“El Señor de los Anillos”
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 | Le sobraba altura y le faltaban pies. Pero Elijah Wood logró hacerse con el papel de Frodo, el héroe de la trilogía “El Señor de los Anillos” |
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Cables combinados
El recuerdo de las molestas prótesis de pies que tuvo que utilizar durante el año de rodaje de la trilogía de “El señor de los anillos” aún persigue a Elijah Wood, encarnación cuasi perfecta de Frodo Bolsón, el hobbit que, según Tolkien, liberó la Tierra Media del oscuro poder de Sauron. Como para conjurar las huellas de aquellas aparatosas (y peludas) extremidades falsas, contesta a las preguntas descalzo, cómodamente aposentado sobre el verde cesped de un château en las colinas de Cannes, desde el que promociona la primera parte de la trilogía de El señor de los anillos, La compañía del anillo, dirigida por Peter Jackson.
Elijah, un chico menudo, de estructura ósea extremadamente armónica, rostro infantil y grandes ojos azules, no parece ser consciente de la celebridad que se le viene encima. A sus 20 años, es ya todo un veterano del cine ya que debutó a los ocho años.
Háblanos del martirio que te supuso tu caracterización.
Bueno, no hay que exagerar. Más que un martirio, fue una pesadez, porque me privaba de una hora de sueño durante los 274 días que estuvimos rodando. Tenía que levantarme a las cinco de la mañana, una hora antes que los demás, sólo porque la aplicación de las dos prótesis peludas que transformaban mis pies en los de un hobbit requería casi 90 minutos. Lo peor es que sabía perfectamente que en la mayor parte de las escenas no se iban a ver. Yo le decía a Peter (Jackson): «Hoy dejamos mis pies en paz, ¿vale?». Y él contestaba: «Nunca se sabe lo que puede ocurrir, ponte las prótesis y a ver qué pasa». La verdad, si me preguntas cuál es mi peor recuerdo de este inolvidable rodaje te diría que llevar las extremidades inferiores de Frodo.
¿Qué crees que va a significar la trilogía de El señor de los anillos en la historia del cine?
Sé que todas las comparaciones, en cuanto a influencia futura, van hacia La guerra de las galaxias. De hecho, existen varios elementos comunes a los dos filmes: el nacimiento y forja de un mito, Luke Skywalker y Frodo Bolsón; una gran aventura en mundos no conocidos, galáctico y mítico; la épica y, sobre todo, la inevitable lucha entre el Bien y el Mal. Sin embargo, me temo que Frodo, ese fumador de pipa tan pequeño, se aleja mucho del estereotipo de americano rubio, pulcro por dentro y por fuera y aficionado al pastel de manzana que representa Luke Skywalker. Y lo digo con todos mis respetos.
¿No te dan miedo las críticas tan excepcionales que ha recibido el filme? Algunos hasta lo califican de obra maestra...
No sé si se ese adjetivo se ajusta a la definición de obra maestra (ríe y entrecomilla las palabras con los dedos de las dos manos) . Sólo puedo decir que se trata del proyecto en el que se involucró la gente más apasionada que jamás he visto jamás en un plató, empezando por el productor, que se atrevió con el rodaje simultáneo de las tres películas, y por el mismo Peter Jackson. Para mí, tanto profesionalmente como en términos personales, el rodaje ha sido un verdadero periplo espiritual. Como trabajo, fue toda una aventura, nada menos que mostrar en un espejo uno de los libros más amados y venerados del siglo XX, pero también ha supuesto un viaje de autodescubrimiento. Creo que después de una infancia normal y feliz, pese a las películas y gracias a los esfuerzos de mi madre, he alcanzado la edad adulta a través a una experiencia que jamás podré repetir.
Vives en Hollywood, pero no sales, no se te ve en los papeles, no se te conoce ningún romance. No pareces en absoluto corrompido por el estilo de vida de las jóvenes estrellas...
Es gracias a mi madre. Cuando vio que yo tenía futuro como actor, fue decisión suya que nos instaláramos en Hollywood. Esta ciudad es como cualquier otra, incluso más fea, y llena de gente haciendo posturitas. ¿El joven Hollywood? No sé muy bien a qué te refieres. Supongo que se trata de una serie de personas ansiosas que saben que pronto serán reemplazadas por otras jóvenes promesas. Yo sólo soy un actor. Mi propósito es actuar y tener una vida normal y honesta.
John Ronald Reuel Tolkien es un raro ejemplo en el mundo literario. Formado como escritor en las cultas esferas de prestigiosas universidades inglesas, su obra fue mucho más valorada por el público medio, no iniciado, que por sus doctos colegas. Fue sin duda un avanzado de su tiempo.
Ya en 1917, mientras convalecía de las heridas causadas en la Primera Guerra Mundial en Francia, andaba dando vueltas a ‘El silmarillón’, la cosmogonía que precede a las aventuras de ‘El hobbit’ y ‘El señor de los anillos’.
Su infancia no fue demasiado feliz. Nacido en Suráfrica en 1882, se instaló a los pocos años en Inglaterra, a donde viajó su madre tras la prematura muerte de su marido, Arthur. La desdicha prosiguió: su madre falleció al poco tiempo víctima de la diabetes, y desde entonces creció bajo la tutela de una antipática tía.
A los 16 años trabó amistad con una mujer, Edith Bratt, que desembocó en un apasionado amor. Pero su círculo social les obligó a dejar de verse hasta que Tolkien alcanzase los 21 años. La guerra de 1914 irrumpió en sus vidas y volvió a separarles.
‘El señor de los anillos’ se convierte en una lectura de culto en los años sesenta, en los que la generación de la contracultura lo adopta como uno de sus paradigmas. Tolkien vive de las rentas el último tramo de su vida —se ha retirado de la cátedra de Oxford en 1959—.
En 1971 muere Edith, y dos años después, a los 81 años, él. En 1972 recibe la Cruz del Imperio Británico de manos de la reina de Inglaterra. 
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