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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 30 DE NOVIEMBRE DE 2002
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Parroquiano enlutado

Juan Velásquez Molieri

“...Mas, por gracia de Dios, en mi conciencia
el bien supo elegir la mejor parte...”
Rubén Darío
Cantos de Vida y Esperanza

Algunas tardes las dedico a sepultar gentes
a quienes mi alma ha llevado en le recuerdo.

Son frecuentes entre septiembre y noviembre
cuando las nubes son grises
y se desploma agresiva la lluvia sobre la ciudad;

y en el mojado ocre pavimento
brilla la luz de oro de los autos
y se mezcla con el negro de la noche.

Cedo mis pañuelos blancos
para secar llantos que no cesan
y vuelven a mis bolsillos húmedos de lágrimas
que no son todavía de los míos.

Visito, cumplido y fragante
Los hospitales donde ella está.

La veo cuando pasa
ágil y menesterosa
socarrona ante el dolor ajeno,

disfrazada de verde musgo
con su fondo negro
y su letal movimiento de tarántula.

Veloz camina con sus zapatos blancos,
lleva y trae fríos objetos de brillo cromado;
agujas que penetran la inerte piel
e inyectan la dosis de la vida
que la Providencia concede.

Oculta su rostro, como ladrón en la noche
sus manos de hule no dejan huellas.
A mí no me ve, ni me toca.

Con frecuencia aspiro
el fúnebre olor a formalina
de las rosas que mustias aspiran
el ambiente de las funerarias.

En los cementerios
inhalo el perfume de los claveles.
Un sonido húmedo irrumpe
el polvoriento rito de los sepultureros.

La cóncava pala corta rasga y separa
la mezcla de piedra cemento y tierra
para asegurar el hermetismo
de una nueva fosa que se cierra.
Cuando penetra la materia, el golpe
es como un cuchillo que divide
y que otras manos volverán a unir.

Una lejana canción de amor
se oye lejana en la tarde.

Cuando regreso a mi casa
anonadado entro a mi habitación
y evoco lejanos funerales
de tantos amigos muertos.

No hay ninguna estrella.

Lentamente comienza la lluvia
a refrescar otra tierra que me espera.

Septiembre 2, 2002.  
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Parroquiano enlutado


Gema Santamaría en la piel de la poesía


Un pasivo silencio