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Homenaje
PAC el mejor después de Darío
Nicasio Urbina*
La noticia de la muerte de Pablo Antonio Cuadra ha llenado de luto los corazones de los nicaragüenses y de todos los lectores de lengua española. No fue la suya una muerte inesperada, acaso tampoco prematura —aunque toda muerte lo sea—, pero su vida y su obra dejan una historia y un legado de enorme importancia para nuestras letras. Si Darío es el poeta que universalizó a Nicaragua, y le dio a América Latina una proyección mundial que para 1900 no tenía, Pablo Antonio Cuadra es el poeta que le dio a Nicaragua una voz propia y auténtica, expresando en palabras simples y símbolos plurívocos, la complejidad del ser nicaragüense, la contradicción y el sentido del mestizaje, la conjunción de fe y poesía, la búsqueda de la belleza en la justicia, la independencia de pensamiento y la responsabilidad de la acción. No hay, a mi juicio, en la literatura nicaragüense, obra más sólida y más sostenida que la de PAC.
La importancia de las obras literarias no puede medirse por las ediciones y los tirajes, ni por la iconografía del poeta, ni por sus tumultuosos recitales. Hay muchos otros factores, imponderables a veces, que determinan el alcance y la envergadura de los textos. Las modas pasan, y como las revoluciones, los poemas que ayer recitábamos de boca en boca terminan siendo una nota al pie de la olvidada historia. El genio a veces traiciona al pensamiento, y la algarabía se confunde acaso con la profundidad. La obra de PAC, esculpida a cincel lento y trabajoso, refleja toda una vida dedicada al arte, al pensamiento y a la nación. En PAC no hay juego, no hay transición ni hay truco, cada metáfora que rompe la envoltura del lenguaje, lo hace con el interés de conocer la verdad que hay detrás de los significantes, no en pos de un significado ciego “á la Lacan” o de un golpe poético “á la Mallarmé”, sino en pos de la esencia del ser humano, de su desnudez y de su condición central y marginal al mismo tiempo, contradictoria y compleja.
No voy a repasar en esta breve nota la vasta producción literaria de PAC. Panegiristas y biógrafos mejor informados darán cuenta de sus múltiples contribuciones, hoy voy a limitarme a tres de sus entregas. “Poemas nicaragüenses” (1934) es claramente uno de los libros más importantes de la literatura nacional, tanto por sus intereses estéticos, como por su insistente búsqueda de la esencia de la nacionalidad, así como por sus posiciones ideológicas. “Poemas nicaragüenses” abre una nueva época en la literatura de Nicaragua, rompe con la estética posmodernista, se preocupa por encontrar los valores nacionales y darles estatura poética, y lleva a cabo un inventario de los elementos determinantes de la nacionalidad. Es sorprendente pensar que un joven de escasos veinte años, haya sido capaz de contribuir a la literatura de su país como lo hizo entonces el poeta Cuadra. Otro de sus libros fundamentales, “Por los caminos van los campesinos”, obra teatral en cuatro cuadros y un epílogo, estrenada en 1937, es el primer texto de nuestra historia literaria que se pronuncia en contra de la guerra, la manipulación del campesinado por parte de las élites políticas, la expropiación de sus tierras y el abuso sexual. En este sentido, “Por los caminos van los campesinos” es una obra revolucionaria, subversiva, que atenta contra las estructuras de dominación hegemónica de clase, y que se sitúa en la vanguardia de la lucha por la justicia social en Nicaragua. Para terminar, quiero citar sus “Biopoemas”, publicados recientemente en el número 42 de El pez y la serpiente, donde la palabra poética y la memoria se juntan para dar cabida a un acto poético-narrativo, que recreando la vida del poeta, recrea a la vez un universo, una historia y una poética. Más de setenta años de labor literaria, de silenciosa y humilde labor literaria, dedicado no a cultivar una imagen sino a cultivar una poética, es el legado histórico de Pablo Antonio Cuadra. Las biografías literarias y las memorias son a menudo mentirosas, el poema dice más de los poetas que su biografía en varios tomos. Recuerdo ahora el poema penúltimo de “Cantos de Cifar y del Mar Dulce” que dice “Un remo flotante / sobre las aguas/ fue tu solo epitafio”. Vos, PAC, nos dejás por epitafio una de las obras más importantes de la literatura nicaragüense.
*Profesor de Tulane University. |
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