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SáBADO 5 DE ENERO DEL 2002 / EDICION No. 22602 / ACTUALIZADA 07:57 am
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Partidismo contra patriotismo

La divergencia entre el Presidente de la República electo, ingeniero Enrique Bolaños, y el Presidente saliente, doctor Arnoldo Alemán, por el color político -partidista o patriótico- que debe tener el acto público de transmisión del mando presidencial del próximo jueves 10 de enero en el Estadio Nacional, es de enorme significación para todos los nicaragüenses.

Esta divergencia se deriva de que el aún Presidente de la República, Arnoldo Alemán, pretende que la ceremonia pública de investidura presidencial de don Enrique Bolaños sea un acto político del Partido Liberal Constitucionalista (PLC), con una concurrencia integrada por militantes y agitadores vestidos con el color rojo partidista; en tanto que el Presidente electo, con toda razón trata de que sea una ceremonia republicana, respetable y solemne, de carácter nacional y esencialmente patriótica, ajena a sectarismos partidistas de ninguna clase y con una concurrencia de personas ataviadas con los colores azul y blanco de la Patria.

Al parecer al presidente Arnoldo Alemán no le importa o quiere deliberadamente perjudicar la imagen de don Enrique Bolaños, y la convocatoria a centenares de inversionistas extranjeros que vienen a ver si es cierto que en Nicaragua hay las condiciones apropiadas para invertir, y quienes seguramente se van a decepcionar al ver un deplorable espectáculo de mezquino sectarismo partidista. Da tristeza reconocerlo, por Nicaragua, pero el presidente Alemán parece estar empeñado, hasta el último momento de su mandato, en ser abogado de las malas causas, en dividir a la nación como si él fuera un faccioso político, en vez de unirla como es la obligación política y moral de un estadista. Sin embargo, abrigamos la esperanza en que la mayoría de los participantes en el acto del 10 de enero no cumplirán el insensato ordeno político del presidente Alemán, sino que atenderán el llamado patriótico del Presidente electo don Enrique Bolaños; y que por lo tanto, lucirán ese día los colores azul y blanco de la bandera de Nicaragua y no el rojo partidista del PLC.

Ser miembro de un partido político y sentirse orgulloso de su color y demás símbolos externos, no tiene nada de malo. La organización política de la sociedad democrática moderna se basa precisamente en la existencia y el funcionamiento de los partidos, que son instituciones e instrumentos inevitables para que se manifieste la voluntad política de los ciudadanos y que éstos participen en la elección de las autoridades y en la integración de los poderes públicos. Pero después de la elección democrática de las autoridades gubernamentales, el gobierno elegido no es del partido que lo postuló, sino de toda la nación, inclusive de quienes votaron por los otros partidos, pues gobernar de acuerdo con los intereses y las conveniencias de un partido -aunque sea el mayoritario que ganó la elección-, socava los cimientos de la democracia, fomenta los odios partidistas, pervierte la convivencia nacional, divide a la sociedad, y conduce a la violencia sectaria y a la lucha fratricida.

En tiempos de la dictadura somocista el color rojo de la bandera del Partido Liberal se le imponía groseramente a toda la sociedad, y los ciudadanos libres soñaban con una Nicaragua en la que ondeara únicamente la bandera azul y blanco de la Patria. Pero sobrevino la dictadura sandinista, y entonces el color rojo y negro de la bandera del FSLN fue impuesto a todos los nicaragüenses; inclusive, al pabellón de Nicaragua se le humillaba colocándolo a un lado inferior del estandarte sandinista. Y sólo cuando se puso fin, mediante las elecciones libres de 1990, al autoritario régimen sandinista, Nicaragua resplandeció con los colores azul y blanco.

Desafortunadamente el gobierno del presidente Alemán volvió a imponer el odioso sectarismo partidista. Sin embargo ahora el Presidente electo, don Enrique Bolaños, quiere terminar con esa primitiva imposición, para que los nicaragüenses se cobijen sólo con el sagrado manto azul y blanco de la bandera nacional. Y este loable esfuerzo patriótico del Presidente electo de la República merece ser apoyado por todos los nicaragüenses libres y democráticos, que sin dudas son la mayoría del país, porque Nicaragua no debe ser más manoseada por ningún partido político y el Presidente de la República es mandatario y representante de toda, absolutamente toda la nación.  
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