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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 30 DE NOVIEMBRE DE 2002
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Bernard Dreyfus y sus signos del Big-Bang

Foto  
.Exposición “Obras íntimas” de Bernard Dreyfus en Galería Códice abierta hasta el 9 de diciembre

Pintura de Bernard Dreyfus.

 

Arnulfo Agüero

Desde su propia escuadra de poeta vanguardista exaltado por Venus, Pablo Antonio Cuadra, calificó en versos profanos, la imagen estética del pintor de la figuración surrealista, Bernard Dreyfus, como la imagen en el sagrado punto inicial del Big-Bang.

Otro que fue atrapado por las sensaciones de una afrodita inquietante fue el académico, francés Eugéne Iunesco, quien determinó que las imágenes de Bernard lo atrapaban con sus lecturas de visiones efímeras y un tanto desesperadas, perdidas en la inmensidad de un universo misterioso e impenetrable.

Siguiendo nuestro itinerario, continuamos con el historiográfico Dr. Jorge Eduardo Arellano, quien valora en su sinopsis que Dreyfus es un inventor de la plasticidad simplificada, metafísica sensual y multitudinaria, que rima con los recuerdos de la escuela de Fontainebleau, hasta Renoir. Entretanto, para la Dra. María Dolores Torres; el placer de su arte centenario, de óptica impresionista es un “environment cromático”, dibujo simplificado y dionisíaco, gestualismo y acción que buscan el equilibrio entre la forma y el color. Su iluminación teatral, sus dorados brillantes y sus profundos claroscuros, rinden homenaje a Rembrandt y Caravaggio.

Ahora bien, buscando las características de las rutas de los signos en las formas, el analítico, Lionel Méndez, quien no sopesa el paraguas de la condición social y económica del viajero errante, radicado en París, cree que este artista, ha dejado la repetición ramplona de la realidad, para indagar a través de sus metáforas, los signos del hombre. (Signos que en el muy siglo XVIII, refractó con su lira de cisnes y esfinges el mismo Rubén Darío, signos que los antiguos filósofos griegos abrían puertas del ser o no ser). Signos que hoy, se interroga desde su notable escrito “Eupalinos el Arquitecto”, el francés Paul Valery, con los coloquios imaginarios, que interrogan a la edilicia de los edificios del siglo XIX.

De todas estas apreciaciones de elogios a la estatura de su mapa de bit pincelado y pixelado en planos dinámicos, contrastantes y colores casi directos, sólo uno ha reconocido y refutado sus contradicciones humanas y las ha dispensado en su ars lúdico de güegüense, este ha sido el poeta Julio Valle Castillo, quien ha valorado desde su cotona barroca, las migraciones que Dreyfus presenta en sus trabajos reelaborados con esencias del francés Saint-John Perse, y ha “descubierto con prístina transparencia de testigo Masaya” una raíz con doble cofia, es decir, para ojo visor del Poeta, la catarsis ecuménica de Bernard se encuentra entre la “Anábasis griega y la migración Náhualt”, a partir de este título asegura que en la arcaicidad de su obra se encuentra exactamente su modernidad. Paradójicamente, y para suerte de las muchas interrogaciones, esta modernidad, ha sido apreciada desde su propia alma de galerista sensible con las imágenes, por Juanita Bermúdez, quien ha presentado esta exposición como las “Obras íntimas”, para coleccionistas amantes de la pintura al óleo y al pastel de pequeño formato. Además de su particular estilo, sus obras presentan “nuevas modificaciones tanto en su composición geométrica como en su paisajística nicaragüense de lagos y volcanes”, un poco más definida, pero sin caer en el realismo, nos reveló.  
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Bernard Dreyfus y sus signos del Big-Bang