Lo que no se usa, se atrofia
Ernesto González Valdés* revista@laprensa.com.ni
Ya han concluido las vacaciones, hace una semana muchos iniciaron sus clases, posiblemente algunos se encuentran en un período de adaptación; el nombre y la idea acerca del presente artículo, me surgió, cuando impartía la clase de Ingeniería Ambiental en el pasado semestre (noviembre o diciembre del 2001), y en ese momento se desarrollaban las conversaciones con las personas que viven de vender bolsas de agua y de la Alcaldía por tratar de solucionar parte de la higiene en la ciudad, con la controversial medida de prohibir la venta de la famosa bolsita, cuyo plástico demora años en degradarse, por lo que resulta no sólo un desecho sólido, sino también un alto contaminante.
¿Qué tendrán que ver todo lo anterior y la relación vacaciones – estudiantes? Nuestros jóvenes en casa, después de un período, extremadamente largo, con la falta de habilidades que adquirieron la mayor parte del año en clases, como es la escritura (escribir bien sin falta de ortografías; a mis alumnos que le doy clase de primer año en la universidad, la situación en ortografía es bien delicada, en cuanto a dificultades) se pierde y el alumno en conocimientos retrocede. Le cuento que el científico Juan Baptiste de Monet (Caballero de Lamark) cuyos estudios enriquecieron la teoría evolucionista de las especies, dentro de sus tres leyes biológicas, una de ellas planteaba: Lo que no se usa, se atrofia.
Es posible y excelente, medida que nuestros alumnos lean, practiquen la escritura (dirán los profesores de Español, EXCELENTE) ¿y los profesores de Matemática, no me reclamarán? ¿Y nosotros qué? Pero mi análisis va dirigido a que los estudiantes en los períodos vacacionales, una gran generalidad pierden el tiempo, y nuestro país no puede darse mucho lujo en seguirlo perdiendo, por ejemplo: solamente embellecer nuestra ciudad (pero no sólo Managua, me refiero a cada departamento, a cada poblado, a cada cuadra) los estudiantes con su participación pueden aportar su granito de arena. Digamos a través de las brigadas ecológicas, que funcionan con los estudiantes de quinto año del bachillerato, que si bien participan en actividades de cuidado y conservación del medio ambiente, entre otras actividades, pero sólo lo hacen en período de clases.
Tengo entendido que en Europa, en Alemania, los estudiantes universitarios en su período de vacaciones, un mes lo trabajan en empresas, fábricas, sobre todo en la limpieza de las mismas, y con dicho salario o remuneración, el próximo mes lo utilizan para vacacionar. Claro, pensarán algunos Europa, es Europa, y nosotros somos un país subdesarrollado, y el problema está que nosotros mismos no nos desataremos de este mal, hasta que nosotros mismos no nos lo propongamos. ¿Cómo? Es posible que el pago que pudiese pagar una empresa acá, por supuesto que no dé para vacacionar, pero sí para pagar parte de una matrícula o una mensualidad, o para tomar (siendo exagerado) al menos para un sorbete, invitando con ello a la novia, que es mejor que nada.
Un estudiante que participe, cada uno de ellos, no sólo en retirar la bolsita, sino recolectar la basura y colocarlo en algún cesto (que debieran multiplicarse dentro de la ciudad, con un posible apoyo de las empresas, por citar una fuente) empezaría a gestar dentro de la población, la adquisición de un estado de conciencia, de modo tal que todos aprendamos a cuidar más lo que nos rodea, que es nuestro hábitat, nuestra casa, no sólo donde vivimos, por donde caminamos, cuando nos dirigimos al trabajo o a la escuela, a cualquier lugar.
Si nuestros alumnos de manera organizada participasen en la limpieza de la sociedad, ellos que constituyen un ejercito numeroso, tomarían conciencia y ayudarían a que nuestro país fuese una tacita de oro. Por cierto ¿ha leído usted este artículo? Me puede hacer un favor, mire a su alrededor, y aquel objeto que está en el suelo, si delante usted, por favor, puede recogerlo y echarlo a la basura. ¡Gracias!
* egonzav@uam.edu.ni 
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