Especial
Extranjeros narran violencia policial
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 | “¡Vaya! Ahora resulta que los europeos somos los salvajes”, dijo un turista señalado por la Policía de ser causante de disturbios |
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Con su hijo de ocho meses, esta señora observa con tristeza los restos de lo que fue su casa. |
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José Adán Silva jadan.silva@laprensa.com.ni
Cinco turistas extranjeros que paseaban por la Isla de Ometepe, nunca pensaron que la aventura por estas bellas tierras llegaría a estar adornada de balas y sangre.
Iñigo Martínez, del País Vasco; Jens Tornack, Jan Illgen, y Mary, de Alemania; y Paul Mertz, de Estados Unidos, se encontraban en Mérida cuando ocurrió el incidente.
Ellos narran que cuando vieron el lujo de violencia con que las casas de los campesinos eran desbaratadas y sus habitantes reprimidos por la Policía Nacional, intentaron mediar para evitar mayores estragos.
“Eran unos abusos de puta madre. La pobre gente estaba en sus casas y los llegaban a sacar para destruirles sus ranchos. Algunas mujeres que se sentaron en el piso en señal de protesta, fueron sacadas de sus casas a empellones y bajo amenazas de fusiles”, cuenta Martínez, quien califica como “bestial” el comportamiento policial.
UNA BALA LE PERFORÓ LA CAMISA
“Nunca he visto que una protesta social se disuelva con armas de guerra. Se usan gases, balas de goma, cachiporras... pero no balas. Yo vi pasar a centímetros de mi cabeza los balazos. Disparaban a mansalva”, cuenta.
A uno de sus amigos alemanes una bala le atravesó las ropas (que por suerte usa holgadas) y le rozó las carnes a la altura del abdomen. A otro, el de origen norteamericano, la Policía Nacional lo detuvo y se lo llevó detenido a Altagracia. En el forcejeo salió con la boca reventada.
A los otros los siguieron, pero no los alcanzaron. El subcomisionado Fidel Domínguez, jefe de la Dirección de Investigaciones Criminales de Rivas, quien dirigió las acciones, dijo que los extranjeros estaban lanzando piedras contra los agentes del orden, además de obstruir el paso de la Policía Nacional con piedras y troncos. Ahora pedirá a las autoridades migratorias que intervengan contra estas personas. “Aquí y en cualquier parte del mundo es prohibido que los extranjeros ataquen a los agentes del orden”, justificó Domínguez.
TURISTAS ALEGAN DEFENSA PROPIA
Sin embargo, los turistas alegan defensa propia. “Estaban disparando a todo lo que se movía, ¿cómo nos pueden acusar si ellos tenían las armas? ¡Vaya! Ahora resulta que los europeos somos los salvajes”, comentó uno de los turistas.
Acostumbrados a otro orden social, dicen que no podrán olvidar fácilmente cómo la Policía disparaba sus armas contra gente indefensa, mientras expresan temor de que algo les ocurra por las advertencias policiales.
¿Querrán venir otra vez al país?
Quién sabe, pero si pudiéramos volver a ayudar a la gente, lo haríamos. 
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