Recuerdos
La última gran noche de la Managua Preterremoto: El Homenaje a PAC en ocasión de sus 60 años
 |
|
|
Carlos Tünnermann y PAC en homenaje a sus 60 años. |
| |
Carlos Tünnermann Bernheim*
La noche del jueves 21 de diciembre de 1972, un día antes del terremoto que destruyó la ciudad de Managua, tuvo lugar en los jardines del Hotel Intercontinental Managua el homenaje que la intelectualidad nicaragüense le tributó al poeta Pablo Antonio Cuadra, con motivo de cumplir sus 60 años. Tuve el privilegio de encabezar el comité que organizó el homenaje, del cual también formaron parte el profesor Guillermo Rothschuh Tablada, el poeta Horacio Peña y el Lic. Julián Corrales Munguía. Por lo espléndido del homenaje puede decirse que fue la última gran noche de la Managua preterremoto, de la capital que un día después quedaría reducida a escombros.
El diario LA PRENSA que circuló por la tarde del día viernes 22 de diciembre y que, de acuerdo con la costumbre de entonces llevaba como fecha la del fatídico sábado 23 de diciembre publicó, en su primera página, la crónica del homenaje escrita por el ya fallecido periodista José Francisco Borgen, de la cual reproduzco los párrafos siguientes: “Una fiesta de alcurnia coronó los sesenta años de Pablo Antonio Cuadra. Una fiesta del más alto nivel, el nivel de la inteligencia y la cultura, en torno a quien quizás más les ha rendido en frutos ricos y fecundos, además de perdurables, en nuestra patria”... “Allí todos pensaban y hablaban en lengua nicaragüense para decir cuánto admiramos y agradecemos la inmensa obra nicaragüense de Pablo Antonio Cuadra: liberales, independientes constitucionalista y gobiernistas, conservadores, social cristianos, marxistas, y, a la cabeza, la Iglesia Católica nicaragüense y las tres instituciones universitarias de la nación”... “El Dr. Carlos Tünnermann Bernheim, más que un discurso leyó un extraordinario ensayo sobre Pablo Antonio Cuadra tocando todos los aspectos de su personalidad, como poeta, escritor, periodista, intelectual, y hombre que ha dado un testimonio completo en todos los aspectos de su quehacer humano”.
Estuvieron presentes, entre las muchas personalidades que asistieron al acto, además de los organizadores, el Dr. Arturo Dibar, rector de la Universidad Centroamericana; el Dr. Juan Bautista Arríen, vicerrector de esa universidad; el Dr. Norberto Herrera, director del Instituto Politécnico; la novelista Rosario Aguilar, Sergio Ramírez, Adolfo Calero Orozco, Fernando Silva, Dr. Ramiro Sacasa Guerrero, Dr. Pedro J. Chamorro, Ing. Ernesto Gutiérrez, Dr. Mario Flores Ortiz, Rodrigo Peñalba, Padre Edgar Parrales, Dr. Pedro J. Quintanilla, Lic. Jaime Morales Carazo, doctor Edgardo Buitrago, Mariana Sansón, Dr. Carlos Arroyo Buitrago, José Santos Rivera, Fidel Coloma, Dr. Enrique Peña Hernández, Jorge A. Cárdenas, Octavio Robleto, Gladis Miranda, Lászlo Pataky, Br. Octavio Rivas, Soledad Rostrán, Esperanza de Morales; doctores Emilio Alvarez M., Edmundo Mendieta, Ezequiel Robleto, Rodolfo Bolaños, Angel Navarro, doctores Rafael Paniagua Rivas, Juan Munguía Novoa, Roberto Calderón, Eduardo Zepeda Enríquez, Ricardo Borgen Marín y muchos más.
Al ofrecer el homenaje subrayé que se trataba de un reconocimiento a un poeta y a su canto: “Nos juntamos para patentizar nuestra admiración al poeta Pablo Antonio Cuadra, cuya obra, tras sesenta años de fecunda existencia y de indeclinable voluntad de dar testimonio de sí mismo, representa uno de los más singulares aportes el enriquecimiento cultural de nuestro país, vale decir, al desarrollo de los nicaragüenses en tantos hombres. No es este un homenaje más, de esos que la crónica oficial registra día a día y que el humor de nuestro Arcipreste Azarías H. Pallais irónicamente llamaría: ‘homenajes no-homenajes’. No nos hemos citado aquí para pregonar los altísimos méritos de ningún político o funcionario público. Tampoco para batir palmas por el éxito en sus negocios de ningún potentado. Que no nos congrega el cálculo sino la justicia. No nos convoca la adulación, que rebaja el espíritu, sino la poesía que lo eleva”.
Al agradecer el homenaje, Pablo Antonio, en párrafos de singular belleza, hizo el elogio de la amistad: “Debo confesar, con emoción y con qué profundo agradecimiento, que este acto sobrepasa su objetivo. La amistad ha crecido sus aguas, y la pequeña isla del poeta, con sus débiles méritos, ha quedado anegada, inundada por el número, la calidad y la consideración de quienes lo rodean en homenaje. No encuentro tierra en mí mismo donde poner pie, y si todos mis libros y mis escritos los coloco debajo de mí, siempre estas aguas me sobrepasan. Hablo, pues, con el agua de la amistad al cuello, con una dulce pero angustiosa sensación de ahogo que anudándome la garganta, me advierte: —Poeta, en este acto lo grande no es usted sino la generosidad de quienes lo agasajan. Lo digo con absoluta y agradecida sinceridad. Este homenaje me honra, me alienta, me renueva, pero va más allá de mí. Porque yo soy sólo una palabra escrita en el muro de la noche”. Ese muro lo derrumbó el terremoto dos días después... Pero la palabra de Pablo Antonio ha quedado para siempre escrita en el muro de nuestra memoria colectiva.
Al referirse a mi discurso, PAC tuvo frases muy generosas, que jamás olvidaré: “Me honra también, me halaga y tengo que hacer un esfuerzo para no caer en el orgullo, que el Rector de nuestra Universidad Nacional, tomándose un trabajo de discípulo nos haya regalado con un estudio de Maestro, y que haya cubierto con su calidad los pocos méritos de mi obra. Doctor Tünnermann: cuídese; usted lleva adentro un poeta. Quizás su agotadora labor o su alta investidura le han obligado a disimular a ese incómodo huésped; pero yo le vengo siguiendo los pasos y constantemente encuentro en sus escritos las huellas digitales de la poesía”.
Muchos años después, la generosidad de don Pablo Antonio lo movió a referir, al contestar mi discurso de ingreso en la Academia Nicaragüense de la Lengua, lo siguiente: “Hace 23 años —una noche antes del terrible terremoto que destruyó nuestra capital— contraje una deuda con Don Carlos Tünnermann, que aún no he pagado, cuando fue la voz de un homenaje por mi sesenta años y presentó un extraordinario análisis crítico de mi obra poética que me dejó admirado. Porque yo conocía al entonces Rector de la Universidad Nacional, como un versado humanista en la ciencia de la educación, mas no como un crítico literario que se sumergía en las profundidades de la expresión con la destreza de un poeta; tal que le dije: “¡Doctor Tünnermann: cuídese, usted lleva adentro un poeta!”.
*Catedrático, abogado y escritor. 
|