acoyapa fuera yo, sin darse cuenta que para lo que menos sirvo es para vivir haciendo análisis políticos.
El autor es abogado, escritor y miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA. 
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