Especial
“O salimos de la crisis o baño de sangre”
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 | Eduardo Duhalde confirmó la devaluación del peso y pide poderes especiales para salvar a la Argentina de su peor crisis en la historia moderna. Desde ya anuncia que protegerá la industria nacional, exhortará a comprar productos locales y revisará las privatizaciones de los años 90. “Estamos fundidos. Es razonable defender el trabajo argentino”, expresa. |
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El presidente Eduardo Duhalde lidiará con una economía inmersa en la recesión, con el profundo descontento social. |
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Agencias
BUENOS AIRES Y REDACCIÓN CENTRAL(*).- El presidente Eduardo Duhalde anunció este viernes que habrá una devaluación en Argentina y dijo que si la crisis económica y social empeora podría haber “un baño de sangre”.
“Estamos quebrados, estamos fundidos”, dijo Duhalde en un discurso ante empresarios y sindicalistas en la residencia presidencial de Olivos, en las afueras de Buenos Aires. “La devaluación está descontada que va a haber en el país”, expresó Duhalde, en la única medida concreta que anunció, sin especificar a cuánto alcanzaría.
Insistentes versiones de prensa estiman la devaluación entre el 30% y el 40%. Fuentes legislativas indicaron que se fijará a 1.35 peso por dólar.
Duhalde pidió al Congreso poderes especiales para devaluar y para proteger al consumidor del alza de tarifas, al tiempo que preconizó la defensa de la industria nacional para sacar al país de la crisis y evitar “un baño de sangre”.
El proyecto que asestará la puñalada final a la paridad de uno a uno entre el peso y el dólar, establecida por la Ley de Convertibilidad desde 1991, sería discutido por el Congreso el viernes y el sábado, precisó el mandatario.
En el proyecto de ley enviado a los legisladores, el Gobierno pide facultades para fijar una nueva “relación de cambio entre el peso y las divisas extranjeras”.
El gobierno solicitó también al Parlamento facultades especiales para enfrentar una “emergencia pública” por dos años, en materia económica, financiera y cambiaria.
RENEGOCIAR PRIVATIZACIONES DE EMPRESAS PÚBLICAS
Por eso, pide autorización para “renegociar los contratos” de los servicios públicos privatizados en la década del 90 y establece que se tendrá en cuenta “el impacto de las tarifas en la competitividad de la economía y en la distribución de los ingresos”.
La inminente devaluación provocó una remarcación de precios y desabastecimiento de productos, incluido medicamentos.
“Tenemos que proteger lo que nos queda para empezar a cambiar el rumbo, porque el proceso de desnacionalización ha sido tremendo”, dijo Duhalde, exhortando a comprar productos nacionales.
“Es razonable defender el trabajo argentino, como lo defienden todos los países del mundo” que han sido “exitosos” en la gestión de su economía, apuntó.
Argentina aplica desde la década pasada un modelo de liberalismo a ultranza, al cual muchos críticos culpan de la bancarrota económica.
MÁS INTERVENCION ESTATAL
Duhalde es visto con sentimientos mixtos. Para sus partidarios, y, seguramente para una gran parte de la desesperada población argentina, es la única tabla de salvación posible. Pero otros le miran con suma cautela.
Mucho antes de que la economía hiciera “bang”, Duhalde predicaba contra un “exhausto” modelo de economía de libre mercado.
Su ascensión como el quinto presidente argentino en dos semanas, significa que el país “deja tras de sí las políticas de libre mercado de la década pasada y empieza a moverse hacia un modelo que es más proteccionista y más orientado hacia adentro”, sostuvo Martín Redrado, un consultor económico en Buenos Aires.
“Eso quiere decir un gobierno más involucrado en la economía y más inclinado a las regulaciones”, añadió Redrado, citado por el diario The New York Times.
Argentina vivió el mes pasado dos levantamientos populares, el primero de los cuales, con saqueos de comercios y “cacerolazos”, dejó 30 muertos y provocó la caída de De la Rúa, el 20 de diciembre. Otro cacerolazo, diez días más tarde, precipitó la renuncia del presidente provisional peronista Adolfo Rodríguez Saá.
EL PAPEL DEL FMI
La crisis de la tercera economía latinoamericana sugiere interrogantes sobre la actuación de los organismos financieros internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Unos críticos achacan al FMI y a su accionista principal, Estados Unidos, gran parte de la culpa de lo sucedido. Sostiene que el organismo condenó a Argentina al fracaso, al imponerle un duro régimen de recortes de gastos y de aumentos tributarios para obtener nuevos créditos, justo en el peor momento: en la mitad de una recesión económica.
Desde la otra acera, otros señalan que el enfoque de no intervenir en el asunto fue perjudicial, en contraste con la política de la administración Clinton que usaba amenazas políticas y promesas financieras para poner a los países afectados en línea con la política de Washington, según un análisis del diario Washington Post.
Los partidarios de soluciones conservadoras afirman que el FMI continuó prestando dinero a Argentina, aún cuando era claro que la suspensión de pagos y una devaluación serían inevitables, y que un rescate de 11,000 millones de dólares aplicado en los dos años pasados, fracasaría.
Funcionarios del Fondo niegan responsabilidad alguna. Arguyen que estaba en una situación sin salida, entre posiciones oficiales de un gobierno electo que rechazaba las medidas más duras propuestas por el Fondo, y por otro lado, con la opción de apoyar un plan argentino que sabían que no funcionaría.
“No creo que el FMI haya hecho algo equivocado en este caso”, dijo Jeffrey Sachs, un constante crítico del FMI y director del Center for International Development de la Universidad de Harvard. “Los argentinos tomaban las decisiones, pero lo que pretendían hacer era simplemente imposible”.
Caroline Atkinson, ex funcionaria del FMI, opina que “no creo que un FMI más acomodaticio o más severo habría ayudado en el caso”, según la cita el Post. Estimó que todo fue una combinación de mala administración, mala suerte y desoír consejos.
(*) Resumen y traducción del inglés: Alberto L. Alemán alberto.aleman@laprensa.com.ni
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