Blanco y negro
El comal le dice a la olla…
Eduardo Enríquez eduardo.enríquez@la prensa.com.ni
Cuando se pretende defender lo indefendible se termina diciendo locuritas. Es el caso del muy pronto ex Presidente de la República, doctor Arnoldo Alemán, quien al parecer va a ser víctima de su propios dichos. Él siempre dice que el que escupe al cielo, le caen los escupitajos —uno de sus dichos menos simpáticos por cierto—, y parece que eso le está pasando.
Ahora que le apareció un adversario de su bancada para pelearle sus pretensiones de convertirse en el próximo presidente de la Asamblea Nacional, don Arnoldo sale diciendo que está seguro que el diputado Jaime Cuadra no va a correr largo. Su argumento: “Si él recibe cinco o seis votos liberales y 38 sandinistas, Jaime (Cuadra) renuncia. No va a ir montado en los hombros ni en las ancas del FSLN”.
¡Qué bonito! ¿Y por qué no? ¿Es que acaso el mismo Alemán no estará a partir del 11 de enero sentado en una curul del Parlamento, llevado ahí en los hombros y las ancas del Frente Sandinista? Particularmente de su socio en el Pacto, don Daniel Ortega.
Pero Alemán, como buen zorro de la política criolla, no anda muy lejos en su advertencia. Aparentemente la gente que está impulsando la candidatura de Cuadra, y el mismo candidato, tienen sus reservas en cuanto a llegar a la presidencia de la Asamblea con los votos sandinistas y una bancadita liberal; pero eso, en parte, es resultado de un concepto mal entendido de lo que es la democracia republicana.
¿Qué es la democracia republicana sino una constante negociación? Un pacto constante entre las fuerzas políticas. Lo que pasa, es que aquí se ha negociado para obtener prebendas y ventajas partidistas o personales. Un claro ejemplo es esa diputación regalada al señor Alemán.
Pero la verdad es que en Estados Unidos, que es la democracia que nosotros tomamos como ejemplo, el Ejecutivo y el Congreso (que frecuentemente son controlados por partidos distintos) a cada rato pactan para avanzar los proyectos de uno u otro partido. Son las famosas iniciativas “bipartidistas” que los estadounidenses tienen en tan alta estima.
Y esa negociación incluso se ve entre los mismos congresistas. Pero la negociación generalmente va sobre la línea de: “yo te doy mi voto para impulsar esa ley que beneficia a tu estado (o distrito) y vos me das tu voto para este proyecto que beneficia al mío”. Con eso, los representantes y senadores regresan orgullosos a sus distritos o estados a demostrar que son capaces de impulsar proyectos que benefician a los votantes, y por ende, son reelectos.
La gran diferencia aquí es que la negociación va más o menos así: “yo te doy mi voto para tu candidatura a magistrado y así tenés un buen pegue seguro por los próximos siete años, y vos me das tu voto para impulsar esta ley que ‘el Hombre’ quiere”.
Con eso, el diputado va donde “el Hombre” y le demuestra que es capaz de legislar en beneficio de él; por ende, se asegura un buen puesto en la lista de diputados de las próximas elecciones y es reelecto. La diferencia es abismal.
Pero vamos más allá de la simple elección de la directiva parlamentaria. Ya todos sabemos que la agenda legislativa que impulsará la administración Bolaños será beneficiosa para Nicaragua: reforma a la Ley de Inmunidad, Ley de Acceso Ciudadano a la Información Pública, e iniciativas para despartidarización de los Poderes del Estado, para mencionar algunas.
Yo prefiero que esas leyes pasen con los votos sandinistas a que se queden estancadas por los votos alemanistas, o peor aún, que simplemente queden engavetadas en el escritorio de Alemán como presidente del Legislativo. Alemán necesita todo ese andamiaje que Bolaños pretende desmontar para garantizar su sobrevivencia política.
El gran “pero” es qué van a demandar los sandinistas a cambio. Algo habrá que darles, pero también en esa bancada debe haber un sector que entienda que el fortalecimiento de las instituciones del Estado le conviene al partido, pues le permitirá deshacerse del cadáver político que llevan como candidato cada cinco años, y de la nefasta argolla que lo rodea.
El punto es que así como se utilizó la estrategia del Pacto para pasar malas leyes que hicieron retroceder la democracia, igualmente se puede utilizar para pasar leyes buenas que fortalezcan el sistema.
Y no tengan miedo de lo que pueda decir el comal, que más sucio está él. 
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