Niños de la calle encuentran una mano amiga
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 | Quienes han sido abandonados, maltratados, tildados de pandilleros, ladrones, perseguidos por las autoridades y despreciados por la sociedad, encontraron la mano amiga de sor Erlinda Cuadra, quien no descansa —día y noche— para asegurarles el desayuno a los que trabajan, y cena a los que no tienen adónde ir |
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Sor Erlinda Cuadra rodeada de niños que son beneficiados por el programa que desarrolla el Centro de Rahabilitación “Sor María Romero”. |
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Martha Marina González Y Adolfo Olivas Olivas CORRESPONSALES/ESTELÍ departamentos@laprensa.com.ni
La primera piedra en el lugar donde será construido el Centro de Rehabilitación de Menores “Sor María Romero” fue colocada el fin de semana por la religiosa sor Erlinda Cuadra, de la Congregación María Auxiliadora (salesianas).
Desde hace dos años, sor Erlinda, apoyada por la Asociación de Señoras Amigas de la que será la Primera Santa nicaragüense, fundó el Centro de Rehabilitación de Menores “Sor María Romero”, y desde entonces alquilan un local, donde hoy albergan a menores que deambulan por las calles o trabajan para ganarse el sustento.
“Después de mucho tocar puertas, la señora Melanie Torres de Plascencia donó el terreno ubicado al noroeste de la ciudad para la construcción del centro, apenas se está colocando la primera piedra, falta mucho para tener un centro, pero con la ayuda de Dios y de la gente lo que hoy es un sueño se convertirá en realidad. Yo soy incapaz sin la ayuda de los demás”, manifestó sor Erlinda.
UN CENTRO INTEGRAL
Ella confía desarrollar en ese terreno algo grande, “pensamos construir una capilla para que los niños y adolescentes reflexionen. Vamos a construir talleres de zapatería, sastrería, costura, repostería, salón de belleza y un centro de alfabetización”, anunció.
La iniciativa surgió a raíz de que la religiosa diera a conocer en Las Segovias la vida y obra de Sor María Romero, “pero no podíamos quedarnos sólo con el conocimiento. Teníamos que pasar a la acción porque las necesidades son muchas, y decidimos atender a esos niños, llamados ‘de la calle’. Alguien tiene que hacer algo por ellos”, expresó.
LA MONJITA TRAS LOS DESCARRIADOS
Sor Erlinda, una monja de avanzada edad, que viste el hábito blanco de su orden, se trasladó al Barrio “Omar Torrijos”, y dijo que a los primeros que contactó fue a los cabecillas de las pandillas, pero después decidimos poner un límite y establecimos que trabajaríamos con los niños y adolescentes de 11 a 18 años.
Desde entonces, aquellos que caminaban con sus cajitas de lustrar zapatos, o los que cargaban las panas llenas de tortillas o elotes para vender, tienen un hogar y una mesa donde sentarse a desayunar. Mientras los llamados “vagos”, un total de 62, todos los días tienen asegurada la cena.
Según la religiosa, comenzaron con pocos y ahora reciben a menores de siete barrios: El Rosario, “Oscar Gámez”, “Omar Torrijos” y Los Ángeles, entre otros.
Los chavalos reciben atención psicológica, vestuario, capacitación en costura, piñatas, floristería, atención médica y medicamentos que les brindan gratuitamente los doctores Manuel y Milagros Munguía.
TRANSFORMANDO SUS VIDAS
Miguel Ángel Dormus Castillo, de 13 años, estuvo ligado a la peligrosa pandilla “Los Batos Locos”, que operan en los barrios “Jaime Úbeda”, “Elías Moncada”, “René Barrantes” y sectores aledaños. Él se desertó del grupo juvenil y actualmente recibe atención en el Centro de Rehabilitación “Sor María Romero”, donde también asiste a clases de primero y segundo grados de primaria. “Sor María me rescató para tener una vida nueva, porque antes hacía muchas cosas malas”, dijo el adolescente.
Por su parte, Jairo Antonio Rodríguez Rugama, de 14 años, también estuvo implicado en actos ilícitos que cometían “Los Batos Locos”, y en más de una ocasión fue a parar a la cárcel. Ahora cursa el primer año de secundaria en el Instituto de Ciclo Básico “Sotero Rodríguez”, mediante una beca que le otorga el Centro de Rehabilitación “Sor María Romero”. El muchacho expresó que “recibo ropa, zapatos y útiles escolares, cosa que antes no tenía y por eso no iba a la escuela”.
Joel Alfredo Castro Flores, de 14 años, es otro que ahora se dedica a sus estudios de primer año en el mismo instituto donde asiste su compañero Jairo Antonio: “Las gavillas me llevaban por el mal camino, pero gracias a Dios me encontré con esta monjita que me rescató de la calle”, manifestó.
ACHACOSA, PERO DISPUESTA A SERVIR
“Soy anciana que tengo achaques, pocas energías, pero cuento con la voluntad y la disposición de servir y ayudar a esos muchachos que vienen de hogares destrozados, de vivir experiencias tristes, porque son maltratados, algunos abusados y no tienen ilusión de vivir”, dijo sor Erlinda Cuadra.
NO SE LES HABLA DE SU PASADO
Una de las normas establecidas en el centro es no hablarles del pasado. “A los niños y adolescentes nunca se les habla de lo que hicieron equivocadamente; solamente de lo que son capaz de hacer por ellos y por los demás. Es gota a gota que los vamos a transformar, les damos amor y cariño porque es lo que más necesitan”, expresó Ileana Rivera, miembro de la Junta Directiva del centro.
La señora Rivera es parte de las 22 personas que apoyan a esos niños y adolescentes, y se siente satisfecha porque actualmente tienen a 16 estudiantes becados, 8 de ellos están en un centro de Granada y 5 en la universidad.
En el Centro “Sor María Romero” atienden a 72 menores, de éstos 48 son analfabetos y ya están matriculados en el programa de alfabetización que impulsarán con el apoyo de dos profesores; además, crearán una escuelita de primero hasta quinto grados con el apoyo del Ministerio de Educación Cultura y Deportes.
Durante dos años han sobrevivido porque han encontrado padrinos que aportan desde 10 hasta 500 dólares, y una de las empresas tabacaleras, Cubanica, dona 500 córdobas mensualmente, el organismo Juan XXIII les entrega víveres y ropa, Cáritas italiana les regaló un televisor... “Nuestras bodegas nunca están llenas, pero no dejan de comer”, dijo sor Erlinda. 
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