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DOMINGO 1 DE DICIEMBRE DEL 2002 / EDICION No. 22929 / ACTUALIZADA 02:30 am
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La Solemnidad de la Inmaculada Concepción

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.María fue dotada a la medida de su misión de ser Madre de Dios. A lo largo de los siglos, la Iglesia ha tomado conciencia de que María “llena de Gracia” por Dios había sido redimida desde su concepción
.La Concepción Inmaculada de María fue solemnemente declarada como verdad de fe definida, por el papa Pío IX, el 8 de diciembre de 1854

 

Los primeros indicios de esta fiesta hay que buscarlos en Oriente durante los siglos VII u VIII. En Occidente aparece en la Italia meridional, en la región habitada por los bizantinos. La celebración tardó en difundirse, a causa principalmente de la lenta penetración de la teología en este misterio mariano de la preservación de María de toda mancha de pecado original.

En Roma entró en el calendario litúrgico en 1476. La fecha elegida está en relación con el 8 de septiembre, la fiesta de la Natividad de la Virgen, más antigua. Entre la Inmaculada Concepción y la Natividad se da, por tanto, la misma dependencia que entre la Anunciación del Señor y la Navidad.

La Concepción Inmaculada de María fue solemnemente declarada como verdad de fe definida por el papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854. Veinticinco años después, el papa León XIII elevó la fiesta a la máxima categoría litúrgica.

El misterio de la Concepción Inmaculada de María por un singular privilegio, en previsión de los méritos de Cristo, nos lleva a todos los bautizados a contemplar el amor de Dios Padre, siempre dispuesto a extender a todos los hombres las maravillas de la salvación.

PURÍSIMA HABÍA DE SER

María, “preservada de todo pecado” para constituir una “digna morada para el Hijo de Dios” es la representación más acabada de la Iglesia: “Porque preservaste a la Virgen María de toda mancha de pecado original, para que en la plenitud de la gracia fuese digna madre de tu Hijo y comienzo e imagen de la Iglesia, esposa de Cristo, llena de juventud y de limpia hermosura. Purísima había de ser, Señor, la Virgen que nos diera el Cordero inocente que quita el pecado del mundo. Purísima a la que, entre los hombres, es abogada de gracia, y ejemplo de santidad” (Prefacio de la Eucaristía de la Inmaculada Concepción)

La solemnidad de la Inmaculada, al caer dentro del tiempo de Adviento, se convierte en un motivo de esperanza para toda la Iglesia cuando se prepara para recibir al que viene a “bendecirnos con toda clase de bienes espirituales y celestiales” (Ef 1,3-6.11-12). Y en efecto, María, “llena de gracia”, como la llama el ángel (Lc 1, 26-38), nos recuerda que Dios también “nos eligió a nosotros en la persona de Cristo para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor”.

LA INMACULADA CONCEPCIÓN ES UN DOGMA DE FE

La Eucaristía de esta fiesta, “reparando en nosotros los efectos del primer pecado, del que fue preservada de modo singular la Inmaculada Virgen María” (poscomunión) permite a los fieles “llegar a Dios limpios de todas las culpas”.

De este modo, los fieles que viven con la liturgia el espíritu del Adviento, al considerar el inefable amor con que la Virgen madre esperó al Hijo, se sentirán animados a prepararse, vigilantes en la oración y cantando su alabanza.

La Inmaculada Concepción de María es dogma de Fe: María fue concebida sin mancha de pecado original. Y María, siendo libre, nunca optó por nada que la manchara o que la hiciera perder la gracia recibida.

María fue dotada a la medida de su misión de ser madre de Dios. A lo largo de los siglos, la Iglesia ha tomado conciencia de que María “llena de Gracia” por Dios había sido redimida desde su concepción. El 8 de diciembre de 1854 el papa Pío IX definía como dogma de Fe el gran privilegio de la Virgen:

“La doctrina que enseña que la bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de pecado original en el primer instante de su concepción por su singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo, salvador del género humano, es revelada por Dios, y por lo mismo debe creerse firme y constantemente por todos los fieles”.

Desde las primeras formulaciones de la Fe la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo. La iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios. (Tomado de: www.iglesia.org, www.conferenciaepiscopal.es, www.corazones.org )  
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