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DOMINGO 1 DE DICIEMBRE DEL 2002 / EDICION No. 22929 / ACTUALIZADA 02:30 am
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El Sida en Nicaragua: signos de alerta y alarma

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Patricio Rojas Lara

La epidemia del VIH/Sida en todo el mundo está determinada por factores locales que son los responsables de su dinámica. Por ello, cuando se sostiene que en un país puede haber varias epidemias concomitantes se alude precisamente a esta característica; así, la epidemia en Chinandega es diferente de la de Bluefields y Managua. Es crucial, entonces, reconocer tempranamente los rasgos propios de la epidemia de un país a fin de que las medidas de prevención, control y apoyo puedan ser oportunamente establecidas. En Nicaragua, la epidemia de VIH/Sida posee ya características bien definidas que constituyen signos de alerta y alarma por las razones que se resumen a continuación.

ACELERACIÓN DE LA DINÁMICA DE LA EPIDEMIA

Las cifras oficiales del MINSA demuestran que, a partir de 1999, la incidencia anual de casos de Sida e infectados por VIH ha aumentado a un ritmo acelerado, aún cuando se sabe del alto porcentaje de subregistro de infecciones y casos que podrían superar el 40 por ciento. Si consideramos que estas cifras reflejan una media nacional, es prudente considerar que en algunas zonas del país la epidemia es mucho más acelerada aún. Estas zonas deben recibir atención inmediata por su influencia en el crecimiento futuro de la epidemia. Hay que estudiar mejor la epidemia por zonas y en su conjunto, y de ambos análisis extraer la información necesaria para proyectar tendencias y redireccionar intervenciones. La experiencia del Silais de Chinandega que está analizando a profundidad la epidemia local, debería ser replicada en las zonas de más alta incidencia. Es un hecho incontrarrestable que la epidemia progresa con rapidez en los últimos 5 años, comprometiendo mayoritariamente a la población joven, con todas las repercusiones que ello involucra para el desarrollo socioeconómico del país.

FEMINIZACIÓN DE LA EPIDEMIA EN NICARAGUA

Como es sabido, la epidemia en Centroamérica es predominantemente masculina; sin embargo, su expansión hacia las mujeres es evidente en los últimos años. Esta información, por lo tanto, constituye otro indicador valioso y de alerta temprana en la planificación de intervenciones de prevención y control. En Nicaragua y especialmente en algunas zonas más afectadas, en menos de 5 años la proporción de la infección entre hombres y mujeres ha crecido de 7:1 a 3:1. Esta tendencia es muy rápida y, por consiguiente, más que una alerta es un motivo de alarma. Debido a los patrones nacionales de comportamiento sexual masculino, se puede inferir de este dato que la vulnerabilidad de la mujer frente al VIH/Sida ha aumentado considerablemente en el país. La experiencia de Chinandega así lo demuestra, donde mes a mes se reportan nuevos casos de infecciones de VIH que corresponden a mujeres catalogadas como “amas de casa”, quienes, en su gran mayoría, no pertenecen al grupo de “alto riesgo” por su comportamiento sexual, pero que han sido infectadas por sus parejas. La rápida feminización del Sida es una característica alarmante de la epidemia nacional y debe ser reconocida como tal a fin de diseñar programas de amplia cobertura y contenidos inequívocos para informar, educar y proteger a las mujeres sobre su vulnerabilidad frente al VIH/Sida. Éste es un problema complejo y delicado que tiene que abordarse con decisión, de lo contrario muchas vidas se perderán con el consecuente impacto familiar, social y económico que ello implica.

COMPORTAMIENTO SEXUAL MASCULINO

De acuerdo con el Resumen Mundial de la Epidemia del Sida (OMS/ONUSIDA, diciembre 2002), los hombres que tienen relaciones sexuales con otros hombres “parecen desempeñar un papel importante en la creciente feminización de la epidemia: algunas investigaciones recientes han demostrado que una gran proporción de estos hombres también tienen relaciones sexuales con mujeres”. Esto hace imperativo que los esfuerzos de prevención “reconozcan esta realidad y se adapten a estos comportamientos bisexuales aparentemente generalizados, aunque ocultos”, concluye el Resumen. Hay claras evidencias de que este fenómeno está ocurriendo en Centroamérica y en Nicaragua, y es altamente probable que este grupo “oculto” sea responsable de la expansión de la epidemia y específicamente de su feminización ya detectada en el país. Este comportamiento sexual que se manifiesta en hombres “de familia”, por así decirlo, podría explicar la rápida expansión de la epidemia en algunas zonas del país.

En suma, la experiencia mundial con la epidemia demuestra que los países que han demorado en aceptar estas realidades están pagando duramente esa actitud. ONUSIDA en Nicaragua ha señalado que el tiempo es la única ventaja comparativa con la que se cuenta para contener la epidemia. Es indispensable, entonces, promover de inmediato un diálogo franco a todo nivel, con el debido respeto que exige el tratamiento de estos temas, pero con la voluntad de compartir con las comunidades una información de la que dependen sus vidas. Si se tratara de una epidemia de cólera, nadie osaría ocultar a la población los mecanismos de transmisión de la epidemia, esenciales para contenerla; ¿por qué cuando enfrentamos el Sida los criterios cambian? Negar o ignorar la evidencia que emana del comportamiento sexual de muchas personas en cualquier país constituye, por decir lo menos, una negligencia de salud pública severa.

Desde ONUSIDA hemos sostenido incansablemente que actitudes excluyentes tratándose del Sida no conducen más que a la propagación de la epidemia. Es preciso aceptar aproximaciones que promuevan el amor, la fidelidad e incluso la abstinencia sexual como medidas eficaces para protegernos de la expansión de la epidemia; éstas son herramientas muy eficaces que ojalá puedan ser seguidas por muchos. Sin embargo, la realidad muestra que un gran número de personas en este país, sobre todo jóvenes, mantienen un comportamiento sexual de riesgo; para ellos es necesario definir mecanismos de prevención, como el uso de preservativos, que protejan sus vidas y las de sus parejas. Ambos mensajes son válidos, necesarios y, más aún, complementarios. En la medida en que la sociedad nicaragüense acepte la validez y relevancia de ambos enfoques sin excluirse mutuamente, las posibilidades de contener la epidemia aumentarán en nuestro país. Estos signos de alerta y alarma que emanan de las estadísticas de la epidemia tienen que ser debidamente sopesados por todos los actores involucrados en la lucha contra el Sida en Nicaragua; de su comprensión depende ni más ni menos la posibilidad de contener a tiempo la epidemia en el país.

El autor es Representante OPS en Nicaragua y Presidente de ONUSIDA.  
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