Educación en Nicaragua, balance y retos
Mario Quintana Flores*
Unos dicen sentirse satisfechos por los resultados de la educación en 1997-2001, otros señalan que no hubo ningún avance. La verdad es que hubo avances, pero son insuficientes, frente al crecimiento poblacional y la necesidad de lograr más y mejor educación.
Se invirtieron más recursos económicos, lo que permitió la construcción, remodelación y reconstrucción de muchos centros de estudio en educación primaria y media; se dieron algunas transformaciones en el currículum de primaria; los maestros recibieron más córdobas por su salario, pero la inflación se comió parte del mismo y siguen siendo de los salarios más bajos del país, y en comparación con sus pares en Centroamérica.
Creció el número de estudiantes en todo el sistema educativo, pero también creció el de quienes no encontraron un espacio en los centros de estudio de los distintos niveles.
En el Plan Nacional de Educación (PNE) se enfatiza que “el tipo de educación actual no es alentador, ya que reproduce la estructura de pobreza y tiende a mantener las desigualdades económicas y sociales”. Y que por ello “continuar y extender el mismo tipo de educación, no contribuirá sustantivamente a resolver el grave problema de la pobreza” y de las necesidades del capital humano que se requieren.
Se requiere más educación para el millón de niños, niñas, adolescentes y jóvenes que siguen fuera del sistema educativo. Ampliar los niveles de retención y promoción para los miles que logran ingresar al primer grado de primaria, pero que no logran finalizar sus estudios. De cada 100 niños que ingresan al primer grado de primaria, sólo 29 la finalizan en el tiempo previsto —seis años—, 11.13 finalizan la secundaria y 2.46 terminan una carrera universitaria.
Hay una queja generalizada en cuanto a la calidad de la educación. El Dr. Silvio De Franco, nuevo Ministro de Educación, ha señalado que en el PNE están muchas cosas de las que hay que hacer. Lo que falta es decisión política de las autoridades, y mayor articulación de diversos organismos de la sociedad civil para apoyar e incidir en todo lo que hay que desarrollar.
Los pasos inmediatos deberían ser:
1.- Garantizar, como se establece en el PNE, “iniciar con un incremento sensible en el presupuesto del 2002 para educación, y durante los próximos 15 años”.
2.- Finalizar elaboración de “propuesta” de Plan Operativo, del Plan Nacional de Educación, para que sea conocido, analizado, aprobado y conducido por el Comité Técnico, instancia que elaboró la Estrategia y Plan Nacional de Educación.
3.- Reformar Decreto Creador del Consejo Nacional de Educación para integrar a representantes de los diversos sectores de la comunidad educativa y otros de la sociedad civil comprometidos con la educación, así como de los subsistemas educativos, y tenga un carácter más deliberativo, de análisis y toma de decisiones de las políticas y reformas educativas. Conforme la Ley, coordinará dicho consejo el Vicepresidente de la República, Dr. José Rizo Castellón, quien firmó la “Agenda Educativa desde la Sociedad Civil” con diversos organismos de esa misma sociedad civil.
4.- Elaborar y someter ante la Asamblea Nacional, anteproyecto de Ley General de Educación, consensuado en el marco del nuevo Consejo Nacional de Educación. Esto permitirá tener políticas de Estado en el sistema educativo.
5.- Articulación efectiva y permanente de los diversos sectores comprometidos con la educación nacional (asociaciones de padres y madres de familia, organizaciones estudiantiles, sindicatos de maestros, empresa privada, movimientos sociales, ONG), para formular propuestas viables e incidir en la definición, ejecución, monitoreo, evaluación y retroalimentación permanente de las políticas y reformas educativas.
Si no hay mejora sensible en el acceso, retención y calidad de la educación, poco podremos hacer frente a los avances tecnológicos y un mundo globalizado, que demanda conocimientos y competitividad; es decir personas con capacidad para resolver diversas y complejas situaciones que se presentan a lo largo de su vida, y con sensibilidad social, que conlleve al desarrollo humano sostenible y equitativo.
Ahí está el reto. Veremos la capacidad de repuesta de las nuevas autoridades y de los organismos de sociedad civil.
* El autor es miembro de la Coordinadora Civil cordquin@ibw.com.ni 
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