Sabor popular en fin de año
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 | Catarina finalizó el 2001 con la tradicional fiesta a su santo patrono, San Silvestre |
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Esta improvisada “Rueda Chicago”, es impulsada por la fuerza humana, dos hombres sustituyen el tradicional motor. |
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María Antonia López M. maria.lopez@laprensa.com.ni
CATARINA, MASAYA.- Las fiestas de fin de año no solamente se caracterizan por la culminación de un período anual más, sino como parte del acervo cultural que caracteriza a los poblados de Nicaragua.
La ocasión para celebrar es el patronato de San Silvestre Papa, en el municipio de Catarina, santo que durante una semana es venerado por los fieles católicos.
Pero el apacible y solariego pueblo de Catarina, este 29 se vistió de gala. A las seis de la tarde desde una ramada por demás dotada con abundantes frutas y verduras, la imagen fue venerada para salir de allí sobre una carroza, con una docena de niños que ataviados igual que el santo, le acompañaron hasta la Iglesia.
Durante el trayecto, la imagen fue antecedida y precedida por grupos de filarmónicos, mientras los fuegos artificiales anunciaban la pronta cercanía de la imagen al atrio de la Iglesia que se llenaba cada vez más de habitantes del poblado y de otros municipios vecinos.
San Silvestre fue desmontado de su carroza y alzado por los cargadores tradicionales para entrar a la Iglesia colonial, estilo barroco que data desde el siglo XVII.
El sonar de los “chicheros”, los vivas y aplausos, se escuchaban en el interior del templo donde el sacerdote esperaba paciente para concelebrar la tradicional misa.
En las afueras, las personas que no lograron ingresar se acomodaron en el graderío esperando la conclusión del oficio religioso.
Las campañas empezaron a repicar y los pobladores esperaban con ansiedad una de las partes más emotivas de esa noche: los juegos de pólvora.
Los agüisotes salieron de sus escondites, jóvenes luciendo trajes negros con máscaras monstruosas, la cegüa y otros representando la muerte, danzaron al son de los chicheros, mientras los toros encohetados se desplazaban por la plaza haciendo correr a los presentes. En tanto, en el cielo destellos continuos de luces de colores estallaban anunciando que el santo empezaría su recorrido por las calles del pueblo, una travesía que concluiría en la ermita hasta las primeras horas de la madrugada. 
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