Entrevista
Alina Sálomon: “Reactivar el viejo centro de Managua”
Ezequiel D’León Masís
En su ensayo “Una enfermedad llamada Managua”, Pablo Antonio Cuadra escribió: “La ciudad es el rostro de la ciudadanía: se va imprimiendo en ella la gracia o la amargura, el vicio o el donaire de la vida, conducta e historia de la comunidad. Esta ciudad somos”.
Más que espontánea, la expansión anárquica de Managua, durante las tres décadas posteriores al terremoto de 1972, ha hecho de ella una mezcla de espacios urbanos tan disímiles como incoherentes.
Para la Doctora en Urbanismo, Arquitecta Alina Sálomon Santos, la ausencia de un verdadero centro estructural es una condición desventajosa para Managua, más aún si se piensa en aquellos obstáculos inseparables de la problemática social.
Desde su posición de vicerrectora de la Universidad Iberoamericana de Ciencia y Tecnología (UNICIT) y Coordinadora de la Facultad de Arquitectura del mismo centro de educación superior, Alina Sálomon conversa con LA PRENSA respecto al crecimiento, y ramificación de Managua y sus miras eventuales.
¿Cómo evalúa las circunstancias de la capital nicaragüense?
“En su desarrollo y estructura, Managua comparte problemas con el resto de capitales latinoamericanas, sobretodo problemas de concentración poblacional, la alta marginalidad urbana en la periferia o el constante cambio de uso de suelo, pasando de zonas habitacionales a zonas comerciales, a veces de manera espontánea y sin cumplimiento de las regulaciones. Managua, sin embargo, tiene algunas particularidades: al mismo tiempo de ser un sitio con gran valor paisajístico, tiene restricciones físico–naturales, está atravesada, al menos, por cinco fallas geológicas activas, presenta diferencias de topografía, sufre erosiones e inundaciones.
Obviamente, la Managua de hace cincuenta años no es la Managua de hoy, su densidad poblacional es otra y los problemas que antes eran menores se han maximizado”.
¿Han representado los terremotos oportunidades de desarrollo urbano?
“Con el terremoto de 1931, las autoridades gubernamentales, y municipales tuvieron el acierto de realizar una reconstrucción en el mismo sitio y mantener la estructura urbana.
Con el terremoto de 1972 no sucedió así, porque eran mayores las demandas. Por el contrario, el área central se encuentra, hasta hoy, semi-abandonada, con alrededor de 600 hectáreas. Se ha dado pie, más bien, a la creación de nuevos centros urbanos; así, el eje vial localizado en Metrocentro se ha transformado, por el dinamismo comercial, en el nuevo centro de Managua, pero han aparecido también otros ejes en sustitución del que debería ser. Eso es un aspecto negativo, Managua es la única ciudad sin centro”.
¿A qué se debe la no renovación de la estructura urbana después de 1972?
“El principal problema es el sociopolítico, entre otros. Reactivar el viejo centro de Managua es lo primero que debería asumir el gobierno, realmente existe una infraestructura desperdiciada, hay una trama de calles, una red vial; sin embargo, hay un decreto que no permite ni a los propios poseedores de terrenos, en ese sitio, hacer uso de ellos, sino sólo a través de una autorización de la propia Presidencia de la República. Creo que todavía es tiempo de asumir un rol por parte del Estado en cuanto a reactivar ese sitio. Reactivar significa permitir la inversión sin restricciones”.
¿Cómo se define Managua en su dispersión?
“El área urbana de Managua tiene alrededor de 170 kilómetros cuadrados, en la cual se conglomeran casi millón y medio de habitantes, según las estadísticas; esta población podría ubicarse en la mitad de esa área, como sucedería en otras ciudades. Tenemos grandes vacíos urbanos, y la ciudad sigue creciendo, obviando que dentro de esa mancha existen espacios disponibles. El temor posterremoto ha incidido en la distribución, y en la densidad poblacional. Son muy pocos los usos habitacionales en los que hay más de dos plantas, por lo que es novedad la aparición, en los últimos años, de edificios que sobrepasan los cinco pisos, como el Edificio Pellas.
Managua se hace una mancha muy cara, porque hay que dotarla de calles, redes de agua potable, energía eléctrica, servicio domiciliar de basura, y transporte. Creo que las autoridades, en conjunto con los gremios, las universidades y la población, tienen que ir rompiendo el temor y tratar de evitar esa dispersión”.
¿Esa desorganización refleja un rasgo cultural?
“Me atrevería a decir que sí. Managua es una de las ciudades de Centroamérica que, con más antigüedad, tiene planes de desarrollo urbano desde 1950, actualmente tiene un plan urbano, sin embargo, ese plan no se cumple porque ni los profesionales ni las autoridades hacen algo para cumplirlo”.
Se ha dicho que los edificios comerciales recientemente construidos en Managua son proyectados en el extranjero, sin tomar muy en cuenta el espacio ambiental de la ciudad… ¿Qué cree al respecto?
“Tener una referencia internacional es positivo, tampoco se trata de colocar modelos sin ningún tipo de cuido y análisis del entorno ambiental y físico. Los inversionistas tienen derecho a elegir quién les diseñe. Yo sí instaría a mejorar nuestra calidad de profesionales para que tengamos las posibilidades de brindar a cualquier inversionista la misma calidad que puede encontrar en el extranjero”.
¿Cual es la dificultad inmediata por resolver?
“La proliferación de los asentamientos espontáneos. Hay cerca de 270 asentamientos que utilizan casi un 45% del terreno total de la ciudad, de pronto más de la mitad de la ciudad va a estar conformada por asentamientos de esa naturaleza, a la par de los problemas que ya hemos mencionado. La imagen urbana es la de una capital en miseria con gran deterioro en el ambiente, la higiene y la salud.
La Ley 309 permite y obliga a las municipalidades a titular esos asentamientos espontáneos. Si bien el espíritu de la ley es ordenar, contrariamente, con la titulación se titula el desorden, se institucionaliza la no planificación, atentando contra los derechos de la mayoría, porque se están utilizando los mantos acuíferos, como está sucediendo en el sector oriental cerca de Sabana Grande, poniendo al agua potable en riesgo. En la medida que el problema de las viviendas no se atienda, la problemática de los asentamientos espontáneos continuará, y no sólo en Managua”. 
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