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LUNES 4 DE FEBRERO DEL 2002 / EDICION No. 22632 / ACTUALIZADA 1:30 am
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La vergüenza del racismo

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Douglas Carcache
douglas.carcache@laprensa.com.ni

BARCELONA.— un crimen con signos de racismo ha provocado vergüenza y preocupación entre la sociedad barcelonesa, que comienza a medir las consecuencias de la discriminación excesiva contra los inmigrantes latinoamericanos o africanos.

Un joven ecuatoriano fue linchado y luego lanzado al mar hace una semana por los vigilantes de un centro de diversión del paseo turístico, sólo porque insistía en entrar a un sitio que se caracteriza por negar el acceso a extranjeros como él, con rasgos indígenas, negros o árabes.

El problema del racismo en España ha crecido en silencio con el aumento de la inmigración, pero la muerte del ecuatoriano Wilson Pacheco abrió una discusión pública que tal vez contribuya a contenerlo, si las autoridades y las organizaciones vecinales ayudan a mejorar la convivencia.

Durante seis meses el antropólogo Carlos Serra estudió las relaciones entre estudiantes españoles e inmigrantes en algunos institutos de Cataluña, llegando a la conclusión de que la violencia racista se está extendiendo de forma peligrosa entre los adolescentes.

“No soy racista, no tengo nada en contra, pero no me relaciono con ellos (los inmigrantes)”, dijo una joven al explicar la actitud más común de los estudiantes españoles, lo que para Serra es una “condena a la muerte social” de los extranjeros.

Ocurre en diferentes ámbitos. En la pesca, por ejemplo, falta mano de obra porque los jóvenes de Barcelona se niegan a realizar ese trabajo por ser muy rudo. Sudamericanos, africanos y árabes sí lo hacen, pero aún así enfrentan problemas de discriminación.

“Hay un cierto racismo, clasismo diría yo, entre los catalanes; porque los árabes, si son pobres, son moros; si son ricos, son jeques”, me dijo Gonzalo Marcos, el gerente de la Cofradía de Pescadores de Barcelona.

Serra detectó que algunos estudiantes españoles critican a sus profesores por que tratan bien a los inmigrantes, sobre todo a marroquíes. “A los moros hay que meterles caña (darles duro), y la directora y toda esta gente tienen otra idea sobre ellos, que es siempre ayudarlos, ayudarlos”, se quejaron ante el antropólogo.

Eva María, una barcelonesa que acompañaba a dos turistas noruegos, vio a los vigilantes golpear y echar al agua a Wilson Pacheco, todavía vivo. Uno de los agresores le propinó la ultima patada y gritó: “Si esta rata sabe correr, sabrá nadar; y si no, que se ahogue”.

Antes del asesinato de Pacheco, las autoridades habían recibido varias denuncias sobre abusos contra inmigrantes, documentadas por la organización SOS Racisme, que aún mantiene un juicio contra el dueño de una discoteca que vetó el acceso a dos personas por motivos de raza.

El asesinato del ecuatoriano “mancha el prestigio de toda la ciudad”, editorializó un periódico, señalando que los turistas pueden perder confianza en la seguridad pública. Pero lo principal es frenar ese racismo que está minando a la sociedad.  
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