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VIERNES 30 DE AGOSTO DEL 2002 / EDICION No. 22836 / ACTUALIZADA 02:00 am
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Faldas cortas en Fiestas Patrias

La disposición del ministro de Educación, Silvio De Franco, de prohibir que en los desfiles estudiantiles de las Fiestas Patrias de septiembre las muchachas de la gimnasia rítmica usen “vestidos indecentes (...) que se presten a morbosidades... (que) lo que hacen es incrementar el machismo y ver a las mujeres como un objeto sexual”, fue cuestionada por diversos sectores de la sociedad por considerarla como una actitud mojigata y anacrónica.

Dicha disposición ministerial también fue criticada por los estudiantes, inclusive por muchachas que participan en la gimnasia rítmica de los desfiles septembrinos, quienes están acostumbradas a lucirse con faldas cortas que resaltan sus atractivos físicos (pues esto se viene haciendo desde principios de los años setenta del siglo veinte), pero que, según el ministro De Franco, “exponen a nuestras jóvenes a la vulgaridad y al morbo”.

Sin duda que esta decisión del ministro De Franco responde a los sentimientos de una cantidad grande de nicaragüenses, sobre todo padres y madres de familia que sienten una inmensa preocupación por el deterioro o pérdida de los valores éticos en la sociedad; y que consideran que la presentación pública de muchachas vestidas con escasas ropas contribuye a agravar ese problema, porque supuestamente provoca la lascivia de los varones, inclusive de funcionarios gubernamentales, que asisten a los desfiles de las Fiestas Patrias no por devoción cívica sino para entretenerse con un espectáculo de belleza juvenil y, según el ministro De Franco, de sensualidad femenina.

En este sentido es legítima la preocupación del ministro De Franco, de que las Fiestas Patrias de la Independencia Nacional y la Batalla de San Jacinto se celebren con solemnidad y sirvan para cultivar y fortalecer la conciencia democrática y el comportamiento cívico de la juventud y de todo el pueblo nicaragüense. Lo cual no significa que se deba suprimir la celebración propiamente festiva de los desfiles y presentaciones de gimnasia rítmica, en las que los estudiantes demuestran su talento artístico y las muchachas también exhiben sus mejores galas y enseñan la sana hermosura de sus jóvenes anatomías.

En realidad, el moralismo del Ministro de Educación no es muy distinto de los argumentos que las feministas plantean contra el uso de imágenes femeninas en la publicidad comercial, inclusive contra los llamados concursos sentimentales como Miss Universo, Miss Mundo, Miss Nicaragua, etc., porque según ellas es degradante para la mujer que se le valore por la belleza de su cuerpo y se le admire por sus encantos anatómicos, y no por sus dotes intelectuales, su valor espiritual y su capacidad laboral.

Las dos preocupaciones son legítimas, pero si son llevadas al extremo de manera inevitable terminan discriminando y humillando a la misma mujer que pretenden defender. Además, en el caso de la prohibición del ministro de Franco del uso de faldas excesivamente cortas en los desfiles de las Fiestas Patrias, al parecer hay un temor exagerado, porque en términos generales las muchachas que participan en la gimnasia rítmica visten ropas vistosas y cómodas, pero apropiadas, y tal vez por excepción es que hay algunas que se salen de lo común y escandalizan a ciertas personas.

En todo caso, aunque sea legítima y oportuna la preocupación del ministro De Franco por fortalecer la moralidad estudiantil, su decisión de prohibir la microvestimenta femenina en los desfiles de las Fiestas Patrias debió haberla consultado previamente con la sociedad, a fin de motivar y recibir el apoyo de la ciudadanía. Siempre, tratar de imponer emociones patrióticas y comportamientos éticos por decreto crea a menudo el efecto contrario. El Ministro debió considerar que la gente tiende a rechazar todo lo que venga del Gobierno, sobre todo si lo percibe como una determinación vertical y autoritaria.

A nuestro juicio, lo que debería hacer el MECD es alentar a las diversas entidades civiles que trabajan en el auspicio de la educación pública, a los padres de familia y a las organizaciones magisteriales, para que sean éstas las que promuevan los valores éticos y la sobriedad en el comportamiento y la presentación estudiantil, tanto en los colegios como en los desfiles cívicos. Así esas medidas emanarían de abajo hacia arriba y sería más factible atraer la comprensión y el respaldo de la sociedad.  
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