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LUNES 28 DE ENERO DEL 2002 / EDICION No. 22625 / ACTUALIZADA 12:40 am
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Acerca de la despartidización del Estado

Gerardo Rodríguez

Con motivo de la asunción de nuestro nuevo gobernante, ingeniero Enrique Bolaños, se observa en los medios de comunicación la persistente, sana y magnífica opinión, de la cual el Diario LA PRENSA es uno de sus abanderados, de despartidarizar el Poder Judicial y Electoral.

La muy sugestiva idea, debemos precisarla. Al decir “despartidarizar” no puede con ello concebirse, de que sean nombradas en estos Poderes del Estado personas que no pertenezcan a determinado partido político. Las razones de ello se encuentra en la propia Constitución Política: primero, porque entre los requisitos que se exige para ser Magistrado de ambos Poderes del Estado, (artículos 161 y 171), no consta la prohibición de la que la persona no milite, simpatice o pertenezca a algún partido político. Si esto fuese así, todos los que votamos en las pasadas elecciones, estaríamos inhibidos de pertenecer a uno de esos Poderes. Y en segundo lugar, porque el artículo 27 establece el derecho de todos los nicaragüenses a la igualdad de oportunidades, sin que pueda existir discriminación por motivos políticos o ideológicos y que además, el artículo 50 reconoce el derecho de participar, en condiciones de igualdad, en los asuntos públicos.

Creo que más bien de lo que se trata, al hablarse de “despartidarización” es de que se nombren en esos poderes, personas con la suficiente entereza moral, indeclinable rectitud, destacada probidad y notorio profesionalismo, de forma tal que la ciudadanía sienta remozada esperanza, de que los asuntos públicos (justicia y decisiones electorales) que les sean sometidos a su conocimiento, serán abordados, no desde la óptica de los intereses de los partidos que los proponen, sino de los supremos intereses de la nación.

Opino, además que dicha “despartidarización” no puede circunscribirse únicamente al Poder Judicial y Electoral, sino que debe abarcar a todos los Poderes del Estado, pues si bien es cierto que las personas que llegan al Ejecutivo y Legislativo lo hacen a través de elecciones partidarias, no debe olvidarse que, una vez investidos, se convierten en representantes de todos los nicaragüenses y deben por tanto, laborar en función de Nicaragua y no solamente del partido que los propuso y por el cual fueron electos. Los únicos requisitos que debieran exigir, al momento de un nombramiento, deben ser: rectitud, honradez, disciplina, profesionalismo, laboriosidad. Creer que por ser mayoría se debe aplastar a la minoría sólo conduce a inestabilidad y es ser precursor de un espíritu totalitario. Por supuesto, tampoco se trata de hacer todo lo que la minoría pretende. La búsqueda del equilibrio pasa necesariamente por el respeto a los derechos fundamentales de todos: unidad en la diversidad, tal debería ser la divisa si de verdad se quiere sacar adelante nuestro amado país.

Finalmente quiero destacar una asignatura que me parece también fundamental, y que hasta el momento es la gran ausente de nuestra cultura: la tolerancia. Qué difícil es aceptar las decisiones que nos desfavorecen. Cuando ello ocurre, se descalifica, se ofende, se desacredita, se difama. Mientras no aprendamos a admitir que no somos los únicos depositarios de la razón y la verdad, sólo estaremos abonando a favor del atraso, el subdesarrollo y la incivilización. Cuando tratemos a los demás como queremos que nos traten a nosotros, habremos por fin encontrado la verdadera ruta de un destino ubérrimo, próspero y floreciente. Nicaragua lo necesita.

El autor es Magistrado del Tribunal de Apelaciones de Managua.  
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