Baño de sangre por el continuismo
Hoy se cumplen 35 años de la matanza del 22 de enero de 1967, cuando la Guardia Nacional ametralló a miles de personas que se manifestaban en el centro de Managua —en ocasión del cierre de campaña electoral de la alianza opositora UNO—, contra el continuismo en el poder del Partido Liberal Nacionalista y la familia Somoza, que postulaban en esa oportunidad al general Anastasio Somoza Debayle.
El general Somoza Debayle fue el tercer miembro de la dinastía somocista que ejerció la Presidencia de la República. Los otros dos fueron, el general Anastasio Somoza García, quien subió al poder mediante el golpe de Estado de 1936 y luego se hizo elegir y reelegir presidente, hasta que fue asesinado el 21 de septiembre de 1956, precisamente cuando impulsaba otra reelección presidencial; y el ingeniero Luis Somoza Debayle, quien fue presidente de Nicaragua entre 1956 y 1963.
El general Somoza Debayle se hizo elegir presidente en los comicios fraudulentos del 5 de febrero de 1967, dos semanas después de la matanza del 22 de enero; y luego, en 1971, pactó con el sector del Partido Conservador que encabezaba el doctor Fernando Agüero, para reelegirse en el sillón presidencial. En efecto, Somoza Debayle se reeligió en 1974 y ejerció la Presidencia hasta que fue derrocado en julio de 1979, cuando preparaba la continuación familiar y partidista el poder por medio de su hijo, el coronel Anastasio Somoza Portocarrero.
Ahora, el 35 aniversario de la matanza del 22 de enero de 1967 causada por el continuismo presidencial somocista se conmemora en medio de una nueva discusión pública sobre el problema de la reelección presidencial, pues el ex presidente Arnoldo Alemán ya anunció su intención de reelegirse en el 2006, y si fuese posible antes, si logra pactar con el FSLN para acortar el período del presidente Enrique Bolaños Geyer.
Lamentablemente, los dos partidos que tienen el respaldo electoral de casi toda la población (PLC y FSLN), son reeleccionistas y no toman en cuenta ni les importan las experiencias sangrientas de la historia nacional, como la del 22 de enero de 1967, que fue provocada por la codicia de poder de los Somoza y su afán irracional de reelegirse y eternizarse en el gobierno, lo mismo que ahora quiere hacer el ex presidente Arnoldo Alemán y lo quisiera hacer también el líder sandinista, Daniel Ortega Saavedra.
Por cierto que el doctor Arnoldo Alemán, quien pretende a cualquier precio la reelección presidencial, es el líder de un partido (el Liberal Constitucionalista) que fue creado en 1969 (con el nombre de Movimiento Liberal Constitucionalista) por el Dr. Ramiro Sacasa Guerrero y un grupo de dirigentes liberales honestos y genuinamente democráticos, precisamente para oponerse a la reelección del general Anastasio Somoza Debayle y para tratar de rescatar y reivindicar el principio republicano de la alternancia en el poder, que fue reiteradamente mancillado por los dictadores “liberales” José Santos Zelaya y Somoza. De manera que el liderazgo de Alemán sobre el PLC y su pretensión reeleccionista son un escarnio a la memoria del doctor Ramiro Sacasa Guerrero.
Ahora, en el debate público planteado a raíz de que el presidente Enrique Bolaños anunciara su intención de promover una ley (reforma constitucional) contra la reelección presidencial, tanto los liberales arnoldistas como los sandinistas orteguistas se han apresurado a declarar su oposición a esa propuesta presidencial democrática y sensata. Y el único partido que históricamente se ha opuesto a la reelección y practicado la alternancia en el poder, el Conservador, fue barrido por los votantes y por sus propios errores en las elecciones de noviembre pasado, y está a punto de desaparecer legalmente.
Como sea, no se debería permitir que la ambición desmedida de unos cuantos políticos exponga a Nicaragua a situaciones como la que provocó la tragedia del 22 de enero de 1967. Los partidos y grupos políticos verdaderamente democráticos deberían apurarse a organizar y movilizar un amplio movimiento para la defensa de la República, a fin de conjurar antes de que sea tarde el peligro de la reelección presidencial, que es una grave amenaza contra el desarrollo del incipiente y vulnerable proceso de democratización de Nicaragua. 
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