La nueva batalla de don Enrique
Mario Alfaro Alvarado
Funcionó una vez más el pacto libero-sandinista. Los arnoldistas por complacer a su caudillo y los sandinistas porque no pueden resistir el atractivo que en ellos ejerce el populismo, aprobaron con abundantes votos las reformas a la Ley de Ampliación de la Base Tributaria enviada por el Ejecutivo a la Asamblea, requisito necesario para negociar con el Fondo Monetario y el Banco Mundial la adquisición de dinero fresco.
El presidente Bolaños apeló a la comprensión del pueblo para que aceptara como un sacrificio las reformas tributarias, en el entendido que serían temporales, porque ya habrá tiempo para reducir impuestos; pues tal como él lo ha prometido, la finalidad de su gobierno es construirle una “vida digna” a cada nicaragüense.
Las reformas propuestas por el Ejecutivo, adolecía de un defecto significativo, como es la imposibilidad de mejorar las recaudaciones, dado el desorden y la ineficiencia del sistema de recaudaciones fiscales heredado del arnoldismo.
Alemán sabía bien que el gobierno de Bolaños recurriría a la Asamblea, como lo hizo, en demanda de colaboración para sacar a Nicaragua del estancamiento angustioso en que quedó la economía del país, y se propuso, desde su curul regalada, bloquear al Ejecutivo para impedir todo arreglo con los organismos financieros internacionales.
La intención era bien clara: hacer fracasar al gobierno de Bolaños, en medio de una creciente ola de agitación y protesta de parte de los desocupados acosados por el hambre. Pero el juego satánico. Más que contra Bolaños, contra el pueblo nicaragüense, no logró su cometido y como contrapartida, desde el miércoles catorce quedaron bien definidos los campos de acción de los Poderes Ejecutivo y Legislativo.
El Ejecutivo ganó prestigio ante los órganos internacionales de crédito, por los esfuerzos realizados; y en la misma medida en el Legislativo descendió más su prestigio por estar sometido a un caudillo antipopular.
El populismo de liberales y sandinistas no mejorará las condiciones de vida de la población y tampoco impedirá un arreglo con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Al final y pronto, los populistas perderán la batalla que ganaron el catorce de agosto.
Obviado el escollo populista y con las negociaciones en marcha para obtener créditos para la reactivación económica, don Enrique Podrá, con el apoyo decidido del pueblo, dar inicio a su nueva batalla; investigar a cada uno de los diputados hermanados con Arnoldo Alemán, para después someter a la Asamblea Nacional a una operación profiláctica para acabar con todos los corruptos que, con su jefe máximo, se han ido a refugiar en ella.
El autor es periodista. 
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