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JUEVES 5 DE DICIEMBRE DEL 2002 / EDICION No. 22933 / ACTUALIZADA 1:00 am
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Nuestro béisbol sangrante y desesperado
Rumbo al caos

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El público se ha ausentado de los estadios.

 

Edgard Tijerino M.
edgard.Tijerino@laprensa.com.ni

Corren a caballo, tiempos difíciles. El béisbol no escapa a eso, todos lo sabemos y la pregunta es: ¿cómo evitar seguir aproximándonos aceleradamente al caos?

En un país que sobrevive de forma dramática aguijoneado por una crisis alarmante, nuestro béisbol sangrante, grita desesperadamente: ¡Auxilio! ¡Socorro!, consciente de que la esperanza de encontrar soluciones a sus múltiples problemas, se desvanece lenta e inexorablemente.

Por Dios, estamos soportando los males con cierta solemnidad sumisa, desgarradoramente poética, y al mismo tiempo, tenebrosamente escalofriante... ¡Qué inútiles nos sentimos!

Regresamos de San Salvador con las manos vacías, pese a que la medalla de plata estuvo a nuestro alcance; la gente se ha alejado de las tribunas fabricando vacíos preocupantes; Omar Cisneros, frustrado, califica de sinvergüenzas a peloteros que no quisieron hacer el viaje, y envuelve también a quienes se quedaron por decisión de directivos; los patrocinios, en la mayoría de los casos, han sido reducidos drásticamente; no fue posible detener el campeonato porque los equipos se hubieran dirigido hacia la quiebra; y para rematar, se advierte que el San Fernando podría no presentarse a jugar el viernes, enfrentando el peligro de abandonar el torneo por falta de soporte económico, y se agregan señales de alarma en otros dos equipos.

En consecuencia, aunque trate de ocultarlo, Carlos García se siente manos arriba, como emboscado en un desfiladero del viejo Oeste por la pandilla de los hermanos Frank y Jesse James.

En 1986, en Santiago de los Caballeros, caímos ante Puerto Rico y nos quedamos sin medalla, igual que ahora, pero el recuerdo más reciente en estos Juegos, Maracaibo 98, tuvo color plateado pese a la presencia de Cuba... No fuimos capaces de encontrar la manera de llevar la mejor Selección posible, y aprovechar la ausencia de Cuba y el rechazo a peloteros profesionales... Con un equipo esforzado, pero no del nivel de competencia requerido, terminamos hundiéndonos.

Aquí, el Bóer utilizando una pelota no reglamentada, debe perder un juego que ganó en el terreno, en tanto el público no aparece... La noche del martes, el Estadio parecía ser el escenario de la vela de “un muerto sin importancia”, como dice Dean Koontz, y en Masaya, se recaudaron 4,000 córdobas, menos de 300 dólares.

Hay planillas pendientes de pago, y la directiva del San Fernando, equipo líder, ha estado durmiendo bajo amenaza: los peloteros no se presentarán el viernes contra Estelí, si no les pagan... “¿Y qué podemos hacer cuando los patrocinios se han debilitado?”, me decía, tan desarmado como Abel ante Caín, uno de los directivos.

¿Y el público?

-¿Cómo hacer que el público vuelva a entusiasmarse? Quizás alineando a Harry Potter con el Bóer, en lugar de creer que pueden encontrarse con Hanibal Lecter... Y es que el espectáculo que se está ofreciendo no es lo suficientemente atractivo.

-La tarifa del alumbrado es muy alta y los equipos están trasladando para la tarde, en horas laborales, los juegos de la noche.

-Se quejan las vendedoras de vigorón y los cuidadores de carros... El béisbol está gimiendo, amigos, en medio de una desoladora mediocridad, pero ¿en las esferas gubernamentales hay alguien preocupado? Bueno, frente a la huelga en Grandes Ligas, Clinton salió de su butaca y trató de meterse de lleno en el problema buscando cómo contribuir. “Es un deporte nacional, parte de nuestra agenda, algo necesario y consecuentemente nos preocupa como Gobierno”, dijo el Presidente de EE.UU. en aquel momento.

-En cambio aquí, amigos... ¡les vale! Cierto, están corriendo a caballo tiempos difíciles, pero el deporte, debe importar... No podemos soportar los males con una solemnidad sumisa.  
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