La educación nos compete a todos los nicaragüenses
Emilio Porta Pallais emilioporta@yahoo.com.mx
Con grata alegría observamos cómo se está reactivando el postergado debate sobre la asignación y administración de los recursos que el Estado le trasfiere a ciertas universidades de Nicaragua. A través de este espacio nosotros hemos tratado de contribuir al debate manteniendo el tema sobre el tapete y aportando algunas ideas que fortalezcan la discusión. Sin embargo, consideramos que el esfuerzo se puede malograr si centramos la atención solamente en el sistema de transferencia.
En las últimas décadas, la Educación Superior en el mundo ha dejado de ser una actividad de élites y ha pasado a ser una actividad masiva, a la que los Estados destinan parte significativa de sus recursos. Según cifras de la UNESCO (1998), la matrícula a nivel mundial se triplicó en un período de 25 años, pasando de 28 millones en 1970 a 82 millones a finales de 1995. Este fuerte crecimiento se acentuó en las regiones menos desarrolladas del planeta (5.8%), mientras las regiones más desarrolladas crecieron a una menor tasa (2.8%).
En Nicaragua en un período de 9 años, comprendido entre 1985 y 1994, la matrícula de las universidades pertenecientes al Consejo Nacional de Universidades (CNU) experimentó un incremento del 146%, pasando de 28,163 alumnos matriculados en 1985 a 41,191 en 1994.
Los escasos recursos y las crecientes demandas por educación, en todos los niveles, llevan a reducir en términos relativos las asignaciones presupuestarias que los gobiernos destinan a la educación superior, en comparación con la educación escolar, probablemente porque es en la educación básica en donde concentran las mayores externalidades. Esta realidad ha llevado a los diferentes Estados del mundo a reevaluar el financiamiento otorgado a la educación superior y a buscar fuentes de recuperación de costos y nuevos tipos de subsidios.
Adicional a la escasa cobertura, en Nicaragua solamente un 4% de la población cuenta con estudios universitarios, la poca participación de los pobres en la matrícula justifica emprender reformas que promuevan la participación de los sectores marginados. Después de analizar los datos de la Encuesta Nacional de Hogares Sobre Medición de Nivel de Vida de 1998 (EMNV 98) es posible afirmar que más del 60% de los estudiantes universitarios se encuentran en los dos deciles superiores de consumo. Tan sólo un 11.3% del total de la matrícula se encuentra en los 5 deciles inferiores.
Conscientes de esta realidad, la comunidad educativa reconoció en el Plan Nacional de Educación 2001-2015 la necesidad de establecer mecanismos de recuperación de costos en la educación superior. Sin embargo, este punto no está siendo abordado por los legisladores que ahora están promoviendo el debate. Si bien es cierto, se deben establecer cambios sustanciales en los mecanismos de asignación y distribución de recursos, que busquen la equidad y eficiencia, no se debe dejar por un lado la discusión sobre los mecanismos de recuperación de costos, que son tan necesarios para ampliar la cobertura y garantizar la autosostenibilidad del sistema.
Los actores del debate deben tomar conciencia que la educación es el motor del desarrollo de los pueblos y que en este sentido, este es un tema que nos compete a todos. Así como pretenden consignar el sentir de los rectores y estudiantes, no pueden poner oídos sordos al clamor de esos miles de jóvenes que no tienen acceso al sistema educativo y que esperan del Estado acciones que faciliten su incorporación.
La Constitución no debe ser utilizada como la excusa que nos impida debatir el tema a fondo, de forma seria y responsable. Una injusticia consagrada en nuestra carta magna no debe ser una injusticia eterna. Si en ocasiones anteriores nuestros legisladores han modificado la Constitución para buscar reacomodos políticos, hoy no pueden escudarse en ella para evadir tan trascendental debate.
El 6% es un tema sensible para nuestra sociedad, con preocupación llamamos a aquellos que desde ya amenazan con poner en riesgo la gobernabilidad de la nación ha entrar a debatir las diferentes iniciativas sin aferrarse a paradigmas e ideas preconcebidas. Los nicaragüenses debemos de reflexionar sobre nuestro sistema educativo estando conscientes de nuestra realidad económica y social, y comprender lo que magistralmente Martín Luther King jr. acuñó en esta frase “O vivimos todos juntos como hermanos o perecemos todos como idiotas”.
El autor es Master en Gestión y Políticas Públicas. 
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