A mi amor
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Fortalecido en el Señor, te vimos partir un día de los arcángeles, 29 de septiembre del año dos mil. Tu fuiste esposo tierno, padre amoroso, maestro de maestros y de juventudes. Fuiste un hombre dispuesto siempre a hacer el bien a quien lo necesitara. Demostrando siempre el amor al prójimo, tu espíritu de servicio perdura en los corazones. Te fuiste hacia el Padre en una noche silenciosa, donde soplaba un viento suave que nos hablaba de tu agonía.
“Te quiero amor” fueron tus últimas palabras al despedirnos y ese “Te quiero” fue nacido del más profundo sentimiento y así nos despedimos.
Hoy estás en el silencio del mundo, pero tu esposa, tus hijos, nietos y todos los que te que queremos, esperamos volver a verte allá en los cielos donde estás y donde esperamos llegar. Ruega por nosotros amor.
Aquí en nuestra casa está tu lugar, sentimos tu presencia amado papi, papá, esposo y maestro; 52 años de servicio en el magisterio fue tu corona en la Tierra y 45 de matrimonio fue tu felicidad.
Gracias Señor por darnos esa persona tan especial que fue y seguirá siendo, un ser que se dedico a educar, dar buen ejemplo y sobre todo que brindó mucho amor a todo el que lo conoció.
Delia González de Hernández 
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