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DOMINGO 27 DE ENERO DEL 2002 / EDICION No. 22624 / ACTUALIZADA 1:00 am
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Educación en “la nueva era”
El buen negocio de educar

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.Para el nuevo gobierno, que proclama el advenimiento de una “nueva era” en Nicaragua, la educación es un reto no menos importante que el administrativo, o el económico, o el de la corrupción. En realidad, de la buena o mala educación de las personas y de la sociedad depende todo, y si la educación no mejora, nada podría mejorar en Nicaragua.

 

Jaime A. Pastora

El estudio es la base fundamental para el desarrollo y progreso de una persona, y, por ende, un país con numerosos estudiosos será un país con progreso. El Art. 116 de la Constitución nicaragüense dice textualmente: “La educación tiene como objetivo la formación plena e integral del nicaragüense, dotarlo de una conciencia crítica, científica y humanista; desarrollar su personalidad y el sentido de su dignidad, y capacitarlo para asumir las tareas de interés común que demanda el progreso de la nación, por consiguiente, la educación es factor fundamental para la transformación y el desarrollo del individuo y la sociedad. La educación es función indeclinable del Estado. Corresponde a éste planificarla, dirigirla y organizarla (Art. 119, C. de N). Pero este artículo se contradice con el Art. 125, mediante el cual las universidades y centros de educación técnica superior gozan de autonomía académica, financiera, orgánica y administrativa, de acuerdo con la ley.

Actualmente la educación, o mejor dicho, la enseñanza en Nicaragua, ha caído a un nivel tan bajo que es deprimente y preocupante, y no es nada raro encontrar alumnos que han aprobado la primaria y aún no saben las tablas de multiplicar, y bachilleres que desconocen el nombre de los próceres de la Independencia de Centroamérica, y que les suenan raros y extraños nombres como Garcilaso de la Vega, Miguel Ángel Asturias, Miguel de Cervantes, Jorge Isaac, y, para colmo, ignoran la fecha de nacimiento del “Príncipe de las Letras Castellanas”. A esta situación deplorable viene a sumarse el surgimiento sin control alguno, de una gran cantidad de centros llamados “universidades”, que más bien vienen a entorpecer más el nivel académico de los nuevos profesionales.

Al egresar de secundaria, el estudiante es comparable a una brújula sin control, con su aguja moviéndose en todas direcciones y sin acertar el norte. Un bachiller estudioso posee un poco de conocimientos básicos de un número grande de materias, como son las matemáticas, ciencias naturales, historia, geografía, física, química, unas cuantas palabras en inglés o francés, etc., etc., sin dominar ninguna de ellas. Por tal motivo, en los años 60, las universidades serias y de buen prestigio comprobaron que la mayoría de los egresados de secundaria no iban bien preparados para ingresar a un centro de estudios superiores. Se practicaba un examen de admisión (con un mínimo de aprobados) y el que no pasaba este examen tenía que hacer un año básico, con la finalidad de terminar de preparar al estudiante para su ingreso a la universidad. En el caso de la UNAN, este año básico era completamente obligatorio, por lo menos en la ciudad de León.

Actualmente, con la erupción de tantos centros que se autollaman “universidades”, se ha entrado a la era de la competencia, y muchas de ellas, con el afán de atraer estudiantes, ofrecen carreras sin necesidad de año básico y, peor aún, sin examen de admisión. Es ridículo que en un país tan pequeño y con tan pocos habitantes, existan 33 universidades, de las cuales, 25 son privadas.

Una de estas nuevas “universidades” ha rebasado los niveles de irrespeto hacia los estudiantes, que serán los futuros profesionales de Nicaragua, ofreciendo carreras sabatinas, dominicales, y creo que hasta por correo, que se han dado por llamarles “por encuentro”. Me refiero específicamente a la Universidad Central de Nicaragua (UCN), que está ofreciendo la carrera de Medicina Veterinaria en solamente 3 ó 4 años, con clases sabatinas o dominicales. El Pénsum Académico para esta carrera, en cualquier universidad del mundo, requiere que ésta sea completada en un mínimo de cinco años, con clases regulares todos los días. Esta universidad (UCN) no cuenta ni con el local apropiado ni con el personal docente adecuado y acreditado para impartir esta delicada y costosa carrera, por lo que pone en riesgo y en peligro la explotación agropecuaria y la salud de toda una población con profesionales mal preparados. Los directivos o propietarios de esta universidad desconocen por completo el significado y la importancia de la Medicina Veterinaria, lo que se demuestra por el hecho de ofrecer licenciatura en un período tan corto y ridículamente con clases sabatinas o por encuentro.

Suficientes problemas tenemos con la educación, para que vengan estas “universidades” a echarle más leña al fuego. El Consejo Nacional de Universidades (CNU) debería tomar cartas en el asunto, y creo que es también responsable de esta situación al permitir que estos centros llamados “universidades” impartan carreras sin un sistema de evaluación y seguimiento de la calidad y pertinencia de los procesos académicos. El CNU debería de apoyar al Instituto Universitario Paulo Freire, que recientemente introdujo ante la Asamblea Nacional el Proyecto de Ley para la Evaluación y Acreditación de la Educación Superior en Nicaragua. De aprobarse este Proyecto de Ley, se vendría a solucionar grandemente la problemática de la educación superior nicaragüense.

Aprovecho para alertar a los nuevos bachilleres para que no se dejen sorprender ni se dejen engañar por embaucadores que han hecho de la educación un lucrativo negocio, y que sepan elegir la casa de estudios que los formará como futuros profesionales.

El autor es vicepresidente del Colegio de Médicos Veterinarios de Nicaragua

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