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DOMINGO 1 DE DICIEMBRE DEL 2002 / EDICION No. 22929 / ACTUALIZADA 02:30 am
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Especial
Sida conspira en contra de jóvenes y mujeres

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.A pesar que los casos son pocos en relación con las cifras de otros países, cada vez son más las personas que contraen el VIH/Sida en Nicaragua. Este mal incurable avanza sobre todo entre mujeres y jóvenes que tienen sexo sin protegerse. Y los que enferman se exponen a un sistema de salud que aún no provee el tratamiento necesario. A pesar de los estigmas, muchos llevan una vida como la de cualquier otro en este país

 

Amalia Morales
Amalia.morales@laprensa.com.ni

No lo ve. No lo toca. No lo siente. No le causa molestias físicas, pero sabe que lo lleva dentro. Entró con el silencio que se hace cuando se va de puntillas en una alfombra. Con el mismo cuidado se resbaló hasta su lecho. Jugueteó entre sus sábanas sin sospecharlo. No tiene certeza de cuándo fue. Tal vez antes, pero nunca después del segundo embarazo fue que Ligia* adquirió el Virus de Inmunodeficiencia Humano (VIH).

Tenía 17 años cuando eso ocurrió. Su marido casi le doblaba la edad. Ella no sabía, pero él había tenido varias relaciones fuera de matrimonio. El trabajaba, la mantenía, y ella correspondía con el cuido del hijo y de la casa.

En el país hay una tendencia creciente a contagiarse con el virus desde el seno del hogar. Hasta hace cinco años, por cada siete hombres con VIH/Sida había una mujer. Hoy la relación ha disminuido a tres por uno.

El último informe mundial del programa de Naciones Unidas para el VIH/Sida, coincide con la tendencia nacional. Se reconoce que el 50 por ciento de los casos (unos 20 millones) son mujeres.

Hasta los dos meses y medio de vida de su segundo hijo, Ligia ignoró al callado visitante, que había llegado para quedarse. Su marido, a quien una antigua amante le confesó ser portadora del VIH, había descubierto que también alojaba el letal virus. Se lo contó a Ligia, y ella y el bebé también se sometieron a la prueba. El resultado de los exámenes practicados por lo menos dos veces fue siempre el mismo: VHI positivo para ambos.

Al menos 23 niños, que representan a un dos por ciento de los casos registrados en el país (957), han adquirido el virus en el parto.

SIN CHANCE A LA DEPRESIÓN

Ligia recuerda que al saber la noticia no tuvo ocasión ni para deprimirse. Su esposo le hizo la revelación en el momento que descendía a la fase Sida (Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida). Poco después, tras varios meses de agonía falleció. “Me afligí tanto que me puse así”, dice, mientras hace una rueda con sus dedos pulgar e índice. Llegó a pesar 105 libras. En su cuerpo de hoy no cabe esa delgadísima figura que dibuja con su mano.

Sólo se enteraron de la causa de la muerte los familiares del esposo. Sus parientes, en cambio, ignoran que ella convive con un virus, que tarde o temprano se vuelve letal.

ESPERANZADA EN UNA CURA

Tal vez por sus hijos, y porque se cree una persona fuerte, se sobrepuso a la inapetencia. Asegura que no le costó recuperar el aspecto lozano que tiene hoy.

Sus párpados se desgajan un poco de las cuencas al relatar el episodio anterior, sin embargo, una alegría súbita le ilumina los ojos al hablar de su hijo menor. Ahora tiene cuatro años, y “es un niño normal que juega, come y hace todo como cualquier otro”. Aunque es de escasos recursos, periódicamente lo somete a chequeos médicos. Los galenos que lo ven le han dicho que el próximo año le harán pruebas para saber el nivel de los anticuerpos. Según le han explicado, si después de los cinco años de vida no ha alcanzado la fase Sida, hay posibilidades de que la influencia de los anticuerpos disminuya.

