Carta a Pablo Antonio Cuadra
Carlos Mántica Cuadra cmant@ibw.com.ni
Enero 2, 2002 “La noche ya está llena de gallos… y con sus preguntas va naciendo el alba”
Hace apenas dos días, el último día del 2001, mientras leía por enésima vez una vieja edición de tu libro EL NICARAGËENSE, me recordaba a mí mismo que me agradaría mucho y que tenía pendiente escribirte una carta, con la esperanza de entregártela personalmente en tu lecho de enfermo…
El Señor no lo quiso así, y ahora escribo estas líneas escuchando en la radio la noticia de tu muerte. Una enorme pérdida para Nicaragua, dicen. Un gran poeta… escritor… artista… filósofo, un visionario…
¡Cuántas cosas se podrán decir de vos, Pablo Antonio! ¡Y cómo tocaste las vidas de tantos que ahora lloran tu partida!
Para mí, sin embargo, aparte de lo que puedan decir de vos los poetas y literatos, periodistas y otros eruditos, lo más importante es que sos y seguirás siendo la CONCIENCIA, el pensamiento de nuestra tierra, de nuestra Nicaragüita, como cariñosamente la llama Carlos Mejía.
Vos nos enseñaste a amarla… a conocerla… vos nos dijiste las verdades, nuestras verdades, que nadie más decía. Te adentraste hasta lo más íntimo de nuestra nicaraguanidad y desglosaste el alma misma de nuestro ser itinerante, errabundo, yoquepierdista y guatusero. Descubriste a nuestro Guegüense interior, y nos lo devolviste como si estuviéramos frente a un espejo.
Más que eso: Hiciste de tu vida misma una jornada de enseñanza sobre el ser nicaragüense. Te convertiste en nuestra conciencia misma. Me comentaba alguien de cuánto, en los años recientes, le hacían falta tus ESCRITOS A MÁQUINA. Así fuiste formando, a través de tus escritos y de tu vida misma, de tu ejemplo, a toda una generación de compatriotas. Porque fuiste faro y luz para un pueblo perdido, inquieto y ávido de guía.
No como poeta, o pintor, o crítico de arte. No como escritor o literato o miembro de la Real Academia. Sino como humano. Como maestro, como evangelizador laico, dispersor de valores. Por compartir con nosotros tu vida misma.
Por enseñarnos a través de tus propios aciertos y errores humanos. Por pintarnos una y otra vez en el lienzo de lo cotidiano, de lo esencial de nuestro ser. Por enseñarnos a enorgullecernos de quienes somos.
Ahora que el Maestro de Maestros te ha llamado a su lado, dejas a una Nicaragua ávida de identidad de paz y de justicia.
Sabemos que ese legado de cariño, de humildad y sencillez, de amor a lo nuestro en toda su expresión que nos dejas, logrará que día a día vaya germinando y creciendo esa semillita de orgullo en la tierra fértil de nuestro corazón. Esa semillita que todos los nicas hemos llevado dentro por tanto tiempo, relegada por los tiempos y los acontecimientos de nuestra historia.
Ojalá que esta tierra que ahora te abraza y te recibe, nos hable y nos recuerde cada día de tus enseñanzas y que te veamos en cada atardecer en nuestros lagos, en cada paraje de nuestra tierra, en cada hermano nicaragüense. Que ahora cada uno de nosotros seamos portadores de tu estandarte de luz, de civilismo, de humildad, de Cristianismo, de paz y de hermandad
Esta noche, como a Piolín, los gallos cantan su “Dónde estaraaaa….” Y Nicaragua entera contesta a una sola voz. Porque estás en cada uno de nosotros.
Descansa Maestro, que ahora nos toca a nosotros: ¡Nicaragua vela por vos!
Tu “Pájaro Loco” 
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