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VIERNES 20 DE DICIEMBRE DEL 2002 / EDICION No. 22948 / ACTUALIZADA 1:30 am
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Editorial
Diálogo nacional en perspectiva

El presidente Enrique Bolaños informó que a principios del año entrante convocará a un diálogo nacional. Al parecer, el primer mandatario considera necesario recomponer las relaciones del Gobierno con la clase política, el sector empresarial y la sociedad civil a fin de acometer el cumplimiento de las otras grandes metas que él se ha propuesto, ahora que el ex presidente Arnoldo Alemán está siendo juzgado por las acusaciones de corrupción y que probablemente será enviado a prisión.

La iniciativa del presidente Bolaños fue respaldada de inmediato por el Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep), el que por medio de su presidente expresó la opinión de que el diálogo nacional es necesario para que los nicaragüenses se dediquen a otras cosas y “dejen de ir a los juzgados”, y para que todos hagamos “acto de contrición”.

La contrición, como se sabe, es una actitud de conciencia mediante la cual el creyente católico, antes de confesarse, se arrepiente de haber pecado y ofendido a Dios. O sea que se trata de un asunto personal de carácter religioso que nada tiene que ver con un diálogo nacional, que es un mecanismo político para dirimir los conflictos socio-políticos de manera pacífica y democrática.

En realidad, un acuerdo nacional para “dejar de ir a los juzgados” se puede entender como abandonar la lucha contra la corrupción y dejar a los corruptos en la impunidad. Pero, al contrario, el único o al menos uno de los propósitos principales que justificarían la celebración de un nuevo diálogo nacional en Nicaragua, sería el de llevar hasta el fondo la lucha contra la corrupción y lograr que vayan a los juzgados todos los corruptos y sus cómplices, lo que es indispensable para afianzar un nuevo sistema de gobierno y de relaciones políticas y sociales basado en los principios básicos de la ética, en la integridad y la transparencia.

Ahora bien, el presidente Bolaños no explicó qué procedimiento piensa o planea usar para la convocatoria, conducción y desarrollo del nuevo diálogo nacional, ni la identidad de los probables participantes. Pero lo más probable es que lo haga por medio del Consejo Nacional de Planificación Económica y Social (Conpes), que muy bien le ha servido al Presidente durante este año para aplicar su estrategia de relaciones y consultas con los diversos sectores que integran la llamada sociedad civil.

Sin dudas que el planteamiento de diálogo nacional, quien quiera que sea el que lo haga, provoca de inmediato la tentación de la desconfianza y el rechazo, habida cuenta de que el último evento de ese tipo, que se celebró durante el gobierno del ex presidente Arnoldo Alemán, fue una payasada para distraer la atención pública mientras los capos del PLC y el FSLN fraguaban y consumaban el pacto para repartirse los cargos superiores y los recursos presupuestarios del Estado, y para pervertir mediante el control partidista prácticamente todas las instituciones del Estado.

Por supuesto que el hecho de que en el pasado el diálogo y el pacto político tuvieron propósitos negativos, e inclusive delictivos, no justifica descalificar de previo toda intención y convocatoria de negociación y acuerdos políticos. En realidad, el diálogo, la negociación y el acuerdo político son y serán necesarios siempre para resolver los conflictos de manera civilizada, para asegurar la convivencia pacífica, y para promover y fundamentar la cultura de la tolerancia y fortalecer las instituciones.

Quiérase o no, sandinistas y antisandinistas están condenados a ser nicaragüenses y a convivir en el mismo terruño nacional, y además, no pueden los unos hacer que desaparezcan los otros. Y por lo tanto tienen que tolerarse y entenderse, y nada mejor que hacerlo en condiciones honorables de respeto y transparencia, en función de los verdaderos intereses de la nación.

De manera que un diálogo para impulsar el entendimiento nacional con limpieza y dignidad, para reforzar la lucha contra la corrupción, para despartidizar las instituciones, para sanear la administración de justicia, para cambiar el sistema de elección de los diputados y reducir el órgano electoral; y en fin, para impulsar de verdad el desarrollo económico y social del país y el combate contra la pobreza, ese diálogo sí que sería necesario y valdría la pena apoyarlo.  
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