Argentina en su laberinto
Eduardo Amador McCoy eduardoamador@peru.com
Quizás como evocando el sentimiento más puro de la tragicomedia latinoamericana, Argentina colapsa bajo el peso de su propia inconformidad. La otrora tierra de la santa de los descamisados y de la bonanza económica de principio del siglo XX cae estrepitosamente y sin remedio, los principales actores: un pueblo harto de la corrupción y demagogia de sus gobernantes, y una clase política indiferente ante la realidad imperante en el país sudamericano.
En el hoy político de Argentina se torna imperativo un gobierno no sólo de “salvación” sino de unidad nacional, en el cual el amplio espectro de la representatividad denote una voluntad legítima por salir de la crisis.
El Justicialismo y la Unidad Cívica Radical necesitan encabezar lejos de cualquier espíritu de arrogancia partidaria, un acuerdo de gobernabilidad en el que inevitablemente se incluya a los organismos financieros internacionales; pretender congelar los pagos de la deuda externa sin tener que sentir efectos económicos devastadores, es una quimera propia de mentes equivocadas como la de aquél que durante cuarenta años ha obligado a su pueblo a vitorear consignas de espalda a una realidad incuestionable en donde las sociedades de hoy poseen derechos y libertades pero también deberes.
El populismo, aunque es un recurso puramente ilusorio, no deja de ser altamente peligroso e irresponsable, sobre todo cuando el colapso económico amenaza con endeudar aún más, no sólo a propios sino a toda una región que carga sobre sus hombros el efecto del tristemente célebre “Argentinazo”.
Nunca antes fue necesario concertar, priorizando intereses de nación, la clase política argentina está hoy cara a cara con la historia, la diferencia entre actuar responsablemente o demagógicamente se verá con resultados inmediatos en las actuales circunstancias los elogios de confundidos estadistas, por no decir otra cosa, no pasan de ser una broma macabra frente a una realidad altamente dolorosa. 
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