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JUEVES 4 DE JULIO DEL 2002 / EDICION No. 22779 / ACTUALIZADA 02:30 am
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Un político irresponsable e insensato

Un país no puede funcionar bien ni progresar cuando tiene gente irresponsable en posiciones de mando importantes. La presidencia de la Asamblea Nacional es una de esas posiciones, y el doctor Arnoldo Alemán no ha dado muestras de manejar con responsabilidad ese cargo para el que se hizo nombrar.

Eso es lo que se deduce de la aseveración que Alemán hizo el lunes pasado, de que aquí podría darse un congelamiento de los depósitos bancarios similar al de la Argentina, donde el gobierno del ex presidente de la Rúa creó el llamado “corralito financiero”, que es una arbitraria disposición para impedir que la gente pueda retirar su dinero de los bancos en los montos y tiempos deseados.

Las declaraciones de Alemán son como las de aquella persona irresponsable que por divertirse grita ¡fuego! en una sala de cine repleta de gente. Ante un anuncio falso como ese, las gentes se levantan de sus asientos y se lastiman unos a otros cuando desesperadamente buscan la salida.

Pero Alemán no hace anuncios falsos por divertirse. Busca crear un pánico financiero para desestabilizar económica y socialmente al país, y así derrotar a su contrincante Bolaños. Y en el afán de lograrlo no le importa causarle un enorme perjuicio a toda la nación.

Como hemos señalado en otras ocasiones, el sistema financiero está basado en la confianza de los depositantes. Cuando esa confianza se debilita, el sistema peligra y puede colapsar. Arnoldo Alemán ha echado a rodar esos rumores infundados para alentar la desconfianza de los depositantes e impulsarlos a acudir masivamente a los bancos, a retirar sus depósitos, pues no hay un solo banco en el mundo, por sólida que sea su posición financiera, que pueda hacerle frente a una retirada masiva de depósitos.

¿Hasta cuándo Nicaragua tendrá que seguir sufriendo los desmanes de políticos irresponsables como Arnoldo Alemán y Daniel Ortega? La irresponsabilidad de este último creó un pánico financiero el 20 de noviembre del 2000, cuando anunció que la situación del todavía existente Banco Nicaragüense era explosiva, y que si él tuviera dinero en ese banco lo retiraría. Ese mismo día la gente retiró 4.8 millones de dólares más 10 millones de córdobas, acelerando así la quiebra de esa entidad financiera.

Sin duda que los organismos financieros internacionales, así como los representantes de los países que generosamente le ayudan a Nicaragua, habrán tomado nota de la irresponsabilidad del señor Alemán, quien se ampara en la inmunidad parlamentaria para hacer declaraciones que ponen en grave peligro la situación financiera del país y agravan la crisis económica que afecta a toda la sociedad. Es de suponer que esas personas habrán visto con disgusto cómo un solo individuo está tratando de echar por la borda toda la ayuda que a través de los años nos han brindado.

La situación económica de Nicaragua —que es una herencia del gobierno anterior— es muy difícil. Eso no es una novedad; pero independientemente de lo difícil que sea, puede ser manejable, sólo que lo será mientras se mantenga la gobernabilidad y ésta no se vea afectada por crisis fabricadas de manera artificiosa y perversa. El gobierno, como se sabe, está preparándose para firmar un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, que originalmente estaba programado para concretarse en el mes de agosto. Sin embargo, con el retraso que ha habido en la aprobación de la reforma tributaria en la Asamblea Nacional —controlada por Alemán y Ortega— es posible que el acuerdo con el FMI se firme hasta en octubre, retrasándose así el ingreso de recursos financieros provenientes de esa institución y de otras que no están dispuestas a soltar su dinero mientras no se firme ese acuerdo.

Alemán debería actuar con un mínimo de sensatez, entender los mensajes que le está enviando la comunidad internacional —como por ejemplo, la retirada de las visas estadounidenses a algunas personas muy cercanas a él— y retirarse del cargo que ocupa indebida e irresponsablemente en la Asamblea Nacional. Y sus hasta ahora fieles correligionarios parlamentarios, en vez de empecinarse en mantenerlo y seguir cavando la fosa de su propio hundimiento, deberían obligarlo a que renuncie y poner en su lugar a alguien sensato y responsable.  
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