A Jodie Foster no le importa el dinero
PRENSA LATINA
NUEVA YORK.- La actriz norteamericana Jodie Foster (“El silencio de los corderos”, “Nell”, “Contac”) se precia de elegir sus papeles con el mismo cuidado que un cirujano selecciona el delicado instrumental con el que se dispone a hacer una operación riesgosa.
“No quiero ser Tom Cruise —sentencia— aspiro a trabajar para siempre pero los salarios millonarios no me deslumbran. Si me hubieran interesado, hace tiempo sería una artista acaudalada pero creo que mi carrera no hubiera perdurado”.
Talentosa y con una sensibilidad filtrada por un raciocinio de hielo, Foster está consciente de que el actor tiene, como quizás nadie, la posibilidad de elegir: “es un privilegio” y hay que saber cuidarlo, dice.
Ésa fue la razón que la llevó a rechazar su vuelta al celuloide como Clarice Starling, la agente del FBI cuya caracterización la cubrió de gloria en “El silencio de los corderos”, pero que en “Hannibal”, a su juicio, degenera como ser humano y pierde la honestidad y la limpieza con que fue concebida.
Siendo apenas una niña (3 años) se convirtió, sin saberlo, en una estrella, en virtud de un anuncio del bronceador Coppertone, que devino un clásico.
A los 13 debutó en grande en el cine, de la mano del realizador Martin Scorsese, como la niña-prostituta de “Taxi Driver”, un papel que inscribió para siempre su nombre en la historia del cinematógrafo.
Tal vez porque su madre le inculcó que no se es nada sin un intelecto cultivado, Foster estudió hasta graduarse con honores en la especialidad de Literatura, en la universidad de Yale, en 1985. Y domina la lengua francesa como la suya propia. 
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