Róger Pérez de la Rocha, antiguo y moderno
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 | Exposición de pinturas y dibujos de Róger Pérez de la Rocha del 10 al 21 de diciembre en la Galería del Centro Cultural Managua |
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Pintura de Róger Pérez de la Rocha. |
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Arnulfo Agüero
Nació en un mes de pleno fulgor y calor de verano, en marzo de 1949. Su signo es Aries, para los creyentes de señales gnósticas del agua y el fuego, es decir, lleva el emblema de la anunciación de la lucha por el bien existir y en contraparte el desamparo tejido en el drama social.
Hablamos de Róger Antonio Franco Pérez, conocido en nuestra historia de arte, con el título caballeresco de Róger Pérez de la Rocha, este título de corte españolizado.
Su pintura con fulgores de grises, plata, azules y rojos intensos, le ha permitido gobernar su propio imperio de vivencias y llevarlas al color de los primeros planos contrapuestos y energizados por sus musas indomables.
Respecto a su pintura Róger afirmó - que ha explotado la etapa de los rojos fuegos, de sus “Paisajes energéticos”, de los estallidos de “Bagdad”, del “Buzón de Santa Rosa”, “Parrilla”, “Infierno de cielo”, etc.
Han pasado tres años desde su última exposición de final de milenio, donde expuso su histórica retrospectiva retratográfica, que el poeta Julio Valle Castillo, tituló como la de “Un pintor de la raza de los románticos”. Hoy se nos presenta, con su pantalla de luces, y con el título de su nueva muestra “Antiguo y moderno”, en otras palabras el alumno y el maestro intercambiando experiencias para no copiarse de Róger Pérez de la Rocha, o de los enlatados y seudobienalista coquetos, promovidos por el cubano Gerardo Mosquera y sociedad corporativa adjunta, a los museos de lo efímero y estéril.
Esta primera exposición de nuevo siglo, significa para el pintor del pincelazo fuerte y fogoso, en lo personal un encuentro con sus amigos en un año harto difícil política y económicamente. En lo concerniente a su plasticidad la variedad de su temática es recurrente, al igual que sus trazos, en otras la búsqueda de renovar está expresada en su paisajística, donde logra mayor margen de expresión de libertad y formas. Su sentido de filosofar, apreciar el esplendor del misterio de la vida y la muerte, y retratar a sus personajes de la sociedad marginal sigue impresa en su dialéctica de protestante de las injusticias sociales.
La maternidad erotizada, sigue en su calendario del desnudo materno, transpirando sueños idos, o esperando al amante de los sueños. Otras de sus obras abre el telón de la ironía del reparto neoliberal: “La alegría está en el segundo piso”, para el pintor esta obra distante de la realidad social de “sanguaza”, limita (a partir de su taller y su obra) con la insensibilidad política de zanguangos, 200 metros al norte, de la Casa Presidencial y 200 al sur, con la Asamblea Nacional. 
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