Saddam inicia preparativos
AFP, AP
BAGDAD.- El presidente iraquí Saddam Hussein examinó este jueves con responsables militares los medios para enfrentar un eventual ataque estadounidense contra su país y, al mismo tiempo, su gobierno pidió a los países árabes revisar sus relaciones con Washington para que renuncien a planes, a los que calificó de “complot”.
El jefe de Estado iraquí se reunió con el ministro de Industria Militar, Abdel Tawab Mulla Howeich, con el comandante de la defensa antiaérea, general Mozahem Saab Al Hassan, y con varios investigadores del organismo de la industria militar, con quienes discutió el eventual ataque militar norteamericano contra Iraq.
Saddam Hussein elogió los esfuerzos de los participantes de la reunión “para preparar una base sólida sobre la cual el pueblo y el ejército desafiarán a los malvados y los derrotarán”.
Por su parte, Howeish afirmó que el personal de su ministerio estaba determinado a “abastecer los medios de resistencia y reforzar nuestras fuerzas armadas y nuestro pueblo para que puedan defender a Iraq (...) y hacer fracasar los complots viciosos de los enemigos”.
Este jueves, Iraq llamó a los países árabes a revisar sus relaciones con Washington para que renuncien a su “complot” contra Bagdad y a sus intentos de derrocar al régimen de Saddam Hussein.
“Los países árabes deben analizar las consecuencias de ese complot y actuaren consecuencia, reconsiderando sus relaciones con la administración estadounidense”, escribió el diario As Saura, órgano del partido Baas en el poder en Bagdad.
“Estados Unidos no es un lobo feroz terrorífico, y aún si posee la potencia militar para aterrorizar a los pueblos del mundo entero, no podrá vencer a un pueblo que cree en sus derechos, sus riquezas y sus capacidades”, agregó el diario.
“Es tiempo de superar las divergencias árabes y reforzar la solidaridad”.
Sin embargo, el vicepresidente iraquí, Taha Yassin Ramadán, dijo en Siria que las negociaciones podrían evitar un posible ataque de Estados Unidos a Iraq, según una agencia noticiosa local.
La agencia noticiosa oficial de Siria dijo que Ramadán declaró el miércoles en la noche, durante una visita a la ciudad siria de Homs, que “hay todavía una posibilidad de una solución diplomática con Estados Unidos para evitar una guerra”.
Por otro lado, el jefe de Relaciones Exteriores iraquí, Naji Sabri, finalizó su visita en China. Durante la misma, Pekín aseguró estar en contra de toda acción militar estadounidense contra Iraq.
En Londres, su homólogo británico, Jack Straw, señaló que su país podría proponer a Estados Unidos lanzar un ultimátum a Saddam Hussein, para que éste acepte el retorno de inspectores en desarme de la ONU.
ALIADOS DE EE. UU. EN DESACUERDO
Un eventual ataque estadounidense contra Iraq tendría “repercusiones muy negativas en el mundo islámico”, declaró el jueves el presidente paquistaní Pervez Musharraf en entrevista a la BBC (radio).
El gobierno paquistaní apoya aún la guerra contra el terrorismo emprendida por el presidente estadounidense George W. Bush, dijo Musharraf.
Pero, “tenemos ya demasiado que hacer en esta región para implicarnos en otra cosa”, indicó Musharraf.
El presidente francés, Jacques Chirac, condenó ayer en París cualquier eventual acción militar “unilateral o preventiva” de Estados Unidos contra Iraq, afirmando que esa decisión pertenece al Consejo de Seguridad de la ONU en caso de que Bagdad rechace el regreso, “sin condiciones”, de los inspectores de desarme. Alemania también ha expresado su postura negativa ante una acción militar de este tipo.
Turquía, un miembro de la OTAN que apoyó incondicionalmente a Estados Unidos en multitud de ocasiones y que alberga bases militares norteamericanas en su territorio, tiene profundas dudas sobre una posible ofensiva norteamericana contra Iraq.
En lugar de una expedición punitiva, Ankara es partidaria de endurecer las sanciones económicas, por temor a que pueda surgir un estado kurdo en Iraq si el presidente George W. Bush utiliza la fuerza para eliminar el régimen de Saddam Hussein.
A la reticencia de Turquía se suman Egipto y Arabia Saudí, lo que resalta las dificultades que encara Bush para formar una coalición aliada o, en su defecto, obtener la aprobación de terceros países. 
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