Correo
Portada Impresa
    La Prensa    
Archivo
Busqueda
SáBADO 31 DE AGOSTO DEL 2002 / EDICION No. 22837 / ACTUALIZADA 02:00 am
PORTADA
POLITICA
ECONOMIA
NACIONALES
REGIONALES
EDITORIAL
DEPORTES
SUCESOS
EL MUNDO
OPINION
REVISTA
SUPLEMENTOS
OBITUARIOS
CARTAS AL DIRECTOR

CLASIFICADOS
SUSCRÍBASE


   
La nueva batalla de don Enrique

Foto  

 

Mario Alfaro Alvarado

Funcionó una vez más el pacto libero-sandinista. Los arnoldistas por complacer a su caudillo y los sandinistas porque no pueden resistir el atractivo que en ellos ejerce el populismo, aprobaron con abundantes votos las reformas a la Ley de Ampliación de la Base Tributaria enviada por el Ejecutivo a la Asamblea, requisito necesario para negociar con el Fondo Monetario y el Banco Mundial la adquisición de dinero fresco.

El presidente Bolaños apeló a la comprensión del pueblo para que aceptara como un sacrificio las reformas tributarias, en el entendido que serían temporales, porque ya habrá tiempo para reducir impuestos; pues tal como él lo ha prometido, la finalidad de su gobierno es construirle una “vida digna” a cada nicaragüense.

Las reformas propuestas por el Ejecutivo, adolecía de un defecto significativo, como es la imposibilidad de mejorar las recaudaciones, dado el desorden y la ineficiencia del sistema de recaudaciones fiscales heredado del arnoldismo.

Alemán sabía bien que el gobierno de Bolaños recurriría a la Asamblea, como lo hizo, en demanda de colaboración para sacar a Nicaragua del estancamiento angustioso en que quedó la economía del país, y se propuso, desde su curul regalada, bloquear al Ejecutivo para impedir todo arreglo con los organismos financieros internacionales.

La intención era bien clara: hacer fracasar al gobierno de Bolaños, en medio de una creciente ola de agitación y protesta de parte de los desocupados acosados por el hambre. Pero el juego satánico. Más que contra Bolaños, contra el pueblo nicaragüense, no logró su cometido y como contrapartida, desde el miércoles catorce quedaron bien definidos los campos de acción de los Poderes Ejecutivo y Legislativo.

El Ejecutivo ganó prestigio ante los órganos internacionales de crédito, por los esfuerzos realizados; y en la misma medida en el Legislativo descendió más su prestigio por estar sometido a un caudillo antipopular.

El populismo de liberales y sandinistas no mejorará las condiciones de vida de la población y tampoco impedirá un arreglo con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Al final y pronto, los populistas perderán la batalla que ganaron el catorce de agosto.

Obviado el escollo populista y con las negociaciones en marcha para obtener créditos para la reactivación económica, don Enrique Podrá, con el apoyo decidido del pueblo, dar inicio a su nueva batalla; investigar a cada uno de los diputados hermanados con Arnoldo Alemán, para después someter a la Asamblea Nacional a una operación profiláctica para acabar con todos los corruptos que, con su jefe máximo, se han ido a refugiar en ella.

El autor es periodista.  
.


---
   
Otros Artículos

En busca de Salomón

Nubes y claros en el delito de lavado de dinero

La nueva batalla de don Enrique

Mala tos le siento al gato

Rostros de la semana