El próximo año espera matricularlo en la escuela. “Yo sé que hay una esperanza de hallar una cura. Por eso hay un Dios que todo lo puede”. Ella espera tener la misma oportunidad, sin embargo, no le preocupa mucho que su salud se deteriore. Cree que eso no va a pasar. Hasta ahora sólo ha recaído una vez.

Dentro de ella algo la carcome. Lo sabe, sigue sin sentirlo. No la asusta. En el bus o en el taxi entre los otros, ella lo olvida. Sabe que no saldrá, pero no la atormenta. Desde hace años aprendió a convivir con el VIH.

“NO VOY A MORIR DE SIDA”

A las cinco y media de la mañana, no más tarde, comienza su día. Se levanta y recorre al trote no menos de seis kilómetros diario. Su cuerpo pequeño y fornido es prueba fiel de lo que dice. A la rutina de ejercicios, le sigue la doméstica. Antes de meterse al baño barre la casa, lava y plancha su ropa. “Eso es diario”, asegura. Con los sentidos despejados, sale a la calle si tiene trabajo.

Los ejercicios en su vida son una cuestión de vanidad, reconoce Natanael*, quien de vez en cuando se gana el día cocinando. “Una vez me buscaron para cocinar 180 libras de pollo”, refiere como una proeza, o para repostero. Aunque la preparación de una comilona le puede resultar muy rentable, por prescripción médica debe alejarse del fuego. La exposición al calor largo tiempo puede afectarle los riñones. Y Natanael que es portador del VIH, no quiere recaer.

DESPEDIDO POR TENER VIH

No está seguro, según sus cálculos contrajo el virus hace cuatro años. Pero lo supo hasta hace dos, luego que fuera corrido de una empresa de la Zona Franca, donde trabajaba como operario. “Hicieron un recorte de personal y allí me despidieron”. Meses después supo que le habían hecho una prueba de VIH, sin su consentimiento, pero nunca supo el resultado.

No se desveló por ello, hasta tiempo después cuando alguien cercano a su barrio falleció de Sida. Hurgó mentalmente por su vida sexual, y pensó que él también podía tener el virus. “Me acuerdo que soñaba que lo tenía”. No deliró más y se examinó.

Las primeras pruebas fueron dubitativas. Se hizo tres exámenes. Dos de tres diagnósticos confirmaron lo que intuía. Contrario a lo que se piensa, no se deprimió. Le preocupó al principio, no tiene un cercano con quien desahogarse. La psicóloga que lo atendía, en uno de los centros que atiende a los VIH positivos, le aconsejó contárselo a algún familiar. Se confesó con su mamá, quien le aconsejó callárselo al resto. Así lo ha hecho.

El vivir con el virus le ha supuesto una serie de cambios en su vida. De hábitos sexuales desordenados pasó a la abstinencia. “Me da miedo infectar a alguien, pero también tengo miedo que me reinfecten”.

De comer, come de todo. “Lo que puedo”, dice, y aclara que es muy pobre, y su privación no le permite tener la dieta que quisiera.

ATENCIÓN, SIN MEDICINAS

Desde que tiene conciencia del virus en su cuerpo ha ido al médico las veces que nunca fue de niño. El infectólogo que lo atiende a él y otras personas con el mismo problema, no les cobra ni un centavo. Allí mismo recibe asesoría psicológica, también gratuita.

Por el momento, en su condición de portador no ha tenido las recaídas a las que parecen condenados los que conviven con el VIH/Sida. En su aspecto no hay una pizca de enfermo. “Soy muy activo”, dice, y corona con una sonrisa: “Siempre busco cómo estar ocupado”. Es por eso que cree “que no voy a morirme por Sida”.

HETEROSEXUALES

Managua, Chinandega, León y la RAAS son los lugares del país que registran más casos de VIH/Sida. Los obreros y las amas de casa, que constituyen la población heterosexual, son los más afectados por la enfermedad, según Conisida.

* Por respeto a la privacidad y por la seguridad de las personas con VIH que brindaron estos testimonios se omitieron sus nombres, direcciones y otros detalles de su vida privada.

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