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DOMINGO 27 DE ENERO DEL 2002 / EDICION No. 22624 / ACTUALIZADA 1:00 am
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Silvio De Franco Montalván: Ministro de Educación Cultura y Deportes
“Tengo corazón de maestro”

Foto  
.“Yo no soy el ministro de Educación, Cultura y Deportes, yo estoy de ministro de Educación, Cultura y Deportes. Pero yo soy Silvio De Franco. Estoy ocupando un cargo, pero yo no soy eso. El día que salga de aquí, como va a suceder algún día, ese día yo voy a seguir siendo Silvio De Franco. Mi identidad no viene de estar en este cargo. El problema es cuando uno comienza a confundir la identidad de uno con el cargo, creo que eso es lo que le ha pasado a mucha gente, creen que son el cargo y trato de rezar mucho”.

 

Amalia Morales
amalia.morales@laprensa.com.ni

A un niño que va por vez primera a la escuela y no quiere aflojar el bulto, aun cuando está de vuelta en su casa, se parece el nuevo ministro de Educación, Cultura y Deportes, Silvio De Franco Montalván.

Hace 17 días asumió el cargo. Para empaparse del tema que atañe de forma directa a millón y medio de nicaragüenses, programa su agenda para trabajar 10 horas diarias, como mínimo.

Es viernes. Son casi las siete de la noche. En su despacho de pisos y paredes blancas no sobresale aún el típico retrato presidencial. Tampoco hay la pila de documentos y las fotografías familiares que humanizan los escritorios de los funcionarios públicos.

Aunque todavía está en proceso de acomodo, De Franco, el tercero de tres hermanos dentro del nuevo gobierno, y ex consultor del Plan Nacional de Educación (PNE), proyecta muchos cambios académicos en la enseñanza de este país, entre ellos, que la gente aprenda para vivir.

La Administración anterior se caracterizó por dar mochilas a los niños, zinc a los maestros y construir escuelas, ¿por qué se va caracterizar ésta?
Yo quiero hacer que el Ministerio de Educación vuelva a su tarea principal que es la educación. Y voy a estar insistiendo mucho, ya se lo dije a todos, no soy un ministro hacia fuera.

Creo que hay que seguir con escuelas, que hay que apoyar a los maestros definitivamente, en su capacitación, tratar de impulsar que tengan un salario decente, pero tengo —y la otra vez dijeron en el periódico que yo tengo corazón de economista— pero la verdad es que yo tengo corazón de maestro.

¿Usted no teme enamorarse del cargo?
No, no, al contrario, a mí me da horror.

¿Ha platicado de eso con su familia?
Sí, y yo le dije a don Enrique la primera vez que nos entrevistamos que yo tenía que pedir permiso, tenía que hablar con mi esposa y con mis tres hijas, entonces don Enrique me dijo: ‘Mirá, yo también tuve que pedir permiso’. Me agradó mucho.

Fue una conversación difícil, porque yo estaba en ese momento de presidente de la Universidad Thomas More, había sido un esfuerzo enorme por hacer algo de calidad aquí en Nicaragua y que ahora ha dado frutos muy positivos.

Renunciar al contacto con los estudiantes en esa universidad, pues el afecto y el cariño que se tiene con los estudiantes es increíble, me decía mi esposa: ‘¿Cuántos hijos nos ganamos?’

¿Cómo hará para no enamorarse del cargo?
Muy sencillo, yo no soy el ministro de Educación, Cultura y Deporte, yo estoy de ministro de Educación, Cultura y Deportes. Pero yo soy Silvio De Franco. Estoy ocupando un cargo, pero yo no soy eso. El día que salga de aquí, como va a suceder algún día, ese día yo voy a seguir siendo Silvio De Franco.

Mi identidad no viene de estar en este cargo. El problema es cuando uno comienza a confundir la identidad de uno con el cargo, creo que eso es lo que le ha pasado a mucha gente, creen que son el cargo y trato de rezar mucho. Trato de decirle al Señor que me ayude a no olvidarme de qué se trata todo esto.

En Nicaragua se dice que alrededor de un millón de niños quedan fuera del sistema escolar (preescolar, primaria y secundaria), ¿qué pretende hacer para revertir este escenario?
Hay muchos planes que estamos barajando en este momento. En primer lugar, vamos a hacer lo imposible por extender la cobertura, porque yo creo que es un crimen dejar a alguien sin educación, es mantenerlo en una cárcel bien difícil, porque lo estamos condenando.

La condena a la ignorancia de por vida es terrible, nadie se puede desarrollar como persona plenamente ni nada por el estilo. Queremos tratar algunas soluciones más imaginativas.

Sin embargo, no solamente es mejorar cobertura, si no la calidad de lo que enseña. Estamos hablando entonces de que la educación sea para la vida. Que si alguien sabemos sólo va a llegar hasta cuarto grado, que en esos cuatro años no sea simplemente un ejercicio de memorizarse cuatro cosas, por lo menos algunas actitudes que le sirvan para la vida.

La educación ahora es como un árbol, un tronco que no tiene ramas. Primer grado es para ir a segundo, segundo para ir a tercero, primaria es para ir a secundaria, secundaria para ir a la universidad, pero a los lados no hay nada. Vamos a tratar de impulsar la idea de los liceos politécnicos.

