Teatro de lo nuevo a lo viejo
César Paz
Alguien por ahí que se decía ser “un director de teatro”, un día, se sentó frente a un escritorio a escribir sobre una obra de teatro que nunca nadie habría puesto en escena, que no estuviera contaminada de ningún tipo de influencia, sobre algo que nunca nadie ni siquiera hubiera imaginado. De ese Director nadie nunca supo nada, posiblemente siga esperando encontrar esa luz.
La dialéctica nos enseña que: “Todo lo nuevo viene de lo viejo”, todo obedece a procesos, nada es estático, Heráclito dice: “Todo fluye”. Si el estilo es el artista (según Goethe) ¿Por qué no pensar que las ideas creativas también se pueden renovar, igual que se transforma la materia, o el alma que también cambia, como la conciencia, las ideas, aunque el hombre siga siendo el mismo físicamente (que es relativo).
Romeo y Julieta se ha puesto en escena tantas veces, como cuantas veces se dice que la situación político social de este país es dura, y cada cual asume una actitud creativa frente a la situación que enfrenta.
Actualmente, no existe el arte puro, intacto, de otra forma el artista plástico seguiría dibujando toscamente las formas del bisonte sobre las paredes de una cueva con tierra colorada, o en el caso del teatro, seguiríamos repitiendo el Ditirambo (Culto en honor a Dionisos).
Sin embargo, desde el origen del teatro algo existe de él (público, actores, escenario, texto o parlamentos).
En este país, hay quienes critican el teatro actual y sobre todo el teatro que busca no silenciarse, el que se resiste a ser opacado por la ignorancia, el abandono y el desinterés de quienes nos gobiernan y de los que están a cargo de la educación y la cultura.
Lo peor, ni los uno, ni los otros, asisten a las pocas salas a presenciar una puesta en escena, aunque los inviten. Luego aparecen vertiendo criterios por deducción, comentarios o por analfabetismo artístico.
Señores, no crean que renovar el teatro es hacerlo sólo artísticamente, para ello hay que luchar contra la realidad sociocultural que enfrentan los artistas. Hay que demandar políticas que permitan seguir renovándolo.
De otra manera vamos a seguir haciendo el mismo teatro de inicios del siglo pasado o el que hacen aquellos que sólo le cambian el nombre a las obras u otros que se dicen renovadores y siguen reproduciendo los mismos modelos de una década determinada, aún creyendo que con haber negado las enseñanzas del maestro no han sido capaces de proponer ajustes en sus puestas en escena y se quedaron en el rinconcito geográfico de sus recuerdos.
Después de todo, el tiempo pasa, y esperando a que llegue la oportunidad para demostrar lo nuevo, te volvés viejo y sólo te queda, envidiar o criticar a los jóvenes que están haciendo teatro y que también van a volverse viejos, pero con una gran diferencia en su experiencia: la práctica. 
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