Blanco y negro
Mala tos le siento al gato
Eduardo Enríquez eduardo.enriquez@laprensa.com.ni
Quiero estar equivocado, pero a mí ese fallo que está preparando la juez Juana Méndez me parece que en lugar de aclarar las cosas más bien las va a enredar.
No voy a cuestionar la calidad profesional de la juez o decir que su filiación política pesará sobre su decisión final porque ella podría estar dibujando líneas curvas para sacar rectas, pero hay varios hechos que me hacen temer lo peor.
En condiciones normales, el proceso judicial debería ir poniendo en claro las acusaciones de la Procuraduría. O sea, si es cierto que el dinero salió del Estado, si pasó a empresas relacionadas con los acusados, si después con esos mismos fondos alimentaron la cuenta de la Fundación Democrática Nicaragüense para luego usar esa plata en beneficio personal de los acusados.
Pero hasta hoy no ha sido así. El primer hecho confuso es el rumbo que ha tomado el juicio. La juez hizo a un lado la acusación de la Procuraduría y se dedicó a investigar la denuncia que hizo el reo Byron Jerez sobre el pago ilegal de estipendios en efectivo a los funcionarios de Arnoldo Alemán —pago que la mayoría no se preocupaba por preguntar si ya iba rebanado por los impuestos correspondientes—.
Es cierto que eso es ilegal y que se debe iniciar un proceso, pero habría que hacerlo aparte, pues la magnitud del juicio principal no permite distracciones y además, esa práctica es tan ilegal hoy como cuando se hacía en tiempos de doña Violeta o en tiempos de los sandinistas. ¿O es que esos nuevos abanderados de la lucha anticorrupción pretenden hacernos creer que vivían como vivían con un cheque fiscal de 10 mil córdobas?
El otro hecho preocupante va en la misma línea. Si la juez se ha mostrado tan beligerante en investigar los estipendios, ¿por qué no ha llamado como testigo al hombre que autorizó la operación y que recibía la mayor tajada, o sea, el propio Arnoldo Alemán?
Lo tercero, son unas declaraciones que escuché el jueves por la noche, en no sé qué noticiero, de boca del secretario en rebeldía de la Asamblea Nacional, René Herrera.
Sin bajarse de su camionetona, una feísima maña que han agarrado algunos entrevistables de este país, Herrera dijo que el Ejecutivo no sabía en lo que se había metido, porque el 12 de septiembre la directiva discutirá el desafuero de Alemán, pero también de muchos más.
Herrera, quien junto a otros cinco directivos de la Asamblea Nacional ha desoído solicitudes judiciales y mandatos del Tribunal de Apelaciones para iniciar el proceso de desaforación del presidente de la Asamblea, anunció con sus declaraciones una ampliación de “la estrategia del lodo” que hasta ahora han manejado los liberales. Dejó entrever que si Alemán pierde su inmunidad, también la van a perder funcionarios del Ejecutivo y amenazó: “esto puede llegar hasta al propio presidente Bolaños”.
Esto último puede ser una bravuconada del diputado Herrera, pero sumado a los otros dos hechos no deja de abrir la posibilidad de que al final los acusadores terminen en el banquillo de los acusados.
Claro, si la juez da el ilógico paso de procesar a quienes recibieron los estipendios y deja libre a quien los autorizaba y entregaba, porque la lógica jamás ha detenido a nuestros políticos. “Mala tos le siento al gato”, diría el propio Alemán. 
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