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LUNES 25 DE FEBRERO DEL 2002 / EDICION No. 22653 / ACTUALIZADA 1:30 am
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Jorge Salaverry*

La semana pasada, el historiador mexicano, Enrique Krauze, hizo una valoración del primer año de gobierno de Vicente Fox. Krauze es de la opinión que a Fox le han faltado agallas para liderar los cambios que urgentemente requiere la arcaica estructura del Estado mexicano, y lo instó a que, en vez de estar usando el tiempo para proteger su popularidad, se dedique con más energía a impulsar esos cambios. A pesar de sus fuertes críticas, el renombrado intelectual mexicano dijo: “Pero, bueno; estamos en el primer año, quedan cinco”.

Así andan las cosas por México. ¿Y en Nicaragua? ¿Cómo se está comportando nuestro presidente? ¿Está utilizando el tiempo como se debe? Yo creo que sí; otros creen que no. Es normal. Pero, ¿qué es lo que tiene que hacer este gobierno? Esa pregunta, sin duda, tiene tantas respuestas posibles como número de personas a quienes se le formule, y como no estoy en capacidad de saber lo que piensa cada una de ellas, me contentaré con expresar mi opinión.

Creo que el presidente Bolaños debe concentrarse en dos objetivos igualmente importantes: a) En lograr que los nicaragüenses lleguemos a tener confianza en las instituciones del Estado, y, b) En eliminar todas las barreras burocráticas y legales que entorpezcan la iniciativa y la creatividad de los ciudadanos. Y por favor fíjese bien, apreciado lector, que no hablo de “recuperar” la confianza en las instituciones del Estado, ya que no podemos recuperar lo que jamás hemos tenido. Nunca hemos confiado en ellas, especialmente en las que conforman el sistema judicial.

En otras palabras, este gobierno tiene por delante la monumental tarea de lograr lo que ningún gobierno anterior ha logrado jamás: que haya justicia en Nicaragua. Y me refiero a justicia en un sentido amplio, que implica no sólo que los tribunales encargados de impartirla funcionen adecuadamente, sino también que todas las demás instituciones estatales cumplan a cabalidad con las funciones que les corresponden. Estoy convencido de que el presidente Enrique Bolaños tiene la voluntad política para encaminar a Nicaragua por ese sendero, y me parece que en el escaso mes y pico que lleva en el poder ha dado pasos concretos en esa dirección.

El Artículo 148 de la Constitución Política de Nicaragua establece que el Presidente de la República ejerce sus funciones por un período de 5 años. Eso quiere decir que nuestra Carta Magna le concede un plazo de aproximadamente 1,825 días para hacer su trabajo. Le quedan, entonces, 1,780 días por delante, pero pareciera que para algunos el presidente Bolaños ya va demasiado atrasado en el cumplimiento de sus tareas, y pretendiendo demostrarlo, han usado el caso de Byron Jerez como ejemplo. Veamos.

El gobierno del ingeniero Bolaños tenía apenas 15 días de estar en el poder cuando Estados Unidos tomó la decisión soberana de suspenderle la visa al ex Director General de Ingresos por considerarlo sospechoso del delito de lavado de dinero. Eso le ha dado a esas personas el delicioso e irresistible gusto de acusar al gobierno de negligente. Según ellas, por lo visto, Bolaños y su gobierno son reos de una injustificable complacencia de ¡14 días!, porque en ese período no abrió una investigación en contra de Jerez. Pero pareciera también que piensan que el mayor delito está en que Estados Unidos actuó de primero. ¡Por favor!

En un artículo que escribí en enero del año pasado objeté los ataques de quienes en aquel entonces culpaban a Don Enrique por la corrupción que imperaba en el gobierno de Alemán. Querían hacer creer que como Vicepresidente tenía el poder para combatirla, pero que, por pura complacencia o complicidad no lo hacía. Pareciéndome una acusación totalmente injusta, escribí lo siguiente: “Pero si Don Enrique Bolaños llegara a ganar la Presidencia de la República, entonces sí tendríamos los nicaragüenses el derecho y el deber de pasar un juicio sobre su actuación, ya que desde esa posición él tendría el poder necesario para hacer las cosas bien… o para hacerlas mal”. Sigo creyendo en eso.

Está bien que los ciudadanos nos ocupemos de mantener al gobierno en línea, y que incluso le demos un empujoncito cuando sintamos que se esté “lenteando”, pero me parece también que a escaso mes y medio de gobierno es demasiado prematuro para pasar juicios implacables en torno a su gestión, y parafraseando a Enrique Krauze diré: “Pero, bueno; de los 5 años de gobierno, quedan 4 años, 10 meses y 14 días”.

* El autor es miembro del Consejo Editorial de La Prensa y catedrático de la Universidad Thomas More.
jorgesal@cablenet.com.ni  
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