Abuso en la educación
Conrado Godoy
Una nueva jornada educativa comenzó recientemente y los estudiantes, un tanto amodorrados por la inactividad de las vacaciones, muy pronto desplegarán esa enorme energía y entusiasmo natural en la juventud, que les hace percibir el futuro con optimismo y la esperanza de ver convertidos en realidad sus acariciados sueños de forjarse ética y profesionalmente, para enfrentar razonablemente preparados la cada vez más azarosa lucha por la vida.
Es lamentable que toda esta vitalidad y entusiasmo juvenil se vea empañado por una deplorable situación financiera, que convierte el inicio del año académico en un verdadero calvario para los padres de familia, que ya no saben qué hacer para sufragar los costos de matrícula, libros, uniformes, transporte etc., gastos que este año se han incrementado de manera alarmante, mientras los ingresos familiares permanecen inalterables y no hay posibilidades de obtener recursos adicionales que permitan solventar este problema ingrato y recurrente.
Particular atención merece lo que está ocurriendo en la mayoría de los colegios privados, que han convertido la educación en un lucrativo negocio y donde se cobran tarifas astronómicas que obligan a las familias a hacer verdaderos milagros para costearlas. Peor aún, la desmedida codicia de estos “educadores”, reprime injustificadamente las ansias de superación de miles de jóvenes que por falta de recursos se ven obligados a abandonar estos centros, literalmente inalcanzables para sus posibilidades. Tenemos pleno conocimiento de uno de estos colegios, cuyo nombre por ahora no mencionaremos, en el que a niños de kinder, además de los abultados costos de matrícula que suman más de cien dólares, les exigen textos algunos de los cuales cuestan entre treinta y cuarenta dólares. ¡Qué tal! Esto sólo puede calificarse de abuso censurable, especialmente si recordamos que los libros están exentos de gravámenes.
Como periodista y como ciudadanosme siento obligado de revelar estas arbitrariedades y a la vez, hacer un llamado a las autoridades para que pongan mayor atención a lo que está ocurriendo en algunos centros educativos privados. No estoy en contra de la educación privada, ni me opongo a que colegios y universidades se establezcan como negocios rentables con márgenes de utilidades razonablemente beneficiosos. Lo que no es aceptable es la extorsión, el abuso y la injusticia, sobre todo teniendo en cuenta que la Constitución garantiza la gratuidad de la educación en Nicaragua.
El autor es periodista. 
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