Correo
Portada Impresa
    La Prensa    
Archivo
Busqueda
JUEVES 5 DE DICIEMBRE DEL 2002 / EDICION No. 22933 / ACTUALIZADA 1:00 am
PORTADA
POLITICA
ECONOMIA
NACIONALES
REGIONALES
EDITORIAL
DEPORTES
SUCESOS
EL MUNDO
OPINION
REVISTA
SUPLEMENTOS
OBITUARIOS
CARTAS AL DIRECTOR

CLASIFICADOS
SUSCRÍBASE


   

Reportaje Especial
Orgías de sangre

Foto  
. Una finca en Granada fue escenario de uno de los crímenes más espantosos registrados últimamente, donde la familia es la principal víctima. Los homicidios seguidos de suicidios se han incrementado como muestra de la falta de valores en la sociedad y de la atención a la salud mental

Momentos en que los restos de Luis Alexander Arcia Morales, son conducidos hacia el cementerio local en la comunidad de El Fortín, en Granada.

 

Elízabeth Romero
elizabeth.romero@laprensa.com.ni

La hacienda San José, ubicada en la comunidad de Los Malacos, Granada, fue teñida de sangre repentinamente. Un hombre cegado y perturbado por la infidelidad de su cónyuge, con quien había convivido 14 años, llegó hasta el lugar distante a unos cuatro kilómetros y medio de la ciudad de Granada, y de varios machetazos terminó con la vida de su mujer y su amante, hasta dejar sus rostros desfigurados.

El hecho que conmocionó no sólo a los granadinos, sino a todo el país, ocurrió a eso de las 12:30 del mediodía del pasado dos de diciembre, que para los cuatro trabajadores del lugar se convirtió en una fecha trágica.

Las manchas de sangre en el suelo y en uno de los biombos de madera, que sirven de pared de uno de los cuartos de la casa hacienda, así como en uno de los pasadizos de la misma, sirven como principal referencia de la orgía sangrienta que practicó Eduardo Averruz, de 34 años, en contra de Gloria María Marín Rocha, de 28 años y Luis Alexander Arcia Morales, de 25.

La furia de Eduardo no le permitió escuchar ni el llanto de Gloria ni la mirada suplicante de Luis, y sin ningún escollo de arrepentimiento asestó una y otras tantas veces los machetazos asesinos.

La pareja acostada en uno de los camarotes del lugar fue sorprendida por la intempestiva presencia del hombre engañado. En el lugar sólo quedaron las sábanas revueltas donde la pareja vivía su clandestino romance.

“Ellos estaban en una cama acostados, y se dejó ir para allá, tuvieron palabras, él le dijo a ella que se fuera para su casa, que los niños estaban solos y ella le dijo que no regresaba. “No, mientras vos sigás allí yo no llego a la casa”, recordó Rubén Adolfo Rodríguez, de 26 años, que habría respondido Gloria a Eduardo.

A su vez, el agresor se dirigió al que hasta hace poco consideró su amigo, y según recordó Rubén le preguntó: “¿Vos vas a mantener a mis cuatro hijos?” Sin esperar respuesta a su pregunta Eduardo increpó a Luis “¿Cómo me has hecho eso? Siendo mi gran amigo”.

En el lugar también estaba un adolescente de 17 años, Franklin Alberto Gómez Reyes, quien coincidió en la apreciación de Rubén sobre el hecho que Eduardo trató de convencer a Gloria.

“La niña está enferma ¿No te da pesar?” Pero ni eso conmovió a Gloria quien le insistió en que no regresaría mientras él permaneciera en la casa donde ambos habían convivido varios meses en la comunidad El Fortín, en una propiedad de Félix Marín, padre de Gloria.

Ambos jóvenes aseguraron que al no obtener una respuesta positiva Eduardo tomó su machete y empezó a agredir primero a Luis y después a Gloria. Y aunque Luis tenía cerca un machete, e hizo intentos de tomarlo para defenderse, Eduardo no se lo permitió.

Su mujer sólo atinó a meter su mano izquierda para esquivar el machetazo, pero se la cortó de un tajo, la mano quedó en el camarote donde minutos antes dormía con su amante.

Ya herida, Gloria trató de huir de la furia de Eduardo, pero a unos cuantos pasos éste la alcanzó, la lanzó al suelo y con saña la atacó varias veces hiriéndolea en varias partes de la cabeza, hasta mirarla fallecer.

