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MARTES 15 DE ENERO DEL 2002 / EDICION No. 22612 / ACTUALIZADA 02:00 am
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Ser un ciudadano nicaragüense o alemán

José Luis Argüello Galbraith

Resulta irónico que mientras Nicaragua —de luto— entierra a un hombre que fue honorable, de una sola cara y un solo perfil. Hombre-voz, hombre-conciencia, hombre-ejemplo: Pablo Antonio Cuadra un verdadero nicaragüense; un señor Alemán y lo digo de esta manera, porque podrá ser muchas cosas, pero no nicaragüense, reúne a sus diputados y los hace firmar “de su libre y soberana voluntad” un documento de traición a la Patria.

¿Qué pasó en Nicaragua? ¿Dónde está el honor, la integridad y sobre todo la vergüenza? ¿Será posible que tanta codicia nos haga insensibles aún a la vergüenza? ¿Cómo se puede ver a un hijo o a otro humano nicaragüense a los ojos?

Me pregunto: ¿qué le deben al señor Alemán?, no se puede servir a dos amos a la vez.

El pueblo de Nicaragua es un pueblo sufrido, es un pueblo de corazón, es un pueblo por el que vale la pena luchar.

Cuando un diputado acepta su postulación, le está diciendo al pueblo, yo quiero servirte Nicaragua, yo quiero dar lo mejor de mí para servirte hermano nicaragüense, le está diciendo a Dios, gracias por darme la oportunidad de servir.

Sin embargo, las mejores intenciones no son suficientes. El pueblo tiene que dar su voto democrático y decir a través del mismo, yo creo en vos diputado nicaragüense, yo creo en tu honestidad, yo creo que vas a tener dignidad para que nada te impida dar de vos lo mejor para mí.

Hoy tienen los diputados una oportunidad de hacer algo honesto por Nicaragua y de orgullo para sus descendientes como se sienten orgullosos los descendientes de don Pablo Antonio.

El Ing. Enrique Bolaños tiene la responsabilidad de cumplir con la clase de gobierno que prometió, sin embargo, sin sus diputados las posibilidades se reducen y con ellas la esperanza de Nicaragua.

Yo le pregunto a cada uno de los diputados liberales. ¿A qué quien sirve usted, es ciudadano nicaragüense o alemán?  
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