Managuas dijeron adiós al año viejo
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 | A pesar de la poca afluencia de personas en las calles de la capital y la carencia de la tradicional cena familiar en las mesas de algunos hogares, los managuas despidieron el 2001 al resonar de juegos pirotécnicos, con la gran esperanza de un mejor año nuevo |
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Este pasado 31 de diciembre decenas de feligreses sin distinción de fe y rango social se unieron en un solo sentir en la Catedral de Managua para presenciar la misa de despedida de año, dirigida por Su Eminencia, Cardenal Miguel Obando. |
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Loyda Padilla Alemán ESPECIAL PARA LA PRENSA nacionales@laprensa.com.ni
En un ambiente lleno de música, luces, cenas y calor familiar, los nicaragüenses despidieron este 31 de diciembre entre lágrimas y risas el año 2001. Mientras los devotos católicos celebraban la despedida del año con una solemne eucaristía ofrecida por Su Eminencia Cardenal Miguel Obando y Bravo en la Catedral nueva de Managua, las iglesias evangélicas eran abarrotadas por sus fieles, a fin de dar gracias a Dios por sus bendiciones durante todo el año.
Católicos al igual que protestantes y cada uno según su fe, dieron gracias a Dios por la llegada de un año nuevo. Por una parte los católicos con fe de mejoras para Nicaragua, se dirigieron a sus capillas para rezar e implorar a Dios les conceda su petición, y por otro lado los protestantes llenos de fervor elevaban oraciones y cantos de acción de gracias por las múltiples bendiciones del Altísimo.
A pesar de la pobreza que aqueja a Nicaragua, en muchos hogares no faltó la tradicional cena familiar, y al calor de tragos, mariachis y amigos, las familias disfrutaron una noche inolvidable.
En el hogar de la familia Miranda Amaya se respiraba un aire totalmente especial y feliz, pues todos se unieron para contar cada uno los buenos y malos recuerdos que dejaron atrás, junto al año que se fue y armonizar la noche con música, ron, anécdotas y risas.
“Gracias a Dios la pasamos muy bien, pero lo importante es que estamos juntos y con salud”, expresó con mucho entusiasmo la señora Esvetlana, que tuvo la dicha de reunirse y despedir el año junto a su familia en el Barrio Monseñor Lezcano.
QUEMANDO AL AÑO VIEJO
Y al igual que en la casa de esta familia, por muchos barrios de la capital se observaba muñecos rellenos de trapos, sobre sillas o colgados de alambres en medio de las calles, listos para ser quemados como símbolo de despedida.
Sin embargo otros con menos suerte sólo se tuvieron que conformar con ver pasar las horas, esperando la llegada del año nuevo. “Usted sabe que ahora con esta pobreza sólo alcanza para hacer a veces un tiempo de comida. Nosotros no hacemos cena de Navidad, ni de año nuevo, mejor hay que dejar esos rialitos para otras cosas”, manifestó con pesadumbre en sus ojos el señor Carlos Jarquín, del Barrio Julio Buitrago.
Con poca afluencia de adultos en las calles de la capital, la algarabía se dejaba ver por los muchos niños que permanecían en sus avenidas, quemando candelas romanas, cachinflines y triquitraques, entre tanto los mayores se servían de rones y reían por algún chiste que llegaba a sus oídos.
Por otra parte, para algunos más que la carencia de una cena de despedida, la tragedia pisó sus talones, pues mientras unos ingresaban a los hospitales con quemaduras, heridas y malestares provocados por enfermedades naturales, dos familias sufrieron un mal momento, cuando sus autos colisionaron en un cruce detrás de la Catedral, destrozando una buena parte del frente de sus vehículos. Sin embargo no hubo mayores daños, ni pérdidas humanas que lamentar. 
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