“No me hubieran hecho esto, jugaron con mis sentimientos, eso no se hace”, recordó Franklin que fueron las palabras que dijo Eduardo mientras asestaba una y otra vez las estocadas en contra de la humanidad de la madre de sus hijos.

“Allí quedó ella y allí la mató de viaje, le daba machetazos y machetazos con furia”, relató Rubén quien recordó que el hombre con el machete en la mato trató de perseguirlo con intenciones de herirlo “es que así como me siento él que se me meta lo voy a matar”, dijo.

Igual hizo con otra trabajadora que estaba en el lugar, Rosa Argentina Reyes, quien insistentemente le pedía “contrólese por favor”, después Eduardo corrió y asestó un machetazo en un cable de energía eléctrico.

Momentos antes había asestado las heridas mortales a Eduardo, que al igual que Gloria, aparentemente trató de huir lanzándose por encima del biombo de madera y alcanzar la salida de la casa, pero Eduardo fue más rápido y logró evitar que se le escapara.

Las manchas de sangre impregnadas en el biombo como si una mano ensangrentada intentara aferrarse a la madera y la forma como quedó el cuerpo con la cara hacia el suelo y un brazo hacia arriba, demuestran la hipótesis de los trabajadores.

Rubén explicó que corrió a avisarle a su patrón de lo que estaba sucediendo, pero al regresar en cuestión de minutos Gloria ya había muerto, Luis aún estaba vivo, intentaron salvarle la vida trasladándolo al hospital pero fue en vano, en el trayecto éste falleció.

Según Rubén, Luis presentaba machetazos en la mandíbula, uno de los brazos, en el cuello, cerca de la oreja derecha, otro en la cabeza, mientras que Gloria tenía múltiples heridas en la cabeza, y en los pechos.

Al escuchar el ruido de una camioneta, según Reyes, el hombre corrió, subió a su bicicleta y dijo que la Policía no lo iba a agarrar vivo. “Voy a matarme y voy a matar a los niños, no me va agarrar vivo la Policía”, habría escuchado Reyes a Eduardo. Y cumplió. En el camino se suicidó.

La vocera de la Policía de Granada, subcomisionada Martha Alemán indicó que testigos dijeron que el hombre se bebió el veneno mortal en presencia de sus hijos.

LA FUGAZ HUIDA

Luis y Gloria aprovecharon la oscuridad de la medianoche del sábado 30 de noviembre para huir de El Fortín y esconderse en la hacienda San José, en Los Malacos. Gloria huyó de su casa con apenas una blusa extra a la ropa que llevaba puesta.

Luis pidió a sus compañeros de trabajo que no dijeran que Gloria se encontraba escondida en el sitio. Y aunque Eduardo sospechaba que la pareja se había escondido en esa propiedad, nadie se lo confirmó. Félix Marín, aseguró que el mismo lunes Eduardo acudió a Los Malacos, porque una mujer llegó hasta donde él para decirle que su mujer estaba escondida en ese lugar, por donde tantas veces Eduardo pasó rumbo a su trabajo en una finca colindante con San José.

VERSIÓN POLICIAL

La causa directa de la muerte de la pareja fue shock hipovolémico por múltiples heridas sobre todo en el cráneo, de acuerdo con el informe del forense.

-Mientras Eduardo Averruz López, pereció por intoxicación con órgano fosforado. El forense determinó que no encontró lesiones externas en su cuerpo, como tampoco aliento alcohólico.

-La subcomisionada Martha Alemán, vocera de la Policía de Granada, dijo que además de la amputación de la mano izquierda, el cuerpo de Gloria presentaba una herida completa del cráneo a nivel del occipital, exposición de la masa encefálica y el cerebelo, dos heridas en ambos pómulos con fracturas, así como otra herida en el antebrazo derecho.

-En el caso de Luis, según el forense, presentaba heridas profundas en el rostro de 24 centímetros de longitud, así como heridas múltiples en todo el occipital y región parietal derecho, con exposición de masa encefálica, así como heridas en la mano y brazo izquierdo.

-La Policía ocupó el machete con manchas hepáticas y hebras de cabello pegados en el mismo.

BARBARIE

La Policía de Granada no registra en sus archivos un doble asesinato atroz “con ese nivel de barbarie”, sostuvo la vocera de esa institución en el departamento, subcomisionada Martha Alemán

VER TAMBIÉN
Tragedias en serie
Acérquense a Dios, recomienda párroco
Una viuda desconsolada  
.


---

   
Otras Noticias

Orgías de sangre

Tragedias en serie

Acérquense a Dios, recomienda párroco

Una viuda desconsolada