Este año se van a bachillerar 40 mil muchachos, de los cuales, probablemente, la mitad se vaya a quedar fuera de la universidad. Entonces, es un crimen preparar a tanta gente. Es uno de los planteamientos del Plan Nacional de Educación.

En la práctica, ¿cuándo veremos la articulación de los tres subsistemas (educación primaria y secundaria, técnica y universitaria)?
Creo que esa es otra cosa bien delicada que hay que abordar. Conversé con don Enrique en ese sentido, y si entendí bien, la intencionalidad es que haya una coordinación muy estrecha entre el Inatec y el Ministerio de Educación, porque si vamos a dar todas esas salidas laterales se necesita que sea bien coherente.

Con la universidad creo que las conexiones son un poco más sueltas.

Ahí más bien necesitaríamos asegurarnos de que los muchachos que se salen del bachillerato. Cree que todo el sistema universitario tiene que ser más abierto, ese diálogo continuo, cree que no existen en forma dinámica, si no tiene ninguna razón de existir.

¿Cuenta con que será ministro los cinco años?
Eso sólo don Enrique y El de Arriba lo saben, pero independientemente de cuántos años esté aquí, sí... quiero que si logramos meter ese rumbo, y hacer un consenso nacional, que quede como impulso nacional independientemente de si me va a tocar a mí.

En algún momento dijo que las universidades eran fábricas de profesionales mediocres, ¿qué hará para que los bachilleres no sean mediocres?
Vamos a tener un programa donde vamos a revisar totalmente el currículum de secundaria. Yo quisiera ver un bachiller que pensara más. Que tuviera mayor capacidad de análisis crítico. Que en lugar de aprenderse que si esto es gerundio y esto es participio pasado pudiera escribir bien. Que en lugar de haber visto toda la matemática del mundo dominara lo básico.

¿Tenemos un contenido escolar de hace cuántos años?Bueno, no sé exactamente, pero estuve viendo algunos libros de primaria y de nuevo la impresión que tengo es que no fomentan ese tipo de pensamiento crítico ni el pensamiento aplicado, y la educación tiene que ser para la vida. No puede ser una educación memorística, ahora con la internet hay miles de datos, es decir, el problema ya no es información, el problema es cómo proceso una información, cómo la analizo y cómo la aplico.

¿Qué le parece el manejo del seis por ciento?
Creo que las universidades estatales tienen que tener más apertura a la sociedad. Tienen que demostrar más transparencia, no estoy diciendo que están utilizando el dinero mal, pero creo que muchas cosas se han trabajado demasiado aisladas como que fueran una república independiente.

Yo estoy seguro de que no es la intención de muchos de los que están ahí, y estoy seguro también y, me consta, de que se hacen cosas muy buenas dentro de esas universidades.

Pero se supone que ellos rinden informes a la Contraloría General de la República (CGR)...

El problema entonces, es cómo sabemos, por ejemplo, que el gasto entre la parte de profesores y la administrativa es la correcta, cómo sabemos si lo que se gasta por cada estudiante que se gradúa es lo correcto.

Sobre el tema del seis por ciento, De Franco es de la opinión que se abra el diálogo entre la comunidad universitaria y la sociedad, no cree que la entrega del dinero a los estudiantes sea lo más saludable.

¿Qué otro sistema propone?
Por ejemplo, si yo le dijera a cada estudiante que entra a la universidad, que son los no pobres de acuerdo con las estadísticas: ‘Usted tiene un préstamo, no va a pagar nada ahorita o va a pagar algo muy pequeño como paga ahora, y usted se gradúa cinco años después, usted comienza a pagar este préstamo, inclusive sin interés sólo con mantenimiento de valor’. Comienza a pagar, y al cabo de cinco años se volvería un fondo gigantesco. ¿Qué pasaría? A todo graduado no le interesaría estar siete y ocho años en el sistema como están muchos. La universidad se volvería más eficiente.

¿Plantearía esa idea a la hora de abrir un debate?
Sí, exactamente. Lo que no estoy de acuerdo es en una solución sin abrir el diálogo.

¿Y esa afinidad para que tres hermanos trabajen como funcionarios públicos?
Mi papá siempre decía que nosotros no teníamos un espíritu práctico emprendedor, sino que más bien éramos muy inteligentes y muy soñadores, y yo creo que de ahí nos viene, hay un espíritu de vocación de servicio.

Nosotros nunca hemos sido políticos en el sentido tradicional de la palabra, pero sí nos interesó siempre la política en el sentido amplio de la palabra, de tratar de ayudar a la gente, y, de hecho, eso hemos tratado de hacerlo en los trabajos que hemos tenido tanto Mario como yo.

¿No teme usted que por estar tres hermanos dentro del gobierno se diga que hay nepotismo de los hermanos De Franco?
(Se ríe) Mire, ésa fue una de las primeras cosas que yo le dije a don Enrique, y se lo dije así de frente y me dice: ‘Bueno, sería nepotismo si ustedes fueran incapaces, porque los tres soy muy capaces’.

Inclusive, él consideró en algún momento que mi hermana fuera ministra de Mifamilia (Ministerio de la Familia), pero (risas), ya era demasiado, pues entonces, se lo dije a él, me dijo que no, si en realidad en el pasado ha habido hermanos, por ejemplo están los Robleto, y nepotismo, me insistió, es que si ustedes fueran incapaces y además no somos ni parientes lejanos de don Enrique.

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