Enseñanza del Español
Enrique Peña Hernández
La experiencia me ha enseñado, pues ya cumplí los ochenta años de edad, tanto en mis relaciones humanas o sociales como en la enseñanza de la asignatura, que los nicaragüenses nos expresábamos con propiedad y corrección, vale decir, que empleábamos los términos precisos, adecuados y propios para los actos o hechos, situaciones, circunstancias, casos, etc., en que interveníamos; y que el aspecto sintáctico estaba subordinado a la Gramática. Sin embargo, a mi regreso del exilio he observado que, lamentablemente, ha desmejorado un tanto nuestra expresión oral principalmente; y que la enseñanza de la lengua materna, tanto en el nivel primario como en el secundario ha venido a menos; simplificándose, materialmente se ha subestimado.
Aquellos programas, elaborados por la Asociación Nacional de Profesores de Castellano, que estuvieron en vigencia bajo la supervisión del recordado profesor Fidel Coloma, asesor de Castellano del Ministerio de Educación, se echaron al olvido. Es más que indispensable, es imperativo que el titular de ese ministerio se imponga la tarea, el noble esfuerzo, la permanente y constante dedicación de promover en todos los niveles educativos el mejoramiento del sistema de docencia de la lengua española; y que se establezcan o funden escuelas de locución radial y televisiva, con los conocimientos culturales adecuados. Es bochornoso oír decir: “fueron absolvidos los reos”, “el erario público”, “cuando nos váyamos”, “en cuanto háyamos venido”, etc., etc. Da vergüenza leer las cartas y escritos presentados en las oficinas administrativas y algunos introducidos en los tribunales de justicia. ¡Qué redacción, Dios mío! La responsabilidad recae sobre el Ministerio de Educación.
Conforme el Decreto Legislativo de otorgamiento de la personalidad jurídica de la Academia Nicaragüense de la Lengua (La Gaceta, Diario Oficial No. 2, del 3 de enero de 1930), esta docta Corporación tendrá el carácter de Cuerpo Consultivo del Gobierno para todo lo relativo a la conservación y perfeccionamiento de la lengua nacional, así como para el fomento de la literatura.
La Academia Nicaragüense nunca, que yo sepa, ha sido tomada en cuenta para tales menesteres; a duras penas, cuando se convoca a algún concurso literario, se ha nombrado un miembro académico como jurado.
¡Atención! ¡Alerta!: que se supere la enseñanza del español. Se requieren nuevos y mejores programas, más actividad, concursos de lectura, redacción, ortografía y de conjugación de verbos. Que los profesores de español trabajen a cabalidad, conscientes de su grave responsabilidad. 
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