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JUEVES 4 DE JULIO DEL 2002 / EDICION No. 22779 / ACTUALIZADA 02:30 am
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Cartas peligrosas de don Enrique y Alemán

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Cristiana Chamorro Barrios
cristiana@laprensa.com.ni

No se necesita ser pitonisa, ni saber jugar al Tarot para leer las cartas peligrosas que el presidente Bolaños y el ex presidente Alemán barajan separadamente en la bolsa izquierda de sus pantalones. Las de don Enrique fueron ambiguas a Telemundo cuando se refirió al futuro de Alemán. Por su parte el presidente de la Asamblea Nacional las baraja en un discurso desesperado en cuanto a las capacidades y límites del Presidente de la República.

Es positivo que don Enrique haya admitido en público que: “Alemán puede ser procesado, si se encuentran pruebas”. Sin embargo, es preocupante que en esa declaración el Presidente no mencione que una jueza ordenó la desaforación del Presidente de la Asamblea por tener pruebas suficientes para llevarlo a los tribunales.

Da la impresión también que los faltantes heredados en Iniser, IDR, Banic, y el derroche con tarjetas de crédito del Banco Central y en otras entidades, para beneficio personal del ex presidente, no son pruebas suficientes para que el Presidente busque justicia en el fondo de la corrupción. Lo más grave es cuando el mandatario, por primera vez, define los límites de su lucha contra la corrupción y declara prácticamente “intocable” al diputado Alemán al decir lo siguiente: “una vez que termine su inmunidad puede ser procesado... Cuando deje de ser diputado debe ser procesado”.

De sus declaraciones deducimos que la Procuraduría no va a acusar, sólo investigar al ex presidente Alemán por fraude, enriquecimiento ilícito, peculado, tráfico de influencias, malversación de caudales públicos y abuso de poder entre otras cosas.

Don Enrique, al revelar el contenido de esta carta mayor revalida las denuncias del ex procurador Alberto Novoa, quien conoció las interioridades del gobierno en su lucha contra la corrupción.

A juicio de Novoa no hay estrategia gubernamental para llegar al fondo, sólo un gran impulso de jugar sin reglas claras. Dice también que es un gobierno de emoción e improvisaciones, que se monta en circunstancias e iniciativas personales como las de la jueza Arias y las propias de Novoa. En síntesis, el presidente no tiene una dirección de hasta dónde quiere llegar, sino lo que le va saliendo en el camino.

Lo peligroso del caso es que el presidente Bolaños siga creando falsas expectativas con una política de agitación y propaganda en contra de la corrupción. Primero filtra dosificadamente sus hallazgos de robo al Estado, para mantener la emoción y el entusiasmo en la gente y después dice que nadie lo detiene cuando ya dijo hasta donde va a llegar.

La ambigüedad de su discurso y su debilidad confesa no sólo desgasta el gobierno y revierte la confianza mayoritaria del pueblo depositada en don Enrique, sino provoca que Alemán agite su carta peligrosa de “la incapacidad” del Presidente seguido por sectores sandinistas necesitados de capitalizar la crisis.

“Bolaños no quiere arrancar y le damos un plazo”, viene diciendo Alemán desde hace varias semanas. Y, “Ni me voy, ni me van”, agrega el caudillo desafiante que sabe tiene poder en la Asamblea, en la Corte Suprema, la Contraloría, el Consejo Electoral y la Iglesia para arrinconar al Ejecutivo en sus iniciativas.

En respuesta, los asesores de don Enrique dicen en privado que el Presidente no puede hacer nada e insinúan como salvación del gobierno un golpe de suerte de parte de Estados Unidos, de la sociedad civil o de los medios que venga a romper los autolímites del mandatario y le resuelvan su crisis.

La carta de Alemán es peligrosa por cuanto desestabiliza el país y mantiene el ambiente de caos que caracteriza su presencia, pero es un chantaje coyuntural y en la práctica no puede articular un golpe de esa naturaleza quien no tiene autoridad moral, ni política para lograr consenso nacional e internacional. El problema de don Enrique es que su carta mantiene paralizado al gobierno y al país entero.

Es un juego solitario que tiene aislado al Ejecutivo y desarticulado para dar respuestas a las crecientes demandas sociales y económicas. No responde al trato hecho con un pueblo que se ha movilizado en contra de la corrupción. No da señales de que tiene la fuerza para sacar a Nicaragua del empantanamiento político, económico y social en que se encuentra. El Presidente tiene que decidirse a cumplirle a Nicaragua.

El viejito Presidente don Fernando Guzmán hizo lo propio en sus tiempos. Primero, se le volteó a Máximo Jerez, el caudillo que lo llevó a la Presidencia y después se deshizo de los dos caudillos de entonces, de Jerez y Tomás Martínez. Don Fernando bajó del balcón presidencial, se remangó las mangas y se puso al frente del Ejército, la institución de siglos pasados que necesitaba para derrocar el caudillismo y convertirse en el mejor Presidente de los 30 años.

Nuestro Presidente tiene consigo los nuevos ejércitos de las democracias: la sociedad civil, los medios de comunicación, la comunidad internacional, los empresarios y un equipo de prestigio para ponerse al frente y presentar las pruebas del saqueo que él mismo ha denunciado. Con esa información y todo el poder de su legitimidad debería acusar y pedir la desaforación del “intocable” y si es necesario recurrir a un plebiscito para que la Ley se cumpla y don Enrique gobierne.  
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