En busca de Salomón
Joana D’Balcázar politics2see@hotmail.com
Uno de los conflictos internacionales más complejos es el palestino-israelí.
Irónicamente, la Tierra Santa se ha convertido en la tierra de la discordia. Sin embargo, desde la partición de Palestina en 1947, aprobada por la resolución 181 de las Naciones Unidas, la paz estuvo cercana en dos ocasiones. ¿Quién será el Salomón moderno que logre reconciliar a judíos y palestinos? ¿Serán los Estados Unidos, la Unión Europea, las Naciones Unidas, los países árabes, o una entidad religiosa?
Primeramente entendamos el concepto del “proceso de paz”. Es la conducción de negociaciones a través de un mediador cuyo objetivo es conseguir la convivencia y la seguridad de ambas partes. El problema es qué hacer cuando una de las partes rechaza dos veces lo que viene pidiendo, entiéndase, la creación de un estado y convivir con el otro en armonía.
La primera oportunidad para establecer la paz fue en 1947 cuando Gran Bretaña dejó el Mandato de Palestina. Las Naciones Unidas aprobaron la partición de Palestina con la resolución 181 del 29 de noviembre de 1947. La partición consistía en un estado israelita y otro estado palestino que incluía los territorios de Cisjordania y Gaza, dejando a Jerusalén como zona internacional.
El primer error político de los árabes-palestinos fue rechazar la partición que hubiese creado el estado palestino que actualmente desean. Sin embargo, los israelitas aceptaron la partición. Jerusalén quedó dividida después de la guerra de la independencia. Las tropas israelíes controlaban la región oeste mientras que la Legión Árabe Jordana la zona este, además de expulsar a los judíos de la Ciudad Antigua. La negación de los árabes-palestinos originó en la región 55 años de violencia.
La segunda oportunidad de alcanzar la paz fue en julio del 2000 durante las negociaciones de Campo David con el ex-primer ministro israelí Ehud Barak, el ex-presidente Bill Clinton y el líder de la Autoridad Palestina Yaser Arafat. Éste cometió el segundo error político al rechazar lo que difícilmente otro dignatario israelita pueda ofrecer.
Según Dennis B. Ross, líder en las negociaciones, la oferta incluía 97 por ciento de la Franja Occidental, Gaza, el Este de Jerusalén como capital, y el regreso de los refugiados al estado palestino. La paz se hubiese logrado sólo con verdaderas intenciones de resolver el conflicto. Por ejemplo, Israel y Egipto firmaron el tratado de paz en 1979 mientras que Israel y Jordania en 1994. Esto confirma que la política palestina de las bombas homicidas y la política del contraataque del gobierno israelí para contrarrestar el terrorismo son contraproducentes. Lo práctico sería sustituir la política del terrorismo y los enfrentamientos por el diálogo.
El problema es que judíos y palestinos reclaman Jerusalén como su capital irrenunciable. Los palestinos la llaman Al Quds, pero el Corán jamás la menciona como su capital, tampoco ha sido capital de ningún país árabe o entidad musulmana. Aún cuando Jordania estuvo a cargo de Jerusalén, nunca la sugirieron como capital y tampoco los líderes árabes la visitaron. La Biblia menciona a Jerusalén como capital del pueblo judío desde que el Rey David la fundó hace más de 3,300 años.
Por otro lado, los judíos rezan en dirección a Jerusalén, mientras que los musulmanes rezan en dirección a la Meca. ¿Entonces qué nación se identifica con Jerusalén? El Salomón moderno tendrá la difícil decisión de solucionar la disputa de Jerusalén. ¿Como reaccionarían los musulmanes si los judíos quisieran dividir la Meca? Pero no nos equivoquemos, el proceso de paz no sólo trata de Jerusalén sino también los asuntos del agua, fronteras, etc.
Las negociaciones son inútiles cuando se mezcla la diplomacia con la fuerza, la violencia y el terrorismo. La Autoridad Palestina ha sido incapaz de parar el terrorismo. Irónicamente, las Brigadas Mártires de Al-Aqsa ligadas al movimiento Al-Fatah de Arafat han tomado responsabilidad por recientes bombas homicidas.
Lamentablemente, las víctimas son vistas como terroristas y los terroristas como víctimas. ¿Entonces la Autoridad Palestina al permitir el terrorismo aboga por la destrucción de Israel?
En síntesis, las piezas del ajedrez no son movidas ni por Bush, ni por Sharon, ni por las Naciones Unidas, más bien son movidas por los grupos extremistas musulmanes como Hezbolá y Hamas. Su objetivo es destruir a Israel y crear un estado árabe-palestino bajo las leyes del Islam, no del Occidente. Los terroristas no aceptan la paz patrocinada por el Occidente. Mientras tanto la comunidad internacional continúa de espectadores sin poder establecer un proceso de paz efectivo.
Mientras que Arafat niegue el proceso de paz con los hechos, la paz será solamente una ilusión. La solución sería la aprobación de la resolución 4693 (The Arafat Accountability Act) co-auspiciada por el congresista Brad Sherman, que castigaría a Arafat por apoyar y patrocinar el terrorismo. La paz no es sólo una cuestión regional sino global. ¿Podrá el mundo esperar al Salomón moderno otros 55 años para que traiga la paz al conflicto palestino-israelí? ¿Usted qué dice?
La autora es Analista Política, especialista en la crisis del Medio Oriente y la Unión Europea. 
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