Oriente
Doña Leonor: una anciana con espíritu joven
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 | Lo único que entristece a esta ancianita es el recuerdo de sus tres hijos, a quienes dice no ve desde hace unos 20 años |
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Doña Leonor del Carmen Gómez Alvir. |
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Emiliano Chamorro/Especial para LA PRENSA departamentos@laprensa.com.ni
Tiene sus manos frágiles y partidas quizás por el inminente paso del tiempo, pero tiene un gran espíritu de alegría y bondad. Su mirada pícara, su ancho rostro y su permanente sonrisa la convierten en atracción para el transeúnte y sus amistades más allegadas.
Doña Leonor del Carmen Gómez Alvir, asegura que tiene más de cien años de edad, y recuerda al Nandaime de comienzos del siglo pasado como una pequeña comarca de casitas de paja y calles socavadas. “Añoro aquella época por el respeto y cortesía que adornaba a aquellos pobladores”, dice.
Asegura que la pobreza y las desigualdades del mundo actual obedecen “a la falta de comprensión y al egoísmo del ser humano por acaparar todo. Todos somos hijos de Dios y Él quiere vernos felices y unidos”, asegura.
Cuando se le pregunta por sus padres sólo menciona a “su papacito”, mi papacito era adorable yo lo amaba y él me amaba”. A la par de su dormitorio conserva una antigua foto grande de su padre custodiada por fotografías del Papa Juan Pablo II y del Cardenal Miguel Obando y Bravo, a cuyos personajes califica como grandes guías espirituales “enviados por Dios para servir y evangelizar”, asegura.
TRABAJÓ PARA HERMANA DE SOMOZA GARCÍA
Precisa que trabajó por muchos años para Amalia Somoza García, hermana del general Anastasio Somoza García, el patriarca de la sucesión dinástica de los Somoza. Asegura haber tratado en varias ocasiones con “Tacho” Somoza, a quien recuerda como una personaje ‘galán y educado’. Tacho adoraba a su familia y era un hombre generoso igual que Amalia su hermana a quien le trabajé haciéndole bordados a su ropa durante muchos años. Tacho fue quien hizo Managua. Recuerdo a Managua pura tierra y piedras... pero Somoza fue quien la embelleció”, precisa.
Hace unos dos años todavía salía a visitar a sus amistades, pero ahora ya no puede movilizarse, por lo que ahora ellas le ayudan con su alimentación y esto la motiva porque “hay gente que piensa en mí y por eso estoy muy agradecida”.
Doña Leonor, a como es conocida en Nandaime también ha estado vinculada a la educación de muchos niños a los que con voluntad y regocijo les ha enseñado las primeras letras y principios morales. “A mí me encantan los niños. A ellos se les debe de tratar con ternura, enseñándoles respeto por los mayores y la importancia de la unidad familiar”, sostiene.
La contextura frágil de doña Leonor ya no le permite pararse sola y movilizarse de la cama a su mecedora, pero dice que a pesar de ello no le gustaría estar en un asilo de ancianos. Dice sentirse bien de salud “por la gracia de Dios”, aunque asegura que en muchas ocasiones se ha caído y se ha golpeado fuerte y hasta pasó momentos terribles cuando hace unos meses la candela que le enciende a la Virgen María Auxiliadora cayó sobre sus sábanas y su cuerpo empezó a agarrar fuego, pero la oportuna presencia de vecinos evitó que muriera calcinada. “Fue horrible yo pensé que iba a morirme... gracias a mi Dios estoy viva”, asegura.
Asegura estar despierta a las seis de la mañana todos los días iniciando el nuevo día con oraciones en las cuales le pide a Dios por los enfermos, por los que guardan prisión y por los hambrientos. Revela sentir dolor por la gente que sufre. “Yo le pido a Dios y a la Virgen por todos los pobres del mundo para que todos tengamos alimento y tranquilidad”, sostiene.
SU DESEO ES VER A SUS TRES HIJOS
A la vida solitaria que lleva se le agrega la larga ausencia de sus tres hijos varones: César, Eduardo y Gustavo, a quienes asegura no ver desde hace más de veinte años. Según dice César y Eduardo viven en Costa Rica y Gustavo en Panamá, pero ninguno de ellos trata de comunicarse con ella.
Con mirada triste y melancólica dice: “Cuánto deseo tengo de ver a mis hijos para abrazarlos y decirles cuánto los amo”. Sus ojos se ponen llorosos y mirando hacia la fotografía de su “papacito” reacciona; “no sé por qué mis hijos no intentan verme o comunicarse conmigo ellos saben cuánto los quise. Tengo fe de poder verlos pronto”, acotó compungida.
LA MEJOR DE CENTROAMERICA
Para doña Leonor del Carmen Gómez Alvir la Iglesia Santa Ana de Nandaime es la mejor de Centroamérica, lo que la hace sentirse muy orgullosa. “Ni siquiera Costa Rica tiene una iglesia preciosa como la de Nandaime”, asegura la anciana centenaria. 
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