Blanco y negro
Es hora de sustituirlo
Eduardo Enríquez eduardo.enrìquez@laprensa.com.ni
El Cardenal Miguel Obando y Bravo, se ha dedicado a denunciar el supuesto cabildeo del Dr. Humberto Belli en El Vaticano para que sea sustituido como Arzobispo de Managua. Y a pesar de que el rector del Ave Maria College lo niega, de una manera inusual el Cardenal ha reiterado públicamente, ya tres veces, las acciones de Belli en la Santa Sede, como si pedir una renovación en su Iglesia se tratara de un crimen, o peor aún, de un pecado mortal.
Considero que el Sr. Belli, como católico militante que es, está en todo derecho de expresar su opinión ante las autoridades de El Vaticano, así que si lo hizo, ¿cuál es el problema? Y si le preguntaron por nombres de posibles sustitutos, ojalá haya tenido el buen tino de proponer varios de los excelentes candidatos que hay.
Pero es que eso no es una falta de respeto ni es una herejía. Miremos los hechos: Primero, el señor Arzobispo ya cumplió 75 años, y según el Derecho Canónico debe poner su renuncia, como ya lo hizo, así que no representa ningún trauma, sino un trámite preestablecido, si esa renuncia es aceptada.
Pero hay razones mucho más importantes. Monseñor Miguel Obando Bravo fue nombrado Arzobispo de Managua en 1970, hace 32 años, que han sido muy convulsos, de permanente crisis. Un terremoto, varios huracanes, dos guerras civiles, una dictadura de derecha, otra de izquierda. Un período de nuestra historia sin duda lleno de extremos, en el que él jugó un papel importantísimo, no sólo de gran mediador, sino también de gran juez. Nicaragua tiene mucho que agradecerle al Cardenal por su actuación en esos años.
Pero éstos son otros tiempos. En los últimos años Obando, y su círculo más íntimo, se acercó demasiado al gobierno liberal de Arnoldo Alemán, algo que se podría interpretar, siendo benevolente, como una reacción a la persecución que fue víctima la Iglesia bajo el régimen sandinista, pero el problema está en que ese acercamiento al Poder creó vasos comunicantes y desarrolló una especie de simbiosis que el Cardenal no ha dado señal de querer romper.
Como resultado, se encuentra en el papel de defensor de una Administración corrupta, a la que por agradecimiento, para llamarlo de alguna manera, no puede criticar ni señalar, porque en muchos casos sería señalarse a sí mismo, o al menos a su círculo más íntimo.
Esto lo ha vuelto incapaz de realizar la labor del Pastor protector de rebaño que realizó durante 25 años. El ciudadano, el mismo católico, lo nota. La prueba está en el resultado reciente de la encuesta de CID Gallup donde Obando sale increíblemente por debajo de Daniel Ortega en opinión favorable y donde por primera vez tiene más opiniones desfavorables que favorables entre los nicaragüenses.
Así que siguiendo los consejos del Papa Juan Pablo II, que pidió ayer a los periodistas que busquemos y contemos siempre la verdad, aunque ésta a veces “sea inconveniente o no considerada políticamente correcta”, hay que decirlo: Es hora de sustituir al Arzobispo Miguel Obando. 
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