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MARTES 15 DE ENERO DEL 2002 / EDICION No. 22612 / ACTUALIZADA 02:00 am
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La caña de pescar

La vicepresidenta de Taiwan, Annette Hsiu-le Lu, quien estuvo en Nicaragua para la toma de posesión del presidente Enrique Bolaños, dijo en una entrevista exclusiva para LA PRENSA (domingo 13 de enero), que “no queremos darle a Nicaragua el pescado directamente, sino queremos enseñarles a pescar”. Y para explicar la frase, cuya paternidad se le atribuye al asesinado ex presidente norteamericano John F. Kennedy (1917-1963), la vicepresidenta taiwanesa aclaró: “Uno de los puntos que quisiéramos enfocar en esta nueva Administración (del presidente Enrique Bolaños) es sobre la cooperación técnica, así como diferentes proyectos de intercambio para los jóvenes empresarios, para la industria, para estudiantes... creo que este tipo de proyectos y programas podría tener una influencia más lejana y lograr resultados más tangibles”.

Al parecer eso significa que el gobierno de Taiwan va a reorientar su cooperación con Nicaragua, la cual, en el gobierno del ex presidente Arnoldo Alemán tuvo sus mayores expresiones en obras importantes, pero más bien fachadistas, como los suntuosos palacios, Presidencial y de Relaciones Exteriores. En realidad, la Presidencia bien pudo seguir funcionando en el edificio del antiguo Banco Central, donde estuvo hasta el gobierno de doña Violeta B. de Chamorro —y de esa manera los cuantiosos recursos que aportó Taiwan para construir el lujoso Palacio Presidencial se pudieron usar en obras sociales y desarrollo, para favorecer a una población que necesita de todo—, pero al parecer la vieja sede presidencial era muy poca cosa para la megalomanía del señor Alemán.

Pero bien, lo importante es que los nuevos flujos de cooperación taiwanesa, y de todos los países de distintas partes del mundo que cooperan con Nicaragua, se dediquen sólo o fundamentalmente a promover el desarrollo económico y el progreso tecnológico, a crear empleos productivos y permanentes, a desarrollar los medios y recursos para que Nicaragua se valga de sus propias fuerzas y no siga dependiendo de la caridad internacional; es decir, a darle a Nicaragua la caña de pescar, en vez del pescado.

Ahora bien, la adecuada reorientación y el mejor aprovechamiento de la cooperación externa no depende sólo de los gobiernos de los países y organismos internacionales cooperantes; depende ante todo de la capacidad, voluntad y buena disposición de los mismos nicaragüenses de dar un mejor uso —transparente, honesto, eficaz, equitativo, racional, productivo— a los recursos provenientes de la cooperación externa. Y en ese sentido será decisivo el cumplimiento del compromiso del presidente Enrique Bolaños, de gobernar con transparencia e integridad, para lo cual deberá castigar y disuadir sin contemplaciones cualquier acto de corrupción que se produzca en su gobierno. A eso precisamente aludió con perspicacia la vicepresidenta de Taiwan, al valorar la importancia de lo que dijera el nuevo primer mandatario nicaragüense en su discurso inaugural: “Cese a la corrupción, no a la corrupción, y hay que levantar una nueva administración de mayor eficiencia y mayor rectitud. Eso es muy importante”, advirtió la señora Hsiu-le Lu.

Sin embargo, aunque la responsabilidad principal de aprovechar mejor la cooperación externa corresponde al presidente Enrique Bolaños y a los miembros de su equipo de gobierno, también depende de la sociedad en general y de la actitud de cada nicaragüense en particular que el país pueda salir del estado de dependencia económica y de postración moral en que lo colocó y dejó el gobierno del ex presidente Arnoldo Alemán. Y a ese respecto, vale la pena también tomar en cuenta la oportuna explicación de la vicepresidenta taiwanesa, que recogió y difundió la ACAN-EFE y publicó LA PRENSA también el domingo pasado: “El éxito de Taiwan ha sido trabajar 18 horas al día los 365 días del año para crear los éxitos de los que hoy gozamos, como un ingreso per cápita cercano a 15,000 dólares anuales, que hace 50 años era de sólo 150 dólares al año”.

La vicepresidenta de Taiwan tiene toda la razón. En realidad, la caña de pescar no significa sólo una cooperación externa orientada a promover la producción y el desarrollo, y que funcione un gobierno honrado, transparente, austero y eficiente, sino también que la población trabaje al máximo de sus capacidades para sacar adelante al país y labrarse su propio bienestar y prosperidad.  
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