¡A clases!
Lic. Ernesto González Valdés
Hoy posiblemente muchos hogares han encendido la luz mucho más temprano de lo habitual, la noche anterior, domingo, casi nadie pegó un ojo, ¿qué faltaba por alistar? ¿los zapatos se encontraban lustrados? ¿los cuadernos forrados? Todos en la mañana casi haciendo filas para el baño, gritos de ¡apuráte que quiero llegar puntual! Por otra parte, papá preocupado en llegar tarde al trabajo, por dejar el niño en la escuela, mientras lustra el automóvil, como si fuese el día de bodas, hace algunos años atrás.
Otros padres de familia, alistando la silla del niño o niña, recién pintadita, que aunque con algunos añitos encima ha resistido el paso del tiempo, sirviendo de asiento en el aula a varias de las generaciones de la pequeña familia. Mamá, siempre más cautelosa que papá, ha solicitado permiso en el trabajo para llegar unos minutitos tarde, aunque posiblemente su jefe esté haciendo lo mismo, pero sin pedirle permiso a nadie, pero con mucha más presión, pues debe ser siempre el primero que debe dar el ejemplo y llegar puntual.
En el caso de apoyarnos siempre en la abuela, porque a los padres, no les resulta posible llevar a los niños, ella vistiéndose como si fuese a una fiesta, sacando la ropita de pasear del domingo, hasta pintándose que hacía tiempo no lo hacía, creo que desde que murió el abuelo. Sí señor, todo el familión en función de que los pequeños y jóvenes de la casa asistan a la escuela. ¿Y qué me dice, de aquellos padres que titubean o vacilan si llevan al niño o niña a la escuela, y éste no quiere, porque ya pasó de primaria a secundaria? ¿y qué van a pensar sus compañeros de clase del año pasado, que sigue siendo un chavalito?
También este día constituye un motivo de alegría, en el sentido que muchos de los compañeros de clase se vieron el último día al concluir el curso anterior, y hasta hoy se miran nuevamente, luego en el receso posiblemente no alcance el tiempo para contar lo que hicimos en vacaciones, que siempre para el estudiante resultan muy cortas, que se fueron realmente en un abrir y cerrar de ojos, pero la realidad es que estamos de nuevo en clase; la posibilidad de conocer rostros nuevos.
No falta el momento de la separación sobre todo en los alumnos de kinder, que se separan por primera vez de los padres, que juntos llegan a la escuela, a dejar a la niña, temerosos, tiemblan, pobrecita piensan muchos, dejarla sola, indefensa ante extraños y se retiran del centro algunos con los ojos bañados en lágrimas y que cuando han recorrido unos cuantos metros, oyen a lo lejos gritos de terror, regresan, corriendo se asoman por la ventana del aula, donde segundos antes lo dejaron, y se dan cuenta que no es la suya, que el que llora es otro, aflora una sonrisa y se retiran